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Mostrando entradas de 2016

Chin, chin, dieciséis.

Nunca he creído en las supersticiones que hablan de mala suerte, nunca he creído que existan días que son puntos de partida, y nunca he creído en empezar de cero. La vida es una imparable sucesión de segundos, y, en realidad, no entiende de diciembres y eneros. Sin embargo, nunca he podido evitar caer en la tentación del balance de fin de año y de los deseos para el que empieza.  Y tampoco he podido nunca evitar caer en la tentación de hacer trampas e inclinar la balanza de los últimos trescientos sesenta y cinco (o seis) días hacia el lado bueno. Hace un año le pedí al 2016 ganas y emoción, flores y sorpresas, aeropuertos y sitios desconocidos, amor del bueno. Y me lo ha regalado todo.  Decidí volverme ambiciosa y capturar cada día más cosas buenas, decidí abrir los ojos para ver las paredes del pozo en el que me había metido y decidí que no quería pasar más tiempo ahí. Decidí pasar página, cambiar de libro, permitir que volvieran a crecer las flores donde ...

La anatomía de las cosas invisibles.

Estamos hechos de cada melodía que nos pone la piel de gallina, de cada canción que nos emociona hasta la carcajada, del cosquilleo que nos invade la tripa en los instantes previos a las cosas grandes, de miedos superados y de deseos cumplidos.  Crecemos siempre hacia arriba porque tenemos puertos seguros donde tomar amarras cuando la cosa se pone fea, porque somos capaces de descubrir las cosas que realmente nos llenan la vida de felicidad y nos tiramos de cabeza a ellas. Porque sabemos que la victoria más grande es la que nos otorgamos a nosotros mismos, que somos nuestro juez más estricto y, aún así, a veces nos miramos al espejo y pensamos "joder, es que hoy estoy muy guapa", porque es cierto. Somos los trenes que dejamos ir para ganar un par de besos, y somos todos los besos que nos caben en la luz verde de un semáforo para esperar a que se ponga rojo y poder seguir frente al paso de cebra indefinidamente, porque también somos todas las despedidas que alargamos porq...

Manual de domingo por la tarde.

Hace tarde como de acurrucarse, de tenerse muy cerca y que sean los latidos de tu corazón los que vayan marcando el paso de mis horas. Hace tarde como de que el tiempo se pare si me arropas con tus brazos, de cerrar los ojos y que se nos junten los labios sin acordarnos de qué día es mañana. Hace tarde como de nostalgia de paseos por el Retiro  y olor a tierra mojada,  de olor a libro nuevo, a taza de chocolate caliente entre unas manos que se están muriendo de frío. Hace tarde como de desvestir el alma y que se empape bajo la lluvia, de que corra hecha tinta por mi papel contando que, lluviosa y gris,  ésta es una tarde preciosa. Hace tarde como de escribir poesía.

Sinergia.

Te imagino riéndote al leerme, y razón no te falta. Nadie debería dedicar a la ligera su canción favorita, su cita favorita, su palabra favorita. Pero es que tú eres mi persona favorita, e igual esta palabra encaja contigo completamente. Igual encaja con nosotros, con los dos, cuando estamos cerca. Sinergia : Acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales. Como, por ejemplo, cuando a los dos nos late más fuerte el corazón estando juntos -y a ti parece que te va a romper las paredes del pecho-. Como, por ejemplo, cuando eres la mejor medicina para un día torcido, o un mural de colores vivos para un gris muy grande, o una carcajada que se me escapa cuando lo último que quiero es reír. Como ser feliz contigo y que me haga feliz hacerte feliz.  Llegué a pensar que mis engranajes se habían roto tal vez para siempre, y sólo se estaban ajustando para encajar a la perfección contigo. Como la altura de mi boca a la altura de tu cue...

Pájaros de cristal.

