Otro ángel.

Supongo que el mejor regalo de cumpleaños para un ángel es que otro ángel suba al cielo a hacerle compañía.


Anoche, al dormir, lo único que le pedía al día de hoy era no echarme el café del desayuno encima (otra vez) y que el despertador no doliese mucho. 

A las cinco de la mañana yo abría los ojos y tú apagabas los tuyos. Y ahora cierro los míos con una fuerza que duele, por si así ocurre un milagro, por si vuelve la luz. Por si no hace falta que termine de creerme que te has ido, por ejemplo.

Me da miedo inspirar demasiado hondo por si este día tan triste me ahoga los pulmones, me da mucho miedo hablar por si me falla la voz y rompo a llorar. Lo único que quiero es que alguien me abrace fuerte, tan fuerte que se me olvide que vuelvo a ser la niña más pequeña del mundo, que siempre y nunca siguen siendo demasiado grandes para mí.

Cómo no voy a creer en los ángeles, si yo tengo dos.

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