Retroceder.
Puede pasar, puedes volver atrás. He vuelto atrás. He vuelto a bailar con los pies descalzos encima de botellas de cristal rotas y se me ha vuelto a escapar la sangre entre jirones de piel. He puesto a cero el contador de días sin accidentes. Me acaricia el pelo esa sensación, aquella vieja conocida que nunca podría traerme nada nuevo. De repente soy una niña de cinco años que no quiere ir mañana al cole. Me escondo de la tormenta detrás de una canción, que es donde más llueve. La siento refugio porque ella sabe de qué va la historia. Habla de escapar, y yo no quiero estar aquí. No me queda energía para más que dar un paso más por inercia todos los días. No me queda energía para tener ganas, ni para entender por qué todas las cosas se han dado la vuelta. Sólo quiero cerrar los ojos y que pase el tiempo, que todo se ponga en el sitio en el que se supone que debe estar y ya yo veré qué hago. He rebobinado hasta un puente colgante sin barandill...