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Ocho seises del once.

El tiempo pasa como siempre, implacable, sin nadie que le suplique que pare un momento, que tanta velocidad arrastra algunos recuerdos. Recuerdos que se van, y los que no, se quedan empañados por el humo de algún cigarro que consume los días, los meses, los años. En realidad casi todo está olvidado... Pero hay veces que una voz, repasa muy bajito las operaciones de un cuadernillo Rubio de verano, o corrige faltas de ortografía, o enseña a su nieta lo que es desafinar cuando ella toca la flauta. Otras veces aparece el recuerdo de una foto en sepia, y alguien pregunta "¿dónde está?". El del medio, el de la batería. Pero esa batería está muda, ya nadie la toca, ya no es lo mismo. Tiempo entre tinieblas, tiempo que corre, que vuela, tiempo entre humareda, tiempo que se va y no vuelve.  Y yo me sigo preguntando, como cada año, cómo se puede echar de menos algo que apenas recuerdas. Y es que no lo recuerdo pero está. Está en las canciones, en cada nota, en cada roce de una ...

Conformarse.

Nuestro día. Siempre había sido nuestro día, y todos vemos como poquito a poco desaparece. Además, no podemos hacer nada. Si se va, se va, si desaparece, desaparece, si no te gusta, te aguantas. Porque no puedes hacer nada. Podrás hablar todo lo que quieras, podrás dar tus razones, pero las decisiones dependen de alguien que no ve EL DÍA como lo ves tú, porque no sienten lo que llevas sintiendo desde que tenías cinco años y ya dabas la lata con campanas, hombres que pasaron por esta tierra. No es sólo un día de fiesta, sino nuestra fiesta. Es el día que las campanas repican vibrantes, y se escucha cómo lo hacen en cada rincón. Es el día de demostrar un poco de orgullo, el día de celebrarlo. Es, es, es... No. Era. Pero no pasa nada, que nadie se preocupe. A conformarse. Es lo que toca, ¿no? Por lo visto, a veces la madurez consiste en eso, en el conformismo, callarse, aguantarse. Yo sólo tengo una cosa que decir, en ese caso: viva la inmadurez, señores.

La línea 13.

Increíble, increíble multiplicado por trece. En un abrir y cerrar de ojos se ha pasado pero con un poco de tranquilidad y menos amagos de lágrimas en los ojos es más fácil repasar un poco de todo... Cómo los ojos saben decir "te quiero", cómo se puede besar sólo con la mirada. Cómo Madrid sabe guardar algún secreto, cómo cualquier lugar puede ser mi lugar favorito con un abrazo de por medio. Cómo frases de película suenan más bonitas fuera de las películas. Cómo ahora las canciones no le cantan a medio mundo, sino a ti y a mí. Y ya está. Además, el recuerdo de un par de manos queriéndose, escondidas debajo de algún mantel. También sé leer los labios que dicen que me quieren, y me he convencido de que no hay reencuentros sin despedidas. Y es que todo esto ha sido un poquito así como increíble. Increíble multiplicado por trece. Increíble elevado a trece.

Parece que va a llover.

Mediodía. Hace tiempo. Llueve. Salías a la calle y abriste el paraguas. Diste un par de pasos y le viste, varios metros más adelante, andando sólo y sin paraguas. Una voz parecida a la tuya gritó su nombre y mientras él se giraba tú le preguntaste a tu cerebro porqué hacía esas cosas. En fin, ya era un poco tarde para retroceder. Señalaste el paraguas, él se había parado para esperarte, y, un poco más cerca, dijiste: -Te vas a mojar. Habías llegado a su lado, empezasteis los dos a andar. -No me importa, me gusta mojarme.  Sonríes mientras seguíais andando. Silencio. Y entonces, al doblar la esquina, porque sí, cogiste el paraguas para cerrarlo. Te miró y, esbozando un intento se sonrisa, dijo: -Te vas a mojar. Te reíste. -No importa, me gusta mojarme. Hoy vuelve a llover. Siempre te ha gustado la lluvia. Es como si el agua al mojarte arrastrara las penas, o algo así. Ahora, una gota de cada millón te empapa de un recuerdo que cala poquito a poco. Pero las novecientas n...

Valor para volar.

Relájate. Respira. Al pensarlo fríamente, te das cuenta de que el origen de todo podría estar en ti, en lo que te pasa, en lo que sientes a cada segundo. Así que busca ahí una solución. Piensa en lo que tienes y olvídate de lo que no. Olvídate de lo que te impide tenerlo, porque es lo que menos importa. Si llegado este punto vas a dar media vuelta, a rendirte por un par de piedras que encuentres en el camino, si te vas a dejar llevar en esas ocasiones en las que una parte de ti susurra "imposible", si vas a hacer eso, es que eres una maldita cobarde y entonces nunca nada valdrá la pena. Decidiste saltar y ahora puedes elegir entre dejarte caer en picado o volar. Volar alto, volar lejos, volar. Volar y tocar las nubes, volar y bañarte en la luz de sol. Hace falta valor para eso. Prueba a buscar debajo de esos pedruscos que tenías en el camino. Prueba e inténtalo, hazlo por esa voz dentro de ti que grita que "vale la pena". "Desde aquella noche he sabido qu...

Días raros, así como hoy, así como ayer.

Estás convencida de que, de un momento a otro, estallarás. Y por un lado crees que mejor así, que llorar un buen rato con tranquilidad puede ponerle solución a todo. Pero, como si se tratase de un primer beso, necesitas un lugar, un momento, un estar a solas. Y un motivo. No se puede llorar sin motivo y ya no sabes si lo tienes o no, si quieres llorar sólo por llorar, si hay algo, si es un día tonto. Tal vez sea un continuo "pros y contras". O simplemente necesidad. Necesidad de pedir un abrazo y que te lo den. Pero no puedes, así que todo deriva en la necesidad de llorar... ¿De verdad? ¿No será porque sí, por nada y por todo a la vez?  Deberías dejar de pensarlo, a veces, llorar sin razón es lo mejor que puedes hacer.

Miedo

Muy, muy, muy, muy, muy raro. Rarísimo. Ese tipo de miedo que nunca pensaste que podrías llegar a sentir. Es sólo a ratos, pero... a ratos insoportables. No es lo de siempre. Ojala fuera lo de siempre, esto te asusta de verdad. Porque pensabas que eran cosas tuyas, pero por lo visto no. Y si le das un par de vueltas más, vuelves a asustarte. Otra vuelta, y más miedo. El miedo es libre y te está empezando a esclavizar. Fallan un poco las fuerzas y... más miedo, otra vez.