4923.
Decido volver a escribir y lo primero que hago es publicar un borrador que en su momento me guardé para mí. Ahora tiene menos sentido, porque llevamos 3 meses de 2018 y esto era una despedida al 17, pero, ya ves tú, el 2017 fue lo que fue y eso no va a cambiarlo nada. Luces y sombras. Lágrimas y lecciones. Ojalá hubiera sido distinto, y, sobre todo, ojalá no se me olvide nunca todo lo que aprendí.
Por ese motivo, sólo por ese, merece la pena publicar estos textos hoy: un intento de poema y una carta a mi yo del pasado, o del futuro, no lo sé, el día que hice la cuenta de las cosas buenas que había ido apuntando a lo largo de 365 días.
Ni de lista de propósitos,
ni de pies derechos,
ni de nada rojo,
ni de deseos.
Nunca fui de nada de eso.
Pero sí fui de hacer balance,
de hacer trampas en el último momento
y de vencer todo mi peso
en el lado de lo bueno.
Ojalá abriese los ojos y fuese un julio distinto,
ojalá no hubiese descubierto
que cuando parecía que no podía más,
avanzaba otro poco,
que cuando se me rompía el pecho de llorar,
tenía unas manos cerca,
y que cuando se me acababa la calma,
sonaba la canción exacta
que me curaba el corazón.
Preferiría no haber aprendido
que no sé dónde tengo los límites,
y preferiría no acordarme de cuando se me olvidó
cómo eran las cosas cuando marchaban bien.
Pero lo descubrí,
avancé,
acaricié,
canté,
aprendí,
y recuerdo.
Y aquí estoy.
Volé,
volamos,
las luces de París brillaron para nosotros
y no quería estar en otro lado
que no fueran tus brazos.
La vida me susurró bajito
entre el agua del Sena y palabras en francés
que los sueños se cumplen
justo
en el momento oportuno.
Me he visto pequeña,
insuficiente,
inútil,
deshecha,
a trozos,
débil,
incapaz.
Y hoy me veo mayor y fuerte,
me veo grande y me veo optimista
me veo con las alas más abiertas
y sabiendo que la vida no cambia sola.
Me veo más libre
porque perdí cosas que me hacían perder
y gané.
Sabes de sobra que alguna de estas cosas tendrían que valer, mínimo, por dos. También sabes el esfuerzo que, algunos días, te ha costado buscarlas. Sabes que mirar atrás, con cosas así, merece la pena. Sabes que jamás, bajo ningún concepto, repetirías este 2017.
Pero sabes que, a pesar de todo, has reunido 4923 cosas buenas.
La vida no se mide por las cosas que te ocurren, por los atropellos, por lo que llega sin avisar y que no depende de ti.
Se mide por cómo lo afrontas.
Se mide por cómo aprendes.
Se mide por cómo creces.
Sigue creciendo.
Sigue creciendo.
Comentarios
Publicar un comentario