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Gracias.

A las personas que te aguantan al teléfono preocupadas cuando preguntan "¿qué tal?" y te callas intentando no llorar sin conseguirlo. A las que intentan tranquilizarte, simplemente con la voz, con "te quieros" o con yogures helados. Las personas que te dicen que todo tiene solución, que te llenan de aire fresco la mente y te despejan. Que te hacen reír. Y con eso a mí hoy me vale. A los que llevan en su nombre la palabra RI - SA . Gracias.

Llegaron. Estuvieron. Se fueron.

A veces parece que la vida se basa en eso. Personas que entran y salen de ella, dejando más o menos marca. Pero lo piensas un poco despacio, y es cuando empieza a doler. Primero, en esa gente que estaba, que decía que nunca se iba a ir, que firmaba con "para siempre". Y su siempre llegó. Cogieron el autobús de ida a otras vidas, pero se les olvidó el de vuelta. Luego piensas en los que se están yendo ahora. Tal vez ni ellos mismos se den cuenta, pero cada vez se alejan más. Y es como una agonía, porque tampoco sabes qué hacer para evitarlo. Por último están los que están. Los que aparentemente no tienen motivos para irse pero... sabes que lo harán, que es cuestión de tiempo, y sólo quieres encerrar ese tiempo para que no se vayan nunca. Repasas tu vida mentalmente y echas de menos, de repente, a los que ya se han ido, a los que se están yendo y a los que se van a ir (qué ganitas de llorar). Y todo parece un claro adelanto  y un recuerdo de abriles pasados y por venir. No os ...

Tú.

Tú, con tus ojos verdes, con tu mirada. Tú, con tus manos, tu piel, tus caricias, tus abrazos. Tú, con tu boca, con tus besos. Tú, contigo. Tú, con cada día, cada noche. Tú con cada segundo que me regalas. Tú con cada kilómetro de distancia, con nuestra facilidad para hacerlos desaparecer. Tú, con cada hoja de árbol, flor o brizna de césped del Retiro. Tú, con cada rosa de La Rosaleda. Tú. Y tú. Y más tú. Tres veces tú. Tú, te quiero.

Que, sobre todo, se quieren.

Labios. Que se miran, se desean, se esperan. Se buscan, se encuentran, se acarician, se abrazan, se quieren, se descubren, se enamoran, se reenamoran, se adoran, se aman. Se besan. Se echaban de menos, se tienen. Se dicen que se quieren, que se aman y que se adoran. Se paran mutuamente los relojes, se paran el tiempo. y vuelven a besarse, como si fuese la primera vez, como si oliese a rosas. 

Tu voz.

Ella, acompañada de algún beso, algún abrazo, algún roce, alguna mirada o alguna sonrisa, pero ella. Ella es la que me asegura lo mucho que me quieres. Ella, tu voz, aunque ni si quiera estés hablando, es la que me repite "te quiero", "te quiero", "te quiero". Y yo le contesto que yo también, yo también, yo también. Es tu voz, aunque no digas nada. La voz de tu respiración. La voz silenciosa de saber que estás al otro lado del teléfono. Ella y tú me decís que me quieres. Y mi voz y yo os respondemos, yo también te quiero.

Maldito bendito momento.

Maldito momento en que las ganas cogen y se van sin dejar una nota avisando de cuándo pueden volver. El momento en que el nosequé gana la partida a todo lo que sé. Maldito ese momento. Y bendito también, porque cuando yo no tengo ganas de estar, llegas tú, aunque nadie más te vea. Te sientas a mi lado y me abrazas, suave. Me dices que no es nada. Lo niego. Insistes, con un beso. Abro lo ojos, me aprietas la mano fuerte y te vas. Pero las ganas han vuelto, tal vez no todas, pero las ganas han vuelto contigo. 

Escribir.

Ójala se acabaran los folios en blanco. Que todo el papel del mundo estuviera rasgado por los surcos de la tinta. Surcos por los que corren vidas. Corren sueños, alegrías, lágrimas amores y desamores. Corren ganas de vivir, de dejarlo todo, de terminar historias y empezar historias nuevas. Los cuadernos no serían cuadernos, serían cada risa, cada respiración de quién lo ha dejado ahí escrito. Serían mini-cuentos. Unos terminarían bien, otros mal. También serían trozos de papel llenos de planes, de personas, de sentimientos. De pasados recordados y futuros imaginados. De presentes. Por el momento, yo mis folios de presentes y futuros los voy llenando con muchos tús y muchos yos, con muchísimos nosotros.