A veces preferimos quedarnos hechos cristales rotos por miedo a cortarnos mientras intentamos arreglarnos. Y parece que acabo de escribir esa frase cuando apareces. Y juntas mis trozos desperdigados por el suelo, los recoges uno a uno y en tus manos vuelven a unirse. En tus manos, vuelvo a sentirme un poco pájaro con ganas de volar muy alto. Y vuelo un poquito, despacio. Me siento un poco más nueva, un poco más brillante y un poco mejor. Un poco más contigo, aunque no te gusten las cosas cursis y desde hace poco consigas que me salgan más a menudo. Y entonces, pienso que tal vez dejé de estar tan rota hace ya tiempo y no supe verlo. Que quizá no soy la misma que cuando me rompí, que soy diferente y probablemente sea mejor así. Que igual he crecido, he aprendido, me he llevado cosas a lo largo del camino. Y que es posible que, de aquí en adelante, todo vaya mejor y a mejor. Ahora, miro mis nuevas alas de cristal restaurado y escucho cómo tintinean cuando las bato, floji...

Avviamento.

*Inserte título aquí* La página en blanco me mira mientras el boli tiembla en mi mano con ese no sé qué de emoción de cuando empiezan las cosas buenas. La posibilidad de que todo es posible, el giro de 180 grados que le pedía a la vida, la felicidad que cabe en la palma de mi mano si tú me das la tuya, la excepción que mandó al garete todas mis reglas. Rugen motores y el mundo se pone en marcha. Y va bien. Va muy bien... Vuelve la rutina con un chispazo de energía que nunca antes había tenido, con esas ganas, con ese hoy me como el mundo, con ese temblor en el pecho de cuando no puedes pedir nada porque lo tienes todo. Con la sensación de que cada trébol es un trébol de cuatro hojas, con el dolor suave de extender unas alas entumecidas por el desuso, con ese miedo débil de cuando llega algo que esperabas incluso más de lo que eras consciente.  La página en blanco y yo nos miramos sabiendo que aquí empieza algo grande. Sabiendo que este principio no es como el resto de pr...

Derrota.

Eterno luchador siempre ganaste todas tus batallas incluso aquellas que ni tú sabías que librabas. Y yo, cabezota como siempre, me empeño en compararte con aquellos que se cruzan por mi vida pero tú, amor, eres huracán y ellos sólo son brisa. Es verano y te permito la entrada a mis pensamientos y te dejo campar a tus anchas y se me olvida que algún día de estos a golpe de lágrimas tendré que echarte sin que nadie pueda ayudarme a recoger los destrozos. Si en algún momento te olvido, lo hago como quien deja de ser consciente de que inspira y espira pero respira continuamente. Como una canción que suena  tan bajito y desde hace tanto que ya casi ni se escucha, y aún así a veces la melodía me obliga a romper a llorar. No existen poemas a tu altura ni me atrevo a intentar inventarlos pero no puedo tratar de contener las palabras si se me escapan en cascada entre los dedos porque mis manos se vuelven locas, locas y vacías, sólo por pensar en...

El primero.

Me tiemblan las manos histéricas, impacientes, acusadoras, exigentes, como una alarma de incendios que avisa que hay rincones de mi cuerpo a los que aún no ha llegado la mancha de tu marcha, esa que me derriba como una ola cuando se estrella contra un dique fabricado con el papel donde firmé que te querría siempre. A veces, todavía me parece que mi corazón late al ritmo que tú marcaste como una más entre tantas canciones. A veces, todavía me abrazo a tu nombre cuando, por la noche no consigo dormir. Voy a la deriva y no me atrevo a concretar si tus besos eran el mejor de los refugios o eran la tormenta perfecta. Tampoco me atrevo a recordar cómo era existir con tu piel pegada a la mía, o encontrar tus manos a oscuras y descubrir que la vida nunca había tenido tanta luz. Me da miedo el día en que a mi memoria vuelvan en tropel tu tacto, tu voz y el color de tu mirada porque si ahora te quiero como se quiere a un fantasma, y aún así soy un castillo de...

Juego de sombras.

Cómo voy a escribir lo que siento si lo desconozco. Si me tiembla el pecho y corro. Si se me empañan los ojos sin venir a cuento. Sólo pido que llegue el frío con su constante excusa para poder arroparme, porque el calor me deja desamparada y a la intemperie de este no sé qué que me llena o me vacía, según se mire.  De nuevo, pesadillas que no terminan al abrir los ojos y cuentos de hadas que se rompen en pedazos al sonar el despertador. De nuevo, una ciudad que es una jaula, una tortura, y a la vez, un hogar. De nuevo, esas ganas de ir muy lejos a algún lugar desconocido. De nuevo, esa necesidad de resetear la vida. Y el corazón. De nuevo, este hueco vacante bajo candado, y los engranajes de mi cabeza girando a toda velocidad, rugiendo, gritando. Pensando. No hay manera de parar esta catástrofe, no hay forma de que las piezas dejen de encajar, pero tampoco hay forma de juntar los pedazos rotos si me da miedo tocarlos. Lo único que queda de mi palacio son los cri...

