Quiero ser valiente (intento nº 1).

Te prometo que casi lo consigo. Tenía la oportunidad, las ganas y, sobre todo, los motivos. Tenía la necesidad de ser feliz que queda después de tener una pesadilla. 

Tenía los pies en el andén, el tren parado y una margarita en mis manos. La deshojé, y dijo "hazlo". Cogí otra. La deshojé. Y otra más. Todas contestaron lo mismo. Y entre una y otra, el tren arrancó y se fue. 

Yo iba a ser valiente y, de verdad, que he estado a punto de serlo. Pero me dio un poco de miedo. Aún así, quién sabe, a lo mejor las oportunidades irrepetibles se repiten.

Igual para entonces he dejado de destrozar flores. ¿Por qué iba a esperar el tren a que me montara si ni siquiera sabía que estaba esperando en el andén?

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