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Cuentos de hadas.

Érase una vez una niña que vivió entre cuentos de hadas. Se alimentaba de sus páginas, respiraba los colores de sus dibujos y bebía la tinta de sus letras. Pero, por encima de todo, soñaba con sus historias. Cada vez que cerraba los ojos, a su mente venían castillos lejanos, lugares recónditos, criaturas inimaginables y, sobre todo, finales felices. Finales de esos que sólo estaban reservados para aquellos personajes valientes, nobles de corazón y que creían con toda su alma en sus propios sueños. Porque así, sólo así, podían alcanzarlos. La niña  creció, y poco a poco fue dándose cuenta de que la mayoría de los parajes y de los seres que poblaban aquellos relatos no existían fuera de los libros. Sin embargo, nada ni nadie podía sacarle de la cabeza que los más profundos deseos de su corazón podían cumplirse si nunca perdía la fe, y si además era lo suficientemente valiente como para luchar por ellos. Las hadas no eran reales, pero sus cuentos, de alguna forma, podía...

Never give up.

Dime, niña, dónde se torció todo. En qué punto de la historia te tropezaste y te creíste que ya no podrías avanzar más.  Dime dónde dejaste olvidada la confianza en ti misma, cuéntame por qué empezaste a verte tan pequeña cuando en realidad eres tan grande.  Dime cuándo fue,  que yo vuelvo atrás y junto los pedazos rotos. Te lo pregunto todo porque yo no entiendo nada. Te miro y veo el poder que tienes en las alas, esas alas que se mueren de ganas de volar muy alto. No te veo haciendo otra cosa ni en ningún otro lugar, ni tampoco quiero. Ojalá creyeras en ti como yo creo, ojalá te vieras tan capaz de comerte el mundo y conquistar tus sueños como yo te veo.  No te rindas, por favor, no cedas . Pero no lo hagas ni por mí ni por nadie que no seas tú. Yo sé que puedes, sólo falta que te des cuenta.

Una vez por semana.

De cada siete noches, una te cuelas en mis sueños. No fallas. Me despierto con una inquietud que me atonta y no sé reaccionar. No sé si estoy bien o mal, pero sí que te echo de menos. Y después, con el sol brillando fuerte, sueño despierta, pero no contigo. Me vendo las heridas con un pañuelo que ni cura ni existe, pero calma. Y te prometo que con eso de momento me vale. En realidad me da miedo el calendario. Me da  miedo porque los días pasan y se acerca el día en que pasó todo, o dejó de pasar. El día que amaneció esperanzado .  Ojalá estos sueños que sueño despierta fueran un poco más reales. Ojalá este pañuelo que me calma fuera más de verdad, ojalá pudiera aferrarme a él. No te he contado que un día me atreví a ser valiente. Un poquito sólo, casi nada. Y es que, en serio, ojalá fuera todo más posible, porque por una vez tengo ganas de avanzar, porque el paisaje desolador empieza a cansarme.

¿A o B?

Somos lo que decidimos, lo que decimos, lo que nos callamos. Cada elección, por estúpida que parezca, empieza a dictar nuestro rumbo. Cada paso que damos en una dirección nos aleja un paso de la dirección opuesta.  A veces avanzamos sin querer, otras veces sabemos con certeza lo que queremos y nos morimos de miedo. Entonces cerramos los ojos, saltamos, y justo entonces es cuando preguntamos " ¿alguien ha visto mi paracaídas? ". Y si el movimiento más insignificante me lleva un poco hacia adelante, pienso moverme. Quedarme al borde del infarto y con miedo a que el corazón se me salga por la boca y con las manos temblando de emoción y no de tristeza. Quiero hacerlo, o por lo menos tengo muchas ganas de intentarlo. No sé si la siguiente montaña será tan dura, tan alta y tan bonita como la anterior. Pero igual puedo dejar de arañarme con las espinas de los matorrales que hay en sus faldas. Igual nunca vuelvo a escalar una historia tan bonita y he de confesar que ...

Quiero ser valiente (intento nº 1).

Te prometo que casi lo consigo. Tenía la oportunidad, las ganas y, sobre todo, los motivos. Tenía la necesidad de ser feliz que queda después de tener una pesadilla.  Tenía los pies en el andén, el tren parado y una margarita en mis manos. La deshojé, y dijo "hazlo". Cogí otra. La deshojé. Y otra más. Todas contestaron lo mismo. Y entre una y otra, el tren arrancó y se fue.  Yo iba a ser valiente y, de verdad, que he estado a punto de serlo. Pero me dio un poco de  miedo . Aún así, quién sabe, a lo mejor las oportunidades irrepetibles se repiten. Igual para entonces he dejado de destrozar flores. ¿Por qué iba a esperar el tren a que me montara si ni siquiera sabía que estaba esperando en el andén?

Sin conocerte.

Color rojo pasión se me vuelve el corazón cuando pasas y a mí me pasan tantas cosas. Y roja también es la angustia porque te me escurres entre los dedos. Me río yo de quien me llamó valiente. Sin conocerte, ahora que te vas sé que te voy a echar de menos porque me devolviste un poco la vida. Empecé a tener sueños distintos; y si tenía pesadillas, al despertar estabas en mi mente y me curabas despacio. Y eres como un trocito de luz blanca en días tristes. Hiciste del gris un color bonito, lo pintaste todo de un rosa dulce y te estrellaste  contra mi corazón como una ola del mar.  Y todo sin conocerte. Cómo voy a echarte de menos.

Let's read the world.

Un avión cruzó el cielo. Quién sabe a dónde estaría yendo, qué destino esperaría al otro lado de  tanto azul. Alzó una mano hacia las nubes y las yemas de sus dedos rozaron la estela que el aparato dejaba tras de sí. Ojalá pudiera aferrarse a ella y volar a dónde quiera que le llevase, pero se encontró anclada al suelo. Miró a su alrededor. Siempre había pensado que, si el mundo era tan grande, era porque había que recorrerlo entero. Que nunca se habrían leído suficientes libros ni visitado suficientes lugares. Y ahora, pegada a una ciudad que la había desenamorado, cada tren y cada maleta le emocionaban y le encogían el corazón un poquito. Cada rincón tenía su encanto, y el alma, y sus ojos, le pedían descubrirlos todos. Las ciudades, los países, sus paisajes. Las pinceladas irrepetibles de cada uno de ellos. Los colores, los sabores, los sonidos, sus músicas. Devolvió la vista al cielo cielo, y la estela del avión empezaba a borrarse ya. Se miró las yemas ...