Espera sin esperanza.

Hace tiempo, las noches de verano y yo éramos mejores amigas. Me asomaba a la ventana y corría una brisa débil, y la Luna brillaba y yo le contaba cosas. Era mi nexo con cualquier lugar, con cualquier persona. Era un consuelo, un baúl de deseos, una incondicional que cada noche volvía y yo volvía a encontrarme con ella. Las noches de verano eran inspiradoras, y las palabras brotaban solas entre sábanas y música. Escribir era tan fácil como respirar. Entonces, un día, la brisa débil se detuvo en seco, y la Luna apareció un día en el cielo afilada y cruel. Era un espejo que reflejaba cada deseo que le había formulado y que jamás se había cumplido. Peticiones caducadas que a estas alturas de la historia no tendría el valor de volver a suplicar. Al menos a alguien que no fuera yo y en silencio. Las estrellas brillan agónicas y anónimas en una ciudad que lucha por borrarlas del mapa, porque el cielo de Madrid no está hecho para ellas. Entonces, el verano se transformó en u...

Lo menos peor.

Julio trae el verano de vuelta, y los rayos de sol abrasan los muros de hielo que me salvaban de mí. Gota a gota se derriten, y gota a gota yo ardo. Me pongo a temblar, de recuerdos, de dolor, de miedo, de interrogación. Tiemblo, porque me aferré a un clavo ardiendo para evitar caer directamente sobre las llamas, pero empiezo a tener la piel calcinada. De nuevo, la mejor opción es la menos peor, la que me encoja menos el corazón y menos de vez en cuando, la que me obligue a esconderme bajo paredes congeladas de un grosor menor. Me propongo hacer caso a las señales de peligro que suelo pasar de largo cuando la imaginación se me va de las manos, me propongo no saltar al vacío sin asegurar el paracaídas, me propongo no olvidar jamás los por si acasos . Me propongo, en definitiva, vivir un poco menos para sobrevivir un poco más. Me rindo porque el fuego me quema las fuerzas y un par de ilusiones. Me rindo porque otra vez me he saltado la distancia de seguridad y me h...

En aquel "¿y si...?" me maté yo.

No voy a decirte que mi vida si no estás aquí no tiene sentido, ni que no sé ser feliz si no te tengo a mi lado. Tampoco voy a decir que no puedo vivir sin ti, ni que seas la condición inamovible para despertarme por las mañanas con ilusión. No pienso decirte nada de eso, porque sería totalmente mentira. Sin embargo, no es mentira que contigo todo es un poco más. Un poco más vivo, un poco más grande, un poco más brillante. Mejor. Un poco más inestable, un poco más cuerda floja, un poco más corazón acelerado. Qué miedo. Un poco más terremoto, un poco más sin palabras, un poco más abismo. Y me dejé caer, porque seguir en tierra firme ya no tenía sentido. Hay palabras que por dentro queman y se te clavan en los huesos. Hay palabras que te oprimen y te retuercen el corazón, y no te dejan respirar y se te agolpan en la boca gritando en silencio salir. Hay palabras a las que es mejor abrir las compuertas y dejar libres. Que vuelen, y ya el vien...

El arte de emocionarse.

Piensa en un momento en el que fueras inmensamente feliz. Qué bonito es emocionarse, emocionarse de verdad, y qué poco ocurre. Igual precisamente en eso resida la magia. Casi nunca nos acordamos de lo maravilloso que es respirar porque respiramos todos los días.  Empieza justo en el centro de la tripa, como un cosquilleo suave, unas ganas infinitas, una sonrisa nerviosa. Como la introducción dulce de una canción que habla de pájaros, de cielo, de libertad, de océanos y de felicidad. Y el hormigueo trepa desde la tripa hasta el pecho, y el corazón de repente late más deprisa, al compás de esa música. Después se extiende por los pulmones, los llena y los expande para que entre todo el aire posible, para que la melodía no pare ni un segundo. Entonces, el cosquilleo ya es un terremoto, y el pecho se le queda pequeño y necesita más. Y sube, garganta arriba, con decisión. Te inunda la boca, la abarrota de palabras, de intenciones, de aquí y ahora , de fel...

