Una chispa de locura.
Importa más cómo acaban las cosas que cómo empiezan. Para bien o para mal; en este caso, para bien.
Hay días que empiezan con vacíos recortados en silencio, con manos que tiemblan por saber de ti, con canciones que desarman mis defensas, y una lágrima se fuga. Sólo una, ya lo sabes.
Hay días que amanecen muy oscuros.
Y entonces, se enciende una chispa. Una voz que no busca que no piense en nada, sino que quiere que le hable de todo.
Hay días que anochecen iluminados.
Mi chispa irradia luz, irradia carcajadas y canciones. Mi chispa dice que sin locos no se movería el mundo, que las grandes historias empiezan con grandes locuras, y que las mayores locuras se hacen por amor.
Paladeo la palabra locura muy despacio.
El reloj se ralentiza. En la cama me arropo un poco y te abrazo. Es una locura, pero no puedo evitarlo, y no puedo dormir si no lo hago.
Y de una chispa de locura surge un incendio.
No sé qué haría sin ti, Chispa.
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