Diciembre.
Cómo le gusta al mundo llevar la contraria. El tren dejaba la estación y yo pensaba en el tiempo que llevaba sin escribir y las pocas ganas que tenía de hacerlo. Y justo entonces, las luces de Navidad alumbran la ciudad y me alumbran las palabras.
En diciembre todo brilla más, en diciembre nacen estrellas nuevas y en diciembre la vida se resume en el abrazo más largo que puedes dar. Hay un cosquilleo que recorre las calles, y música de campanillas y canciones que hablan de todos los amores que existen. En diciembre hay magia y dulzura.
En diciembre hay nieve, blanca y pura y sencilla y perfecta. Y cada copo es diferente, cada uno trae un beso helado, y se derrite y transformado en agua se lleva un retazo de recuerdos malos. La nieve es lluvia hecha arte dulce y congelado.
En diciembre la sangre corre al galope para extender el calor por todo el cuerpo. Y baila. Y brilla. Y hay magia.
Qué miedo.
En diciembre la sangre corre al galope para extender el calor por todo el cuerpo. Y baila. Y brilla. Y hay magia.
Qué miedo.
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