(in) Gravity.

Un cóctel molotov en la mente, un terremoto en las manos, un huracán en el corazón y una olla a presión en la boca. Un miedo que suelda los barrotes de la celda que no deja que salgan las palabras. Un montón de sueños que no me dejan dormir. Una bandada de pájaros en la cabeza que pían muy fuerte y no me dejan pensar. Que no me dejan pensar en otra cosa que no seas tú, en realidad. Hay algo que me tiembla en el pecho. Pavor, creo. Necesidad, tal vez. La sangre hirviendo, burbujeando. Impaciencia. El tic tac de la cuenta atrás que me he inventado y que se me clava en la piel. Ayuda, socorro, auxilio, me ahogo. O blanco o negro, o estrella o me estrello. Y cada vez veo el impacto contra el suelo más cerca. Y por otro lado, qué revoloteo de mariposas más dulce llevo dentro. Me hacen cosquillas en el estómago con el roce de sus alas, y a veces parece que también vuelo yo. A veces parece que la vida puede empezar otra vez. Que cuando decían todo pasa , tenían razón. Pedía incertidu...

Limerencia.

Un vaso de café en el fregadero después de apurar los últimos restos de azúcar del fondo. Vainilla en el cuello y las muñecas, música en los oídos y en la cabeza y el corazón. Canta bajito por la calle y el tren llega al andén justo cuando llega ella, y el metro la está aguardando en el suyo, y el autobús frena en la parada para que ella no tenga que esperar. Se deja atrapar por las páginas del libro que lee. El cielo es muy azul, el sol brilla fuerte y la vida es ágil.  Sincronizada. Las palabras fluyen, de la mente a las manos, que tiemblan impacientes por deshojar margaritas. Porque cree en esas cosas sólo si le dan la razón. Se vuelve loca por las flores, por los fuegos artificiales, por meriendas de chocolate, por reír muy muy fuerte. La brisa es suave, la sonrisa perenne y la vida se tiñe etérea. Sintonizada.

No vivir puede matar.

Tú, que no tenías ni idea de dónde estabas ni a dónde ibas, ni qué buscabas, ni qué querías, ni qué esperabas de la vida. Tú, te has imaginado un camino de flores de colores que brillan al sol, y de repente te inventas un destino incierto, inseguro, enclenque. Pero aquí hemos venido a jugar, ¿no? De repente, vivir es revivir un flashback  que te hace temblar de miedo e ilusión a partes iguales. La firmeza de las arenas movedizas, la adrenalina de las cuerdas flojas, las vistas desde el borde del abismo, el aire que te falta en la caída libre. El grito ahogado y el corazón al galope porque no tienes intención de abrir el paracaídas. Cuando supe que quería, me di cuenta de que podía . Tal vez la vida sea como una parada de autobús, y ninguno frena para que te subas si no se lo pides tú. Tal vez los autobuses no lleven un cartel luminoso con su destino, tal vez la gracia sea no saber si vas a llegar al final del trayecto o si vas a despeñarte por...

Entropía.

Me gusta la gente que tiene miedo y aún así salta. Que se despeina. Que siente con fuerza, se mancha los vaqueros de césped y se moja pelo cuando llueve. Me gusta la gente que improvisa e inesperada, la que canta sin miedo. Que se sonroja cuando algo le hace cosquillas en el corazón, que tiembla de nervios, a la que le brillan los ojos. Que se ríe de sí misma, que no le da miedo lo desconocido, que camina siempre como si tuviera un rumbo aunque se esté inventado el camino. Me gusta la gente que cree en el amor, que se vuelve cursi a veces, que se arriesga. Me gusta la gente que hace locuras, la gente a la que le vale la pena el esfuerzo, la que baila en el ascensor. Que lleva colonias suaves, que aparece de repente, que da besos en la frente. Me gusta la gente que mira fijamente a los ojos, que estalla en carcajadas y que llora de felicidad.  Me gusta la gente que lee en el tren, que marca el ritmo de las canciones que escucha con el pie, que inspira muy fuerte cuando hue...

