Useless promises.
-¿Puedes prometerme una cosa?
-Claro, ¿cual?
-Prométeme... un pato con cabeza de cocodrilo.
Y me lo prometiste, aunque no vaya a servir para nada nunca, porque será de esas promesas de las que nunca haga falta echar mano. Nuestro particular "pato con cabeza de cocodrilo", tu "prométeme que no me vas a olvidar" de hace un año, nuestras promesas en silencio de besos, nuestras manos debajo de un mantel.
Te quiero, te quiero, te quiero. Y gracias, gracias, gracias.
Por prometérmelo, por quererme, por ti, por cada beso, caricia o abrazo, por todo tu amor, por cada manera de demostrarlo, por cada "siempre", por cada diecisiete, cada reencuentro y cada despedida. Por cada canción, sitio o frase que hayamos hecho nuestro.
Te quiero, te quiero, te quiero. Y gracias, gracias, gracias.
Comentarios
Publicar un comentario