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A veces ardo, y otras veces... sólo quiero arder.

Doy un paso, y otro, y uno más. Al siguiente me fallan las fuerzas y me caigo, como si tuviera alguna conexión rota por dentro, como si mi cuerpo no quisiera hacerme caso. Como si mis pulmones no quisieran coger aire, y el corazón latiese tan fuerte como si quisiera romperme hasta el alma. A veces soy una bandera que ondea orgullosa, porque a veces me olvido de pensar y sólo me río, porque hay mucha luz alrededor. Otras veces soy un barco a la deriva, porque a veces me doy cuenta de que esa luz viene de las chispas que hacen que todo esté ardiendo. Qué poco me gusta ver todo el bosque calcinado, y qué poco me gusta cuando las chispas dejan de brillar.

Remontar el vuelo.

De repente el viento cambia, y gira la veleta. El mar se agita, las olas arrastran hasta el fondo los navíos más grandes. Mientras esta obra no termine hay que seguir actuando, y después también. La vida no termina cuando cae el telón, pero siempre quisiste subir los telones que la vida bajaba, por si acaso. El tiempo es un sitio demasiado grande, en el que se pierden demasiadas cosas. Y palabras de hace tiempo tamborilean en tu cabeza, porque ya no existen. No sé en qué momento el cielo, las buenas vistas y el poder con todo se volvieron tan cuesta arriba.

Up is down.

Como versos sin sentido, inconexos, incompletos. Como un cielo sin Sol, una canción callada. El tiempo pasa y hay silencio. Hay tanto silencio que ya no escuchas absolutamente nada de lo que ocurre alrededor. Las luces, todo, se apaga. Tanto calor está abrasando los pétalos de las flores.  Últimamente suspiro mucho, y los cristales se empañan. Se ve borroso lo que hay detrás. Últimamente quiero escribir y no escribo, porque cuando escribes el papel te grita las palabras a la cara. Últimamente la felicidad, cuando quiere escribirse, se escribe con letras diferentes. Últimamente quiero hablar, y las palabras no me salen.

La mirada de la felicidad.

La felicidad cambia a todas horas, a cada segundo, según cada persona. La felicidad puede ser un color del cielo, un olor. La felicidad se viste de mil maneras, y a veces la felicidad es sólo desvestirse.  Desvístete y atrévete a mirarte así. Pero desvístete de verdad, no sólo te quites la ropa. Tienes algo ahí dentro, te cuelga de esa media sonrisa que quieres y no quieres dejar salir. Brilla. Se llama felicidad y hoy se viste de chocolate, o de canción, de rutina, de frase bonita en un libro, de fotos y recuerdos. La felicidad se desviste y se viste de mil formas, pero no se va. Mira, y brilla, esperando ser mirada para brillar más.

"Cosas bonitas de hoy".

Hay días en los que la felicidad se esconde, quién sabe dónde, quién sabe por qué, y solemos esperar que aparezca ella sola, otra vez.  ¿Y por qué no buscarla, por qué no forzarla a salir de dónde sea que esté? Boli, papel, y un título: " Cosas bonitas de hoy ", " Motivos para estar contenta ". Una lista de cinco razones para reír a lo largo del día, cinco dientes de león, cinco tréboles de cuatro hojas, cinco carcajadas, cinco golpes de suerte, cinco saltos del corazón, cinco flores o cinco estrellas; cinco razones para ser feliz o sentirse afortunada. Y vives así, pendiente de los detalles que pueden sacarte una sonrisa, aunque sea pequeña, pendiente de cada soplo de aire que avive la alegría. Y si son más de cinco, mucho mejor. Al final, la verdadera Fuente inagotable de sonrisas está en la forma de la que quieras mirar alrededor. Cuentos de reyes que superaron grandes penas, volverán con ese ejemplo al fin sus ansias de volar . "Hi...

Fuego.

El corazón me late fuerte, muy fuerte, como si quisiera salirse de su sitio y salir corriendo. Me tiemblan las manos, las piernas, la piel, la voz. El alma, las canciones en la boca. Como si dentro de mí tuviera un volcán a punto de entrar en erupción. Cómo quema la lava.  Arde, por eso el corazón busca huir. Arde, y por eso tiemblo, quién sabe si de frío. Arde, y parece que la única manera de apagarlo es un abrazo muy fuerte, que mantenga al corazón en su lugar, que libere toda esta lava que quema.  Arde, y sigue ardiendo.

Perdido el Norte.

Siempre podemos dejarnos llevar, pasar por la vida como si fuera un paseo, un atardecer. Podemos buscar un camino y seguirlo hasta el final sin mirar a los lados, y entonces nos perderíamos todos los colores que pintan el cielo, y también nos perderíamos el riesgo de perdernos.  Podemos buscar una brújula para encontrar el Norte que hemos perdido, un Norte que no es un punto cardinal. Una brújula para encontrar la calma.  Pero, y qué pasa si encuentras la calma justo en el ojo del huracán...