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Mostrando entradas de 2012

Casi trece.

Ya va tocando. Casi, casi nos toca decir adiós a un año que se va. Baja su telón para que uno nuevo nazca, florezca. Brille. Y, sin querer, empezamos a hacer balance de cómo han ido las cosas. De si hemos sido buenos o malos, de qué queremos cambiar. Hacemos esa típica lista de propósitos de año nuevo que sabemos que no vamos a cumplir. Miramos atrás. Sonreímos. Lloramos. Echamos de menos. Volvemos a sonreír, y queremos seguir haciéndolo. Quiero cielos azules y miradas verdes. Quiero Estrellas, quiero canciones, quiero a los de blanco y negro y carpeta en la mano izquierda. Quiero diecisietes. Quiero viajes en tren y que tú seas el destino. Quiero encontrar ese puzzle en el que encaje y quiero conseguir las cosas que quiero. Quiero caricias y besos y rosas. Palabras bonitas y momentos bonitos. Quiero un dos al lado de ese uno que ya tenemos. Te quiero. Porque este año, sí que sí, es el trece.

Itself.

Sólo  me acuerdo de tu mirada, y la sonrisa se me dibuja a sí misma en los labios. Igual que las caricias se escriben solas en tu piel con la tinta de mis dedos si tu voz me besa los oídos, si tus dedos también tiñen de caricias mi piel. Igual que los "te quiero" se cantan con su propia voz en el piano de nuestra boca. Igual que un beso se desliza entre el milímetro que nos separa y se besa solo. Igual que llevas tatuada la palabra siempre en la esperanza de tus ojos, y las olas del mar de mis pupilas responden otro siempre de espuma.

Uno.

Sabes de sobra que tu voz, tu mirada, tus caricias o tu risa bordan alas en mi espalda y e hacen volar, contigo. También el tiempo tiene de esas alas tuyas, y también el tiempo, mi tiempo, vuela contigo. Vuela, como vuela un año, como doce diecisietes. Como cada despedida y cada reencuentro, en ese orden. Vuela la sonrisa de mi boca, las tres arrugas en las comisuras de mis labios, vuelan también contigo por el cielo. Vuelan cuando las rozas, o cuando mi mano, en el bolsillo del abrigo, roza sólo una flor y no dos. Porque la otra va contigo y un beso.  Eres la melodía de una canción que se compone a sí misma a la vez que acaricia mis oídos, las palabras de esa historia que no terminará mientras haya una promesa que debamos cumplir, y una de nuestras promesas no se termina de cumplir nunca, porque se cumple siempre. Te quiero, Ricky.  17.12.11.

Conversaciones con la almohada.

Anoche, hablé con la almohada. Bueno, más bien, ella habló conmigo. Por una vez, ella tuvo la voz. Me contó lo que le gusta que confíe en ella y le cuente mis secretos, y lo poco que le gusta que haya cosas que sólo soy capaz de contarle a ella. Le encanta cuando la abrazo suave y tranquila, y odia cuando le abrazo fuerte de rabia. Se deleita cuando le roza la sonrisa de mi boca, pero aborrece las noches en las que se ve bañada de mis lágrimas. Le cautivan mis buenas noches que terminan con un "buenos días, princesa", y desprecia cada desvelo que termina con un despertar sin Sol. Le gusta que sueñe amor, pero no le gustan las pesadillas porque le asustan. Le encanta que recuerde momentos vividos, pero odia que un recuerdo acabe en llanto. A mí me gusta ella. Soporta mis sonrisas y mis llantos, mis recuerdos y mis planes, mis ilusiones y pesadillas, mis síes y mis noes, mis buenas y malas noches, mis buenas y malas mañanas.  También me gustas tú. Porque haces lo que l...

As two rose petals

A tres días de ti, yo hoy me muero de ganas de besarte... de verte y de besarte; tengo muchas, muchas, muchísimas ganas de besarte. Verte, correr a ti, besarte. Y después de eso yo... yo ya soy feliz. Tengo muchas, muchas ganas de vaciar las calles, de acariciar tu sonrisas con la mía, como se acarician dos pétalos de rosa. 

El cielo, mi cielo.

Brille el Sol, las estrellas, la Luna o el arco iris, bailen las nubes o llore la lluvia, siempre serás tú mi cielo. Tú, cielo. Tus ojos son el cielo que me ha enseñado a volar, muy, muy, muy alto, con alas o sin alas. Volar de felicidad, volar sonriendo, volar de tu mano, volar grande y fuerte. Volar tú y yo, nadie más y nada más. Volar besos, abrazos, caricias, amor. Volar siempre, volar pronto para siempre.

Juegos de mesa.