Despedidas al despertar.

La ventaja de las pesadillas es que al final te despiertas. Que, afortunadamente, no son ciertas. Que al abrir los ojos puedes decir que era todo mentira con un suspiro de alivio. Que en la vida real estás a salvo. El problema está en esos sueños que te hacen creer que la pesadilla viene al despertarse. Como si dejar de soñar fuesen las doce campanadas de Cenicienta que rompen el hechizo. Todo se desvanece, como desaparece el humo alejándose cada vez más y más en el cielo, como una bombilla que se funde cuando el hilo no da para más. El telón se viene abajo. Fin.  El problema no está en las pesadillas que te hacen sufrir cuando duermes, sino en esos sueños a los que te mudarías a vivir para siempre sin despertar nunca. El problema está en que me creía a cubierto que tu voz, de tus palabras, de tu olor y tu manera de hablar. Pero mi subconsciente, director y guionista de cada uno de mis sueños, los tiene atesorados, a salvo de mi olvido.  Sueño con un...

Nadie se encontró si no estuvo perdido.

Lo que dura un parpadeo es lo que tardo en ponerle palabras a este cómo me siento que se ha escondido detrás de una interrogación tanto tiempo. Cierro los ojos y al abrirlos se me escapa por la boca. Perdida. Completa, total, y absolutamente perdida. Y sin embargo, no me da miedo no saber en qué punto estoy. No me asusta tanto como me asustaba cuando no sabía qué ocurría. No sé si tirar hacia mi derecha o mi izquierda, pero la incertidumbre no me intimida. Sólo me inquieta, un poco. Pero perderse significa que puedes acabar en cualquier lugar, sólo basta caminar y no quedarse quieto. Tal vez mi extravío sea el punto de partida que buscaba. Me permito cerrar los ojos y respirar. No sé a dónde voy, no necesito vigilar mis pasos. Basta con que camine hacia donde me apetezca caminar, porque no hay sendero pintado en el suelo, y así sólo se me multiplican las opciones. Quiero dar un rodeo a solas y volver a saber de mí. Contarme cómo me van las cosas y si quiero ir a pasos lent...

Tormenta de flores.

No hay tempestad que dure lo que dura un olvido, ni olvido que dure lo que tarda en llegar la calma. No puedo quedarme quieta porque te encuentro demasiado cerca, demasiado dentro, como para no darme cuenta de que estás. De que no estás. Necesito atrapar el brillo de la Luna para ti, pero se me escurre entre los dedos y me araña la piel.  Se me escapan las palabras y me siento como si quisiera encerrar el viento que corre en mis manos. Necesito una caricia que me calme el corazón y ponga voz a las canciones que no sé cantar. Que el aire que maltrato y convierto en gritos te avise. Necesito correr. Vivo a la espera de un cambio, un giro de 180 grados y una caída en picado. Un chaparrón que eche a perder esta capa de pintura. Una banda sonora que sustituya el silencio que quedó al cerrarse el ascensor. Un par de flores para que respire este campo de margaritas masacrado a base de decirme que no. De repente soy una niña enrabietada lanzándole puñetazos al aire, llorando porque ...

Destino entre interrogaciones.

Al cabo de un tiempo, volví a encontrar refugio entre las páginas de un libro, volví a dejarme atrapar y volví a olvidarme del paso de las horas en el reloj. Volví a ser un poco más yo. Con las mismas batallas pendientes, con las mismas tormentas desatadas y con el mismo puerto seguro donde amarrar de siempre. Sigo necesitando salir corriendo, huir lejos, cambiar. Pero, al menos, pretendo viajar leyendo. Las vías de un tren me llevarán a alguna parte, y las palabras de la historia que me acompañe me llevarán mucho más lejos aún. Y después, vendrá otra. Y luego otra más. Cada paisaje tendrá su propio verso en una canción de palabras inconexas que escribiré a trazos irregulares porque tengo las manos heladas. El granizo se estrella contra los cristales de mi vagón, y el sol me obliga a cerrar los ojos, y las nubes me tapan el azul del cielo, y hace frío y me asfixia el calor. Mi cuento para ir a dormir se emborrona con el vaivén del tren, perdió su argumento tiempo a...

