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Sabotaje.

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Nunca creí en las armaduras nunca me fié de su utilidad, tal vez porque todas mis puñaladas me vienen siempre de dentro. A veces detonación a detonación me rompo del todo y la máscara que uso para que nadie se entere no tiene cómo sostenerse y se me revienta contra el suelo. El día que decido bucear y descubrir qué es eso que me destroza me encuentro con que tiene mis ojos mi pelo mi cara mi voz y dice que no soy lo suficiente. Me refugio en poemas que van de niñas que no saben lo que valen y deseo con mucha fuerza que en realidad mi cerebro sea un estafador que se viste de tasador y me engaña al hablarme mal de mi valor. Deseo con toda mi alma arrancarme la venda de cuajo que se rompa tanta cadena y pincharme en vena el remedio contra el veneno que yo misma destilo y me bebo. ¿Cómo se vence a un enemigo que llevas dentro? ¿Cómo se apacigua una tormenta cuando una parte de ti te dispara a quemarropa y la otra dice "para, para de hacerte esto...

Mi ángel de la guarda.

Tuve un profesor que decía que lo de "no hay palabras para expresar lo que siento" era una mentira de las grandes. Que sí que las hay pero que tú no sabes usarlas. Y debo ser entonces una inútil de récord porque no encuentro las palabras que acierten a contar cómo cada vez que he estado a punto de despeñarme has aparecido tú como un saliente en la montaña para volver a impulsarme hacia arriba. Yo no encuentro ahora palabras, pero tú sí las encontraste cada vez que me hundía y me hacías llorar de emoción y devolverle la mirada a la vida sabiendo que rendirse ni siquiera es la última opción. Pisas todos los días el pódium de las cosas más bonitas que le pasan a mis horas. Pepito Grillo, diario secreto el ángel de la guarda que en la vida creí merecer. Y el mejor bote salvavidas cuando la cosa se pone cuesta arriba. Gracias por aparecer en mi vida por aquel "no te abandones" que me dijiste en el momento justo para que se me tatuara en ...

Entre los huesos y el alma.

Preferiría compartir sábanas contigo y no con estas pesadillas que hacen del apagar la luz cada noche la crónica de mi muerte anunciada. Que si se me acelera el pulso fuera porque me besas en noséqué punto exacto y no porque parezca que llevo  un corsé de acero que hace que el corazón me lata fuerte porque quiere romperlo. Y, de paso, mis costillas. La poesía es esa con la que te encuentras en una habitación sin luz y no sabes si va a hacer el amor contigo o si te va a atravesar el pecho de un balazo. Tengo la sangre llena de cristales y alfileres en el miocardio que ahoga un grito  a cada latido. Quiero que vengas a unir a besos los puntos de mi cuerpo que son mis lunares con la impaciencia del niño  ansioso por descubrir el dibujo que aparece y con el miedo de quien sabe que igual, lo que sale, es la cara del monstruo que me come por dentro. Si pongo muchas ganas llego a escuchar de lejos una nana que trata de dormir este dragón que ...

Querida Yo del espejo.

Hace poco leí que Sara Búho decía que somos de quien vemos cuando nos miramos al espejo .  A mí, desde el espejo me mira una chica delgada, castaña y de ojos claros, cambiante como un maldito huracán. A veces le brillan en los iris azules estrellas fugaces, a veces de la boca se le escapa una sonrisa pintada de rojo y cree que puede salir ahí fuera a comerse el mundo. O mejor aún, que ya lo lleva dentro.  Pero otras veces... Otras veces el espejo se rompe y se nos clava. Cada uno de los trozos de cristal roto nos atraviesa la piel y nos rompe. Nos hace jirones la vida. Porque no somos lo suficiente, da igual qué. Lo suficientemente alto, lo suficientemente bajo, lo suficientemente delgado, lo suficientemente gordo, lo suficientemente moreno, lo suficientemente blanco. Los peores cristales los llevamos dentro, no necesitamos que un espejo nos los eche en cara. Nunca llegamos demasiado lejos, nunca damos lo que habríamos podido, nunca somos demasiado brillante...

Chin, chin, dieciséis.

Nunca he creído en las supersticiones que hablan de mala suerte, nunca he creído que existan días que son puntos de partida, y nunca he creído en empezar de cero. La vida es una imparable sucesión de segundos, y, en realidad, no entiende de diciembres y eneros. Sin embargo, nunca he podido evitar caer en la tentación del balance de fin de año y de los deseos para el que empieza.  Y tampoco he podido nunca evitar caer en la tentación de hacer trampas e inclinar la balanza de los últimos trescientos sesenta y cinco (o seis) días hacia el lado bueno. Hace un año le pedí al 2016 ganas y emoción, flores y sorpresas, aeropuertos y sitios desconocidos, amor del bueno. Y me lo ha regalado todo.  Decidí volverme ambiciosa y capturar cada día más cosas buenas, decidí abrir los ojos para ver las paredes del pozo en el que me había metido y decidí que no quería pasar más tiempo ahí. Decidí pasar página, cambiar de libro, permitir que volvieran a crecer las flores donde ...

La anatomía de las cosas invisibles.

Estamos hechos de cada melodía que nos pone la piel de gallina, de cada canción que nos emociona hasta la carcajada, del cosquilleo que nos invade la tripa en los instantes previos a las cosas grandes, de miedos superados y de deseos cumplidos.  Crecemos siempre hacia arriba porque tenemos puertos seguros donde tomar amarras cuando la cosa se pone fea, porque somos capaces de descubrir las cosas que realmente nos llenan la vida de felicidad y nos tiramos de cabeza a ellas. Porque sabemos que la victoria más grande es la que nos otorgamos a nosotros mismos, que somos nuestro juez más estricto y, aún así, a veces nos miramos al espejo y pensamos "joder, es que hoy estoy muy guapa", porque es cierto. Somos los trenes que dejamos ir para ganar un par de besos, y somos todos los besos que nos caben en la luz verde de un semáforo para esperar a que se ponga rojo y poder seguir frente al paso de cebra indefinidamente, porque también somos todas las despedidas que alargamos porq...

Manual de domingo por la tarde.

Hace tarde como de acurrucarse, de tenerse muy cerca y que sean los latidos de tu corazón los que vayan marcando el paso de mis horas. Hace tarde como de que el tiempo se pare si me arropas con tus brazos, de cerrar los ojos y que se nos junten los labios sin acordarnos de qué día es mañana. Hace tarde como de nostalgia de paseos por el Retiro  y olor a tierra mojada,  de olor a libro nuevo, a taza de chocolate caliente entre unas manos que se están muriendo de frío. Hace tarde como de desvestir el alma y que se empape bajo la lluvia, de que corra hecha tinta por mi papel contando que, lluviosa y gris,  ésta es una tarde preciosa. Hace tarde como de escribir poesía.