Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2016

Apnea.

La vida desde hace tiempo se convirtió en un paseo bajo el mar sin botella de oxígeno. Al principio tenía una angustia muy grande en el pecho, un dolor en los pulmones que gritaban pidiendo alimento. Poco a poco me acostumbré, pero no tengo muy claro si fue a no respirar o a escuchar el ruido que me venía de dentro.  Cerré los ojos por culpa de la sal, y continué el viaje a ciegas, recordando a veces que me faltaba un poco el aire, sin encontrar ese algo a lo que aferrarme cuando a cada brazada me quedo sin fuerzas. O cuando no tengo  ganas de esforzarme en nadar. Algo que me ayude a ir por donde tengo que ir cuando prefiero dejarme llevar. O cuando quiero dar media vuelta. Hace mucho desde la última vez que necesité inspirar una buena bocanada de aire y desde que noté como me crujían los pulmones, furiosos. Y de repente, en medio de este torbellino que me arrastra y yo, que no sé si quiero dejarme arrastrar u oponerme a su fuerza, he pensado que lo que más me ap...

Borrascas y poetas.

Todos los días tienen un momento en el que cabe poesía, en el que está permitido hablar de sentimientos, de lo que cuenta el corazón cuando late, de vulnerabilidad y fortaleza. En ese instante, vivimos a bordo de unos versos que componemos sin querer, que riman a la perfección, que tienen una métrica impecable. Porque el poema más perfecto es el que se siente sin pensar. A veces es hasta útil demostrarle al mundo que hay cosas que nos mueven por dentro. Que, al fin y al cabo, somos personas y no pedazos de acero inoxidable. Que la fortaleza está en quién tiene debilidades y las supera, no en quien vive con una armadura que le protege del mundo. Ese no es fuerte, sólo un poco estúpido. Evadirse no es una solución, es ser cobarde. A la gente le da miedo demostrar que siente algo, y a mí me da miedo la gente que parece no sentir nada. Cada vez que he intentado escribir un poema lo he acabado matando a tachones. Y, sin embargo, sólo me he atrevido con los versos...

Dulce introducción a mí.

Tengo un humor como para que se desate una tormenta. Como para no estar sentada, sino hacer. Como para salir a la calle -truenos incluidos- y caminar mucho, sin saber muy bien a dónde voy, pero haciendo como que lo tengo muy claro. Sin dudar en los cruces ni las intersecciones. Nunca dando media vuelta, si acaso buscando un rodeo, otra calle. Lo que más me apetece es encerrarme en la primera página de un libro y no intentar escaparme de ninguna forma, hasta que él me libere en la última. Que se rompa la cadena que ata el reloj a las horas, como dice la canción, y que pueda cantar, muy muy alto, porque nadie me escucha. Voy a hacer como que no me acuerdo de que existes, voy a hacer como que no sé pensar. No tengo tiempo para perderme ni para encontrarte, no tengo tiempo ni para deshacer los enredones que tengo en la cabeza; no tengo tiempo para mí, como para tener tiempo para ti.  Tengo un humor como para intimidar a las mareas, como para que las olas se calle...