Dulce introducción a mí.
Tengo un humor como para que se desate una tormenta. Como para no estar sentada, sino hacer. Como para salir a la calle -truenos incluidos- y caminar mucho, sin saber muy bien a dónde voy, pero haciendo como que lo tengo muy claro. Sin dudar en los cruces ni las intersecciones. Nunca dando media vuelta, si acaso buscando un rodeo, otra calle.
Lo que más me apetece es encerrarme en la primera página de un libro y no intentar escaparme de ninguna forma, hasta que él me libere en la última. Que se rompa la cadena que ata el reloj a las horas, como dice la canción, y que pueda cantar, muy muy alto, porque nadie me escucha.
Voy a hacer como que no me acuerdo de que existes, voy a hacer como que no sé pensar. No tengo tiempo para perderme ni para encontrarte, no tengo tiempo ni para deshacer los enredones que tengo en la cabeza; no tengo tiempo para mí, como para tener tiempo para ti.
Tengo un humor como para intimidar a las mareas, como para que las olas se callen y se retiren, cobardes. Como para reventar cristales y romper silencios. Como para salir corriendo, como para llevar la contraria a todo el mundo. Porque quiero caminar a ciegas y ya se verá. No quiero rodeos, quiero disparos directos al corazón. No quiero telodijes ni encontrarle un defecto a cada cosa que ocurra. Ni que las cosas dejen de ser lo que tienen que ser, ni que los secretos se cuenten.
Sopla el viento fuerte y derriba árboles, y hace saltar alarmas, y lo revuelve todo muy deprisa. Te mete arena en los ojos, te despeina. Está lleno de rabia y está empeñado en demostrarlo. Porque en realidad, pide a gritos un poco de paz, quedarse sin fuerzas, cerrar los ojos y dormir. Pero tampoco quiere que esta calma se la regale cualquiera. Quiere huir rápido y lejos y que alguien se dé cuenta y vaya a buscarle. A rescatarle. A decirle que ya pasó.
A contarle que el caos es maravilloso.
Voy a hacer como que no me acuerdo de que existes, voy a hacer como que no sé pensar. No tengo tiempo para perderme ni para encontrarte, no tengo tiempo ni para deshacer los enredones que tengo en la cabeza; no tengo tiempo para mí, como para tener tiempo para ti.
Tengo un humor como para intimidar a las mareas, como para que las olas se callen y se retiren, cobardes. Como para reventar cristales y romper silencios. Como para salir corriendo, como para llevar la contraria a todo el mundo. Porque quiero caminar a ciegas y ya se verá. No quiero rodeos, quiero disparos directos al corazón. No quiero telodijes ni encontrarle un defecto a cada cosa que ocurra. Ni que las cosas dejen de ser lo que tienen que ser, ni que los secretos se cuenten.
Sopla el viento fuerte y derriba árboles, y hace saltar alarmas, y lo revuelve todo muy deprisa. Te mete arena en los ojos, te despeina. Está lleno de rabia y está empeñado en demostrarlo. Porque en realidad, pide a gritos un poco de paz, quedarse sin fuerzas, cerrar los ojos y dormir. Pero tampoco quiere que esta calma se la regale cualquiera. Quiere huir rápido y lejos y que alguien se dé cuenta y vaya a buscarle. A rescatarle. A decirle que ya pasó.
A contarle que el caos es maravilloso.
Se rompió la cadena que ataba el reloj a las horas,
se paró el aguacero, ahora somos flotando dos gotas.
Agarrado un momento a la cola del viento me siento mejor,
me olvidé de poner en el suelo los pies y me siento mejor.
Volar... volar.
Dulce introducción al caos - Extremoduro
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