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Mostrando entradas de agosto, 2026

Llamadas perdidas.

Hace dos años, mi padre, que siempre llamaba, no llamó. Entonces, le llamé yo, y no contestó.  A veces, lo siento todavía como si fuese alguien con quien llevo mucho sin hablar. Y, de repente, me acuerdo. No creo que la muerte tenga derecho a cambiar el recuerdo que alguien te dejó cuando estaba vivo, pero también creo que, algunos días, está bien dejar entrar por un resquicio de la puerta la certeza de un duelo que, por inusual, o por callado, se te aferra una ferocidad que no podías imaginarte al principio.  La incertidumbre de las preguntas que nunca nadie va a responder es una sábana fría que no te deja dormir por las noches: qué pensamiento arrastra consigo un último suspiro, cuánta consciencia cargan los latidos que ya apenas tienen sentido.  ¿Podría haber hecho algo yo que hubiera hecho las cosas diferentes? Por otro lado, una evidencia: la soledad. Segunda evidencia: la muerte no tiene vuelta de hoja, no acepta arrepentimientos, no da segundas oportunidades. Terce...

Sueños en agosto.

Hace mucho tiempo, tenía pesadillas casi todas las noches. Cada una era diferente, pero en todas me perseguían para matarme, pedía ayuda y nadie me escuchaba o nadie me hacía caso. Una noche de estas, he vuelto a huir en sueños. Corría por unos pasillos de metro oscuros y desiertos, intentando escapar de un peligro que desapareció al despertarme. Desapareció el peligro, no el miedo. Ese se me quedó atenazado al cuerpo un rato más, por mucho que me empeñase en abrazar la almohada. No me gusta agosto, es el domingo de los meses, y no me gustan los domingos. La ciudad se vacía y los fantasmas aprovechan para rondar cuando no hay quién los ahuyente. A veces, se cuelan entre la rutina y el calor para aprisionarme el pecho muy fuerte cuando intento respirar. Otras veces, parecen querer romperme las costillas desde dentro. Otras, me dibujan deseos que se evaporan con asfixiados por el verano en Madrid. Sólo me apetece acurrucarme en un sofá, con la temperatura justa para arroparme con una man...