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No te quiero, pero

Yo no sé sentir a medias. A mí los sentimientos me llevan por delante, como cuando estás en la playa y viene una ola que no te esperas y acabas con agua, sal, arena y varios arañazos en la cara. Y más, cuanto más tiempo pasa. Y más, si me miras como me miraste tú el último día que nos vimos. No, no te quiero. No es posible, no te conozco. Pero me muero por conocerte, como dice la canción. Por saber qué desayunas, qué canción no soportas, qué te saca de quicio y qué te llena de paz cuando los días deciden torcerse. Por saber qué injusticias te sacan de tus casillas, cómo ordenas el cajón de los calcetines, cuál es tu color favorito y qué te encanta hacer cuando no te apetece hacer nada. ¿Prefieres series o películas? ¿Dulce o salado? La del frío y el calor me la sé, y desde entonces le doy una oportunidad al verano. No sé sentir a medias, en seguida me paso de frenada y, de repente, pongo un poco de corazón donde no viene a cuento. No, no quería quedarme toda la noche abrazada a ti en e...

Es verano aunque sea invierno.

El invierno duró más de lo normal porque le tuve miedo a una primavera vacía. Pero llegó junio, llegó el verano, y llegó el sol a besarme el pelo. De repente, no sé de qué color son tus ojos porque me da vergüenza mirarte a la cara y se me eriza la piel si me rozas de pasada. Un día me di cuenta de que todo el rato sonríes cuando me hablas y ya nunca más volví a fijarme en si había nubes o no. Y, ya ves, no hay más que contar, salvo un espejismo muy breve en que parecía que sí, pero resultó que no. Y no sé cómo explicarle a la gente que me da igual, que sigue siendo verano en invierno, que por primera vez eso está bien y que yo sé que igual este sol al final me acaba quemando, pero, de momento, me gusta notar cómo bailan las mariposillas en mi estómago cada vez que te voy a ver, cada vez que me acuerdo o cada vez que me invento un universo alternativo donde parece que sí y, al final, también. Desprendes todo el rato esa energía capaz de convencer a cualquiera de que al final t...

Alzando el vuelo.

Hoy, el cielo se ha roto. El suelo está lleno de azul, de reflejos de estrellas y de rayos de Sol. Un pedazo del rastro de un cometa, gotas de lluvia de nubes desechas. Sin querer, tropiezo con los restos del vuelo de un pájaro, y al tropezar, caigo y estoy volando. Con las plumas esparcidas por el suelo me coso unas alas. No tengo hilo ni aguja, tengo ganas y con eso me sobra. Sigo volando, cada vez más alto. El Sol no me quema porque está hecho añicos. No hay obstáculos que me paren, porque están todos en el suelo, y yo vuelo. Vuelo más, cada vez más, porque no hay murallas que me frenen. Roto, lo que antes era el cielo no es el límite. Creo que escribí esto en 2014 o 2015, no estoy segura. De lo que sí estoy segura es de que entonces era una gran mentira, aunque yo no me diera cuenta, y por eso lleva guardado en un cajón tantos años.  He pasado los últimos once años de mi vida, más o menos, echándome de menos. Echando de menos cómo era yo misma en algún momento del pasad...

Caso aislado.

Hay días en los que el suelo tiembla, todo se da la vuelta, no hay nada estable a tu alrededor y, sin tú saberlo, comienza una cuenta atrás dentro de ti. "Si no se repite en un año, se considera un caso aislado" . 365 días. No recuerdo mucho de los primeros días. El calor de julio a las cuatro de la tarde desde el metro O'Donnell. La canción "Si tienes fe", de El Príncipe de Egipto, sonando en bucle. El cansancio. Las escaleras de la entrada. El mostrador de enfermería sin respuestas para mí. Echar de menos a quien tienes sentado a tu lado porque, en realidad, no es él. No eras tú. 355 días. Recuerdo pensar que aquello era como vivir dentro de una de esas películas de sobremesa en las que pasa de todo pero no crees ni remotamente que vaya a ocurrir de verdad. Y menos cerca de ti. Recuerdo la angustia y la impotencia de no tener un manual de instrucciones y de sentir que nadie estaba ni tenía intención de estar al volante. 310 días. Todos los días me iba a dormir...

4. Un túnel oscuro y en silencio

  Ayer me metí en la cama y me di cuenta de que no recuerdo tu voz. Lo intenté y no pude. Traté de imaginarte contándome algo tan cotidiano como qué tal te  había ido el  día, y encontré las palabras pero no el sonido de tu voz. Se me agarraron la tristeza y la certeza al pecho y no me soltaron hasta que me dormí, con la almohada un poco salada y el corazón un poco partido. Es un proceso. Sí, ya. Pero el proceso duele y yo de verdad que no veo el final de este túnel a oscuras del que se me jura y perjura que voy a salir un día, casi sin darme cuenta de cómo. Y ahora, además, el túnel no sólo no tiene ninguna luz que me avise de que el final está en algún sitio, sino que está completamente en silencio. Un silencio tan profundo que se llega a oír, no sé cómo explicártelo, como si me raspase los tímpanos. Un silencio tan vacío que no puedo dejar de escucharlo, tan intenso que me va a aplastar. Después de llorar el recuerdo de tu voz, me dormí y soñé conti...

3. Una decisión

Me he despertado con la evidencia de que no estás -ni vas a estar- subida a mi pecho como un peso muerto que me empuja hacia dentro el esternón. Soy consciente de que no estás -ni vas a estar- porque tú no quieres -ni me quieres- y se me hunden un poco más las costillas y me duele un poco más la vida. Sé que nadie se muere de esto, pero no puedo evitar sentir este agujero negro donde se supone que deberían estar mis pulmones y doblarme un poco sobre mí misma para hacerme más pequeña, un poquito más, a ver si así no me cabe más tristeza ni más vacío dentro. A ver si así no me entero de que el mundo sigue girando a mi alrededor y tengo la excusa que necesito para dejar de girar yo. Me dijiste que no sé quién había dicho que esto no era una mala decisión ni una buena decisión, sólo una decisión a secas. Sinceramente,  quiero creer que no piensas eso de verdad, porque significaría que decidiste qué hacer con tu futuro y con el mío como decides por la mañana si eliges la camiseta n...

2. ¿Me querrías si fuera un gusano?

El problema de intentar medir el amor que das y el amor que recibes a través de situaciones imaginarias que nunca jamás van a darse en la vida real (porque, seamos honestos, nunca nadie va a despertarse por la mañana convertida en un gusano), es que tienes que tener los pies muy clavados en la tierra y ser muy consciente de ti mismo para decir la verdad. ¿Tú habrías ido a Marte por mí? No, no lo habrías hecho, sabes que no. Igual que yo no habría ido por ti. Pero debería haber dado igual porque, en realidad, nunca se habría dado la circunstancia de haber podido irnos a Marte juntos. Sin embargo, aquí, en la Tierra,  contigo, he pasado por cosas que jamás pensé que viviría y ojalá nunca las hubiese vivido y aquí, en la Tierra, habría vuelto a pasarlas si hubiera hecho falta, contigo. Aquí, en la Tierra,  yo quería todo el futuro contigo. Con todo lo que implicas aunque, evidentemente, no todo me guste, pero es que las cosas que sí me gustan de ti siempre han pesado mucho m...