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Mostrando entradas de agosto, 2016

Derrota.

Eterno luchador siempre ganaste todas tus batallas incluso aquellas que ni tú sabías que librabas. Y yo, cabezota como siempre, me empeño en compararte con aquellos que se cruzan por mi vida pero tú, amor, eres huracán y ellos sólo son brisa. Es verano y te permito la entrada a mis pensamientos y te dejo campar a tus anchas y se me olvida que algún día de estos a golpe de lágrimas tendré que echarte sin que nadie pueda ayudarme a recoger los destrozos. Si en algún momento te olvido, lo hago como quien deja de ser consciente de que inspira y espira pero respira continuamente. Como una canción que suena  tan bajito y desde hace tanto que ya casi ni se escucha, y aún así a veces la melodía me obliga a romper a llorar. No existen poemas a tu altura ni me atrevo a intentar inventarlos pero no puedo tratar de contener las palabras si se me escapan en cascada entre los dedos porque mis manos se vuelven locas, locas y vacías, sólo por pensar en...

El primero.

Me tiemblan las manos histéricas, impacientes, acusadoras, exigentes, como una alarma de incendios que avisa que hay rincones de mi cuerpo a los que aún no ha llegado la mancha de tu marcha, esa que me derriba como una ola cuando se estrella contra un dique fabricado con el papel donde firmé que te querría siempre. A veces, todavía me parece que mi corazón late al ritmo que tú marcaste como una más entre tantas canciones. A veces, todavía me abrazo a tu nombre cuando, por la noche no consigo dormir. Voy a la deriva y no me atrevo a concretar si tus besos eran el mejor de los refugios o eran la tormenta perfecta. Tampoco me atrevo a recordar cómo era existir con tu piel pegada a la mía, o encontrar tus manos a oscuras y descubrir que la vida nunca había tenido tanta luz. Me da miedo el día en que a mi memoria vuelvan en tropel tu tacto, tu voz y el color de tu mirada porque si ahora te quiero como se quiere a un fantasma, y aún así soy un castillo de...

Juego de sombras.

Cómo voy a escribir lo que siento si lo desconozco. Si me tiembla el pecho y corro. Si se me empañan los ojos sin venir a cuento. Sólo pido que llegue el frío con su constante excusa para poder arroparme, porque el calor me deja desamparada y a la intemperie de este no sé qué que me llena o me vacía, según se mire.  De nuevo, pesadillas que no terminan al abrir los ojos y cuentos de hadas que se rompen en pedazos al sonar el despertador. De nuevo, una ciudad que es una jaula, una tortura, y a la vez, un hogar. De nuevo, esas ganas de ir muy lejos a algún lugar desconocido. De nuevo, esa necesidad de resetear la vida. Y el corazón. De nuevo, este hueco vacante bajo candado, y los engranajes de mi cabeza girando a toda velocidad, rugiendo, gritando. Pensando. No hay manera de parar esta catástrofe, no hay forma de que las piezas dejen de encajar, pero tampoco hay forma de juntar los pedazos rotos si me da miedo tocarlos. Lo único que queda de mi palacio son los cri...