Apnea.

La vida desde hace tiempo se convirtió en un paseo bajo el mar sin botella de oxígeno. Al principio tenía una angustia muy grande en el pecho, un dolor en los pulmones que gritaban pidiendo alimento. Poco a poco me acostumbré, pero no tengo muy claro si fue a no respirar o a escuchar el ruido que me venía de dentro.  Cerré los ojos por culpa de la sal, y continué el viaje a ciegas, recordando a veces que me faltaba un poco el aire, sin encontrar ese algo a lo que aferrarme cuando a cada brazada me quedo sin fuerzas. O cuando no tengo  ganas de esforzarme en nadar. Algo que me ayude a ir por donde tengo que ir cuando prefiero dejarme llevar. O cuando quiero dar media vuelta. Hace mucho desde la última vez que necesité inspirar una buena bocanada de aire y desde que noté como me crujían los pulmones, furiosos. Y de repente, en medio de este torbellino que me arrastra y yo, que no sé si quiero dejarme arrastrar u oponerme a su fuerza, he pensado que lo que más me ap...

Borrascas y poetas.

Todos los días tienen un momento en el que cabe poesía, en el que está permitido hablar de sentimientos, de lo que cuenta el corazón cuando late, de vulnerabilidad y fortaleza. En ese instante, vivimos a bordo de unos versos que componemos sin querer, que riman a la perfección, que tienen una métrica impecable. Porque el poema más perfecto es el que se siente sin pensar. A veces es hasta útil demostrarle al mundo que hay cosas que nos mueven por dentro. Que, al fin y al cabo, somos personas y no pedazos de acero inoxidable. Que la fortaleza está en quién tiene debilidades y las supera, no en quien vive con una armadura que le protege del mundo. Ese no es fuerte, sólo un poco estúpido. Evadirse no es una solución, es ser cobarde. A la gente le da miedo demostrar que siente algo, y a mí me da miedo la gente que parece no sentir nada. Cada vez que he intentado escribir un poema lo he acabado matando a tachones. Y, sin embargo, sólo me he atrevido con los versos...

Dulce introducción a mí.

Tengo un humor como para que se desate una tormenta. Como para no estar sentada, sino hacer. Como para salir a la calle -truenos incluidos- y caminar mucho, sin saber muy bien a dónde voy, pero haciendo como que lo tengo muy claro. Sin dudar en los cruces ni las intersecciones. Nunca dando media vuelta, si acaso buscando un rodeo, otra calle. Lo que más me apetece es encerrarme en la primera página de un libro y no intentar escaparme de ninguna forma, hasta que él me libere en la última. Que se rompa la cadena que ata el reloj a las horas, como dice la canción, y que pueda cantar, muy muy alto, porque nadie me escucha. Voy a hacer como que no me acuerdo de que existes, voy a hacer como que no sé pensar. No tengo tiempo para perderme ni para encontrarte, no tengo tiempo ni para deshacer los enredones que tengo en la cabeza; no tengo tiempo para mí, como para tener tiempo para ti.  Tengo un humor como para intimidar a las mareas, como para que las olas se calle...

Blind.

Ojos que no ven, corazón que se salta la señal de peligro. Aunque igual sí se ha dado cuenta de que estaba ahí, pero se ha hecho el loco, que de eso él sabe mucho. Ha subido el volumen de la música, se ha puesto a cantar a pleno pulmón y ha bajado las ventanillas para que entrarse todo el aire de fuera. Ha seguido todo recto sin mirar por dónde pisa, sin fijarse en si hay trampa. Por supuesto que hay trampa. Pero bueno, aquí estamos, y parece que se nos ha estropeado la marcha atrás. O el corazón prefiere que pienses eso. Que nada le interrumpa en su despeñamiento, no vaya a salir ileso. Él sigue, a toda velocidad, y se deja llevar porque lo contrario es más difícil. Qué sorpresa se va a llevar cuando vea que en vez de salir de un socavón, se ha metido en otro peor. No hay nada que le haga retroceder, pero tú buscas con desesperación una excusa que consiga distraerle. O convencerle.  Pero es que no hay manera. Ojos que no ven, cora...

