Tormentas en mitad del océano.

He estado estos días un poco regular, pero no pasa nada, a todos nos rompen el corazón alguna vez. Además, tampoco creo que ésta haya sido la más grave que he vivido, aunque no voy a mentir, alguna fisura hay y, doler, duele.

Estoy dolida y enfadada con la manera de girar que tiene la Tierra sobre su eje y con cómo los engranajes que mueven todo en la vida encajan perfectamente entre sí para que otras cosas, personas o historias, no puedan encajar nunca.

Me da miedo sentirme estúpida, imaginarte pensando qué chica más tonta que se engancha a la nada sin ningún motivo y recordarme que siempre supe todos los motivos por los que no, pero me iba a dormir pensando que ojalá sí.

A veces, parece que me quiero arrepentir de no haber fingido que me importabas menos de lo que en realidad me importabas, por si así hubiera podido apurarte un par de besos más. Pero no dura demasiado. Sé que piensas que pienso mucho las cosas, pero también las siento tanto y tan intensamente que habría sido imposible esconderlas.

Me habrían acabado superando, desbordándoseme por los ojos, por las manos, por la boca, al mirarte, al tocarte, al besarte, como si fuera una tormenta en mitad del océano y yo intentase guardar el oleaje en un cajón.

Creo que te habrías dado cuenta igual, aunque no te lo hubiera dicho. Y creo que ocultar lo que siento es la manera más ruin de traicionarme a mí misma. Aunque el precio a pagar hayan sido ese par de besos más.

Todo pasa y, sobre todo, todo queda, en ese rinconcito de la memoria que me recuerda cuando pensaba que nunca me iba a volver a sentir igual y apareciste tú. Y así volverá a pasar. Esta contractura de miocardio al final también curará.

Siento que no hayamos sido cada uno lo que el otro buscaba.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Mariposa.

Contracorriente

Aún me acuerdo de todo.