Trazos de tinta negra.
Por una vez, está bien dejar de mirar la misma historia con los mismos ojos, y dejarse llevar por trazos de tinta negra que fueron dejando surcos sobre el papel, tiñéndolo de amor, interrogaciones y sentimientos.
Me gusta esa tinta negra, aunque no se guste a sí misma, aunque no siempre lo que cuente sea lo que en cada momento yo quisiera que hubiera contado.
Me gusta esa tinta negra, porque con el tiempo transformó pañuelos ajados en sábanas blancas, porque primero deseó que la gélida nieve se derritiera en la lava de un volcán y después la derritió entre sus propios dedos.
Me gusta esa tinta negra, porque cree en cuentos de hadas, porque habla más de pros que de contras, porque transforma despedidas en regalos de Navidad y sorpresas de esas que regalan sonrisas que duran para siempre.
Me gusta esa tinta negra, porque es tu tinta negra. Y me gusta la historia que cuentan porque es tu historia en nuestra historia.
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