"Love is stronger than death".

Soy del tipo de personas a las que le dicen "si quieres llorar, llora, no te aguantes, que luego es peor", y se aguanta. Y luego es peor. Otro día igual que hoy el cielo era de un azul precioso y el sol brillaba fuerte. No parecía darse cuenta de que una luz se estaba apagando, que era un día triste que merecía verse en blanco y negro. Hoy es un día igual que aquel, y el cielo es gris, y llueve, y sopla un viento que quiere arrancar las ventanas. Es un día furioso, desconsolado, triste.  Igual es que el cielo quería llorar hace un año y se tragó las ganas, aunque le dijeron que no lo hiciera. Igual no le gusta llover si alguien le ve, e igual por dentro tiene el corazón inundado. En tres días se nubló, tronó y escampó. Igual todavía no se ha dado cuenta de que por aquí ha pasado un huracán. Igual no entiende de dónde han salido estos escombros. Y sin embargo, en medio de tanta ignorancia, de tanto no entender, le tiemblan las manos, le tiemblan los ojos y...

Deseo de última hora.

Queridos Reyes Magos: Este año creo que me he portado bien, o al menos yo lo he intentado. Vosotros lo sabéis todo, así que imagino que habréis visto que tampoco es que lo haya tenido fácil. También es verdad que estas Navidades no os he escrito hasta ahora, y que probablemente en este momento estéis en pleno viaje por el mundo regalando ilusión, y es muy posible que no os llegue mi mensaje. Pero esta noche es mágica, y no he podido resistirme. Tengo en el centro del corazón un deseo muy fuerte, aunque de tan poco que lo pienso, parece hasta inexistente. Pero cada día, me quita un poquito de mi aire, me arranca un poquito de mi vida para mantener la suya. A veces duerme durante mucho tiempo y se me olvida, sin embargo luego abre los ojillos y me mira. A veces, de un manotazo lo aparto, subo el volumen de la música, camino más rápido y parpadeo muy rápido para que no me dé tiempo a pensar.  A veces las canciones me acaban taladrando la cabeza, me...

Fatal.

Qué mal lo de perderte. Lo de echarte de menos. Lo de quererte de más. Lo de que no haya vuelta de hoja. Lo de temblar. Lo de las lágrimas. Lo de las canciones de amor. Lo de este stand by . Lo de mi paciencia. Lo de tanta alegría. Lo de querer escaparme. Lo de la distancia. Lo de tropezar. Lo de esos planes. Qué mal lo que pudo haber sido y no, y qué mal que no se me olvide. Qué mal mi memoria y mi nostalgia, tal vez sin ellas tanto mal se volvería bien. Qué mal que yo no hablara por hablar, qué fatal que tú sí. Qué mal esto de quererte a estas alturas de la historia, cuando ya han terminado los agradecimientos y hasta el resumen de la contraportada. Qué mal mi impuntualidad; puede que esté llegando tarde a otro baile igual que llegué tarde al tuyo. Me colé por la puerta de atrás, casi como una Cenicienta que a día de hoy aún no sabe de dónde sacó aquellos zapatos. Qué mal que el hechizo terminara y los cristales se me ...

1893.

Cada fin de año es un punto de partida nuevo, como si no pudiéramos cambiar lo que está mal los trescientos sesenta y tantos días restantes. Pero incluso quién cree que cualquier día es un buen día para comenzar, el uno de enero hace balance de los últimos doce meses. Cada uno a su manera, supongo. Reconozco que mi balance es poco imparcial, que sólo tengo en cuenta las cosas buenas que han pasado. Pero es que en realidad son las únicas que vale la pena recordar, las malas no necesitan ser registradas porque no se olvidan fácilmente. Al pasar, hacia adelante y hacia atrás, todas las páginas llenas de tinta de colores y momentos bonitos, la vida parece un poco mejor. No debe ser tan triste si está llena de risas, de viajes, de libros, de triunfos, de aprendizajes, de canciones, de avances, de amigos, de fuerza, de valentía, de bacon y queso de cabra, de cielos azules, de tormentas de verano, de casualidades, de esfuerzo recompensado, de abrazos. De felicidad, en...