Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2024

Esta eterna sala de espera.

Vaya por delante que creo ciegamente que, por muy mal que salga todo, nunca sabes cuándo va la vida a darte una sorpresa que haga que no consigas  dormir por la noche de la emoción. Que vivo comida por la ansiedad pero que esa misma ansiedad oculta una esperanza infinita que confía en que, al final, de una manera u otra, todo va a salir bien.  Todo. Incluso eso que no va a salir bien. Tal vez por eso a veces disfruto de ese momento en el que absolutamente todo está torcido, por las noches no consigo dormir de angustia, nada sale bien y la luz al final del túnel no tiene fuerzas ni para parpadear con debilidad. Me reconforta ese vacío porque, a ciegas, creo sinceramente que todo puede estar a punto de cambiar. Porque necesito creerlo y necesito que cambie . Igual no pasa porque, aunque a veces parezca que nada puede  ir a peor, en el fondo  sí puede, pero no es una certeza que me convenga paladear demasiado. Persona  con miedo a tomar decisiones toma una decisión...

Cosas que no van a ningún lado.

Hoy me he despertado triste porque me he dado cuenta de que los besos que damos en sueños no los recibe nadie. Ni siquiera nosotros, que los soñamos una vez dormidos y mil veces más cuando estamos despiertos. Supongo que se quedan flotando en ese vacío de nada y todo, perdidos, como se pierden en nuestra garganta todas las palabras que no decimos  o en la pequeña llama de una vela todos los deseos que no soplamos. Me he despertado triste por no poder recuperarlos, enfadada con el frío que me ha hecho abrir los ojos y triste otra vez por no ser capaz de volver a cerrarlos con la velocidad suficiente para retomar el sueño donde estaba. Me he arropado y me he acurrucado abrazando la almohada, como si ella me fuera a devolver el abrazo, a darme un beso en la frente o dedicarme tres palabras de consuelo. Pero ya está. Ni me he vuelto a dormir, ni he  vuelto a soñar, ni he vuelto a besar.