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Entre los huesos y el alma.

Preferiría compartir sábanas contigo y no con estas pesadillas que hacen del apagar la luz cada noche la crónica de mi muerte anunciada. Que si se me acelera el pulso fuera porque me besas en noséqué punto exacto y no porque parezca que llevo  un corsé de acero que hace que el corazón me lata fuerte porque quiere romperlo. Y, de paso, mis costillas. La poesía es esa con la que te encuentras en una habitación sin luz y no sabes si va a hacer el amor contigo o si te va a atravesar el pecho de un balazo. Tengo la sangre llena de cristales y alfileres en el miocardio que ahoga un grito  a cada latido. Quiero que vengas a unir a besos los puntos de mi cuerpo que son mis lunares con la impaciencia del niño  ansioso por descubrir el dibujo que aparece y con el miedo de quien sabe que igual, lo que sale, es la cara del monstruo que me come por dentro. Si pongo muchas ganas llego a escuchar de lejos una nana que trata de dormir este dragón que ...

Querida Yo del espejo.

Hace poco leí que Sara Búho decía que somos de quien vemos cuando nos miramos al espejo .  A mí, desde el espejo me mira una chica delgada, castaña y de ojos claros, cambiante como un maldito huracán. A veces le brillan en los iris azules estrellas fugaces, a veces de la boca se le escapa una sonrisa pintada de rojo y cree que puede salir ahí fuera a comerse el mundo. O mejor aún, que ya lo lleva dentro.  Pero otras veces... Otras veces el espejo se rompe y se nos clava. Cada uno de los trozos de cristal roto nos atraviesa la piel y nos rompe. Nos hace jirones la vida. Porque no somos lo suficiente, da igual qué. Lo suficientemente alto, lo suficientemente bajo, lo suficientemente delgado, lo suficientemente gordo, lo suficientemente moreno, lo suficientemente blanco. Los peores cristales los llevamos dentro, no necesitamos que un espejo nos los eche en cara. Nunca llegamos demasiado lejos, nunca damos lo que habríamos podido, nunca somos demasiado brillante...

Chin, chin, dieciséis.

Nunca he creído en las supersticiones que hablan de mala suerte, nunca he creído que existan días que son puntos de partida, y nunca he creído en empezar de cero. La vida es una imparable sucesión de segundos, y, en realidad, no entiende de diciembres y eneros. Sin embargo, nunca he podido evitar caer en la tentación del balance de fin de año y de los deseos para el que empieza.  Y tampoco he podido nunca evitar caer en la tentación de hacer trampas e inclinar la balanza de los últimos trescientos sesenta y cinco (o seis) días hacia el lado bueno. Hace un año le pedí al 2016 ganas y emoción, flores y sorpresas, aeropuertos y sitios desconocidos, amor del bueno. Y me lo ha regalado todo.  Decidí volverme ambiciosa y capturar cada día más cosas buenas, decidí abrir los ojos para ver las paredes del pozo en el que me había metido y decidí que no quería pasar más tiempo ahí. Decidí pasar página, cambiar de libro, permitir que volvieran a crecer las flores donde ...

La anatomía de las cosas invisibles.

Estamos hechos de cada melodía que nos pone la piel de gallina, de cada canción que nos emociona hasta la carcajada, del cosquilleo que nos invade la tripa en los instantes previos a las cosas grandes, de miedos superados y de deseos cumplidos.  Crecemos siempre hacia arriba porque tenemos puertos seguros donde tomar amarras cuando la cosa se pone fea, porque somos capaces de descubrir las cosas que realmente nos llenan la vida de felicidad y nos tiramos de cabeza a ellas. Porque sabemos que la victoria más grande es la que nos otorgamos a nosotros mismos, que somos nuestro juez más estricto y, aún así, a veces nos miramos al espejo y pensamos "joder, es que hoy estoy muy guapa", porque es cierto. Somos los trenes que dejamos ir para ganar un par de besos, y somos todos los besos que nos caben en la luz verde de un semáforo para esperar a que se ponga rojo y poder seguir frente al paso de cebra indefinidamente, porque también somos todas las despedidas que alargamos porq...

Manual de domingo por la tarde.

Hace tarde como de acurrucarse, de tenerse muy cerca y que sean los latidos de tu corazón los que vayan marcando el paso de mis horas. Hace tarde como de que el tiempo se pare si me arropas con tus brazos, de cerrar los ojos y que se nos junten los labios sin acordarnos de qué día es mañana. Hace tarde como de nostalgia de paseos por el Retiro  y olor a tierra mojada,  de olor a libro nuevo, a taza de chocolate caliente entre unas manos que se están muriendo de frío. Hace tarde como de desvestir el alma y que se empape bajo la lluvia, de que corra hecha tinta por mi papel contando que, lluviosa y gris,  ésta es una tarde preciosa. Hace tarde como de escribir poesía.

Sinergia.

Te imagino riéndote al leerme, y razón no te falta. Nadie debería dedicar a la ligera su canción favorita, su cita favorita, su palabra favorita. Pero es que tú eres mi persona favorita, e igual esta palabra encaja contigo completamente. Igual encaja con nosotros, con los dos, cuando estamos cerca. Sinergia : Acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales. Como, por ejemplo, cuando a los dos nos late más fuerte el corazón estando juntos -y a ti parece que te va a romper las paredes del pecho-. Como, por ejemplo, cuando eres la mejor medicina para un día torcido, o un mural de colores vivos para un gris muy grande, o una carcajada que se me escapa cuando lo último que quiero es reír. Como ser feliz contigo y que me haga feliz hacerte feliz.  Llegué a pensar que mis engranajes se habían roto tal vez para siempre, y sólo se estaban ajustando para encajar a la perfección contigo. Como la altura de mi boca a la altura de tu cue...

Pájaros de cristal.

A veces preferimos quedarnos hechos cristales rotos por miedo a cortarnos mientras intentamos arreglarnos. Y parece que acabo de escribir esa frase cuando apareces. Y juntas mis trozos desperdigados por el suelo, los recoges uno a uno y en tus manos vuelven a unirse. En tus manos, vuelvo a sentirme un poco pájaro con ganas de volar muy alto. Y vuelo un poquito, despacio. Me siento un poco más nueva, un poco más brillante y un poco mejor. Un poco más contigo, aunque no te gusten las cosas cursis y desde hace poco consigas que me salgan más a menudo. Y entonces, pienso que tal vez dejé de estar tan rota hace ya tiempo y no supe verlo. Que quizá no soy la misma que cuando me rompí, que soy diferente y probablemente sea mejor así. Que igual he crecido, he aprendido, me he llevado cosas a lo largo del camino. Y que es posible que, de aquí en adelante, todo vaya mejor y a mejor. Ahora, miro mis nuevas alas de cristal restaurado y escucho cómo tintinean cuando las bato, floji...