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Poemario.

Tiene derecho a ser guapa. Todo lo que diga podrá ser usado en poemas. Si necesita un poeta de oficio se le otorgará uno. Hace tiempo, cada cosa que decías me sonaba a versos. Sin querer, te transformabas en poeta y tus poemas hablaban de los dos. Todo rimaba, todo encajaba, cuando recitaba tus palabras cobraban vida y se vestían de musicalidad. Cada vez que revoloteaban por mi cabeza, era como si escuchara aquel poema por primera vez. Se me erizaba la piel, se me aceleraba el pulso, se me cortaba la respiración. Tú y uno de tus poemas me descubristeis lo que era llorar de alegría. Tú, que titulaste a tu poemario " Siempre ". Tú, que lo dejaste a medias. Yo, ahora, rescato a veces tus versos y se me llenan los ojos de lágrimas que están a mil años luz de ser de alegría. Cómo le explico a mi alma que te cansaste de escribirme, de componerme, de erizarme la piel, acelerarme el pulso y cortarme la respiración.  Cómo le pido que deje de recitar poemas que ya no e...

Dime.

Dime que no, por favor. Dime que es mentira, dime que mi imaginación está volando y se ha estrellado.  Dime que el pecho se me vacía sin motivo, que si tiemblo entera es sólo porque soy idiota. Dime que no hay razones para que todo el universo de pronto me aplaste. Dime que la tormenta que tengo en los ojos va a parar, que vas a pararla. Dime que si estoy desesperada, si no puedo respirar, si se me ha escapado la voz... dime que todo se va si tú vuelves. Dime que los gritos que me ahogan no tienen sentido. Dime que vuelves, por favor. Dime que sí. Dime que las pesadillas se acaban, que la realidad supera a la imaginación, como siempre hizo. Dime que vas a llenar mis pulmones de aire otra vez. Dime que sí. Dime que no estoy soñando demasiado. Por favor, dime que no. Dime que sí, dime que no. Por favor, dime.

El cuento de la araña.

Hay una araña, en el techo, en un rincón. Se lo piensa mucho, pero al final salta al vacío, aferrada sólo a un hilo de seda en el que pone toda su esperanza, toda su fe. La seda es fuerte, lo resiste todo. La araña se da cuenta y empieza a bailar en el aire, baila y casi siente que vuela, dibujando flores de seda. El rincón cobra vida, cada día es más bonito, se pinta de plata y cada noche la araña mira sus flores, su brillo, su seda. Cada día se atreve a saltar al vacío un poco más, para seguir construyendo más y más. Un día, construyendo una rosa de seda, la araña falla. No se precipita al vacío, pero sigue construyendo de una manera equivocada. Y a partir de entonces, la tela de seda cada día se desmorona un poco. El calendario dice  Abril . La araña empieza a olvidarse de qué tejía, para qué. Llora cada vez que ve que todo se está destruyendo lentamente, pero sigue haciéndolo todo mal. Los hilos de seda se enredan, y entre tantos nudos dejan de brillar. La araña si...

Betrayal.

La verdad, estoy un poco cansada. De estar sin ti, de querer estar contigo. De no querer dejar de quererte. Pero es que hay veces que se me mueven un poco las alas. Aleteo, aleteo, aleteo; sin embargo nunca despego. Porque no quiero. ¿Alguna vez has sentido que algo te importa tanto que dejarlo ir es como traicionarte a ti mismo? ¿Igual que clavarte un puñal? Como si mientras intentas alejarte se te fueran cayendo gotas de sangre. Qué voy a hacerle. Lo siento, me importas. Ya no se me caen gotas de sangre cada vez que intento alejarme, sólo se me para el corazón. Se encoge, se da la vuelta y te mira. Estás de espaldas y no me ves... ya nunca me ves. Le obligo a darse la vuelta, a golpe de versos ajenos. Damos un par de pasos más, y empiezo a notar mi propio puñal, ese que me clavo a mí misma. Ojalá irte  fuera tan fácil como llamar a mi ascensor y esperar a que la puerta se cierre. Ojalá no hubieras dejado un trozo de tu risa en cada rincón de mi habitación. O...

Libre.

Viniste anoche y no te has ido. En realidad nunca has terminado de marcharte. Has destapado la caja de recuerdos que escondí al fondo del cajón, los has liberado con sólo volver a pasarte por mi cabeza. Has liberado la lista de planes que teníamos para los dos. Has liberado París y has liberado Oxford, besos bajo los tilos. Has liberado mi mente, mi imaginación, mis ganas de que vuelvas. Has liberado miles de promesas a medias. Vuelan libres y sin saber a dónde van. Se pierden, se chocan contra mi alma. ¿Me quieres porque me necesitas o me necesitas porque me quieres?  Te necesito porque te quiero, trece veces por diecisiete razones. Más que nunca, tal vez. Con más dolor, eso seguro. Has liberado un recuerdo con sabor a besos por cada Mini Cooper que me encuentro por la calle.

Calendario.

Febrero . Es invierno y estoy temblando, pero no de frío. De nervios, de amor. Beso a beso se apagaron las luces, los dedos nos encendían la piel. El cielo bajó una tarde y nos perdimos, el cielo se prendió azul en mi muñeca, y el brillo de las estrellas se colgó a su lado como un lazo de plata con tu nombre. Octubre . Todos los recuerdos vienen de golpe esta noche y duelen. Se me eriza la piel y me tiemblan las manos, pero no de nervios, mucho menos de amor. Me tiemblan de un frío que se instaló en julio y no se va, porque tú te fuiste. Hoy. Ayer. Siempre. Tengo todos tus febreros clavados en el corazón y se vuelve loco. Tus diciembres me tienen congelado el alma.

Mientras duermo.

A veces, mientras duermo, vienes y te estrellas contra el cristal de mi ventana. Lo rompes, te cuelas en mi habitación. Rompes mis intentos de no soñar contigo y te cuelas en mis sueños. Me miras con esos ojos que tienes y soy incapaz de decirte que no. Dejo que me invadas con recuerdos, que me bombardees con caricias que ya caducaron hace tiempo. Incluso en mi mente, la que no quiere terminar de perderte e inventa que te estrellas contra el cristal de mi ventana, conjugas el verbo querer en pasado. Tocada y hundida. La tristeza tiene muchas formas últimamente, y a veces pienso que te necesito a mi lado. Y precisamente tu falta es otra de las formas de tristeza. A veces, mientras duermo, sueño que me arropas y me acurruco a tu lado, pero sólo es el edredón.