Una vez por semana.
De cada siete noches, una te cuelas en mis sueños. No fallas. Me despierto con una inquietud que me atonta y no sé reaccionar. No sé si estoy bien o mal, pero sí que te echo de menos. Y después, con el sol brillando fuerte, sueño despierta, pero no contigo. Me vendo las heridas con un pañuelo que ni cura ni existe, pero calma. Y te prometo que con eso de momento me vale. En realidad me da miedo el calendario. Me da miedo porque los días pasan y se acerca el día en que pasó todo, o dejó de pasar. El día que amaneció esperanzado . Ojalá estos sueños que sueño despierta fueran un poco más reales. Ojalá este pañuelo que me calma fuera más de verdad, ojalá pudiera aferrarme a él. No te he contado que un día me atreví a ser valiente. Un poquito sólo, casi nada. Y es que, en serio, ojalá fuera todo más posible, porque por una vez tengo ganas de avanzar, porque el paisaje desolador empieza a cansarme.