Todas las tormentas terminan por estallar. Y lo hacen por igual en una gran ciudad o en medio del desierto. Y yo rompo a llorar, y da igual si hay alguien para consolarme o mi única compañía son las lágrimas que caen en cascada por mis mejillas. Y miro a mi alrededor, y empiezo a pensar que no sólo soy una pieza en el puzzle equivocado, sino que, directamente, me he confundido de juego de mesa. Pero qué remedio, si es el único juego al que quiero jugar... me toca seguir jugando. Y me toca demostrar que voy a ganar.

"Make it count".

Contar las estrellas del cielo,  los lunares de tu espalda,  las olas del mar.  Contar los días para verte,  los besos que me das, las sonrisas que me arrancas.  Contar el cuento que escribimos, las lágrimas que evaporas, los silencios que haces tuyos. Contar los diamantes de la luna, los rayos del sol, los colores de cada amanecer. Contar tus " te quiero ", mis " te quiero ", nuestros " siempre ". Y hacer que cada uno de ellos cuente. "Haz que cuente" - Jack, Titanic.

Noche.

Noche. Despertarse como de una pesadilla, o peor, de un cuento. Dolor. Dolor de sentir que algo dentro de mí se rompe y me rompe, dolor de soledad y no poder pedirle a nadie que me agarre de la mano. Llueven mis ojos, de dolor, rabia y soledad. Pero de pronto, tú. Una caricia de tu voz susurra " shhhhh, tranquila, que estoy contigo; siempre he estado, siempre estoy, siempre estaré ". Un beso en la frente, un abrazo fuerte, y yo contra tu piel. Seguridad, tranquilidad. Paz. Siempre has estado, siempre estás, siempre estarás. La suavidad de las yemas de tus dedos frenando la lluvia que cae por mis mejillas desde mis pupilas. Y vuelvo a cerrar los ojos, vuelvo al cuento, contigo.

Pequeños poemas en prosa.

Y dicen que las estrellas desde aquí no se alcanzan pero si el cielo se refleja en tu mirada y yo lo sé, ¿qué pueden decir los demás? Y dicen que algún día todas las canciones se acaban y todos los latidos se apagan... pero si para mí eres como el aire para respirar, ¿cómo me voy a morir si me besas?

Hace once meses.

Hace once meses. Hace once meses. Hace once meses. Hace once meses empecé a ser feliz. Plenamente feliz. Totalmente feliz. Completamente feliz. Realmente feliz. Enamoradamente feliz. Feliz e incrédula corría a ti. Frío de Madrid, calor de tus brazos. Las ganas de besarte, de probar tus labios, y la timidez. Y tú, tu mano y mi mano. "Porque esta noche hay muchas cosas que celebrar". Un viaje al cielo en escaleras mecánicas, rodeados de rosas. Hace once meses, empezaste a hacerme la persona más feliz del mundo, y hoy lo soy más que nunca. Pero menos que mañana. Te quiero, R.

But now I'm found.

No sé. No puedo. Ya basta. Es imposible. Que no. Que no puedo. Da lo mismo. Es igual. Total... Tú. El brillo de cada una de tus caricias, la suavidad de cada una de tus miradas. Tú. El roce dulce de cada una de tus palabras, la luz de cada uno de tus abrazos. Tú. Tu foto al lado de la palabra "felicidad" en el diccionario de mi alma. Tú. La brisa del mar en cada una de tus carcajadas, el verde esperanza de tu mirada. Y si algún día me pierdo, búscame en el filo de la orilla de la Luna de tu sonrisa. Y me encuentras, con el brillo del sol pintado en los ojos.

Breve carta de amor ♥.

Amor: Eres mi "todo es posible", mis ganas para todo, mi fuerza y la razón de mi valentía. Eres una estrella que brilla entre mil, pero la única que necesito que lo haga. Eres por lo que daría todo, y por quién haría cualquier cosa. "Eres mi amor, mi cómplice y todo". Eres mi sueño de besos al lado del mar y besos bajo la lluvia. Eres todas las canciones bonitas. Fuiste, desde el 28 de junio del 2011, aunque ni tú ni yo nos diésemos cuenta; eres, desde el 17 de diciembre de 2011; y serás, toda la vida, mi Sol, el niño de mis ojos. Convirtiendo en mi lugar favorito del mundo aquel en el que encuentre tus brazos, tus labios, tus ojos, tus manos. Te quiero . 28.06.11 17.12.11 ... Y suma y sigue.

Every night.

Todas noches, como cada noche. Lo que me arropa es un beso tuyo en la frente, un " buenas noches, tesoro ", tu beso en los labios y un último " te quiero ". Cada noche. Da igual dónde estés tú y dónde esté yo. Sólo así, cierro los ojos de felicidad, al amparo de la Luna, que te adora. Así las estrellas me llevan contigo y te traen conmigo. Todas las noches, como cada noche.  " Every night in my dreams I see you, I feel you" - Celine Dion My heart will go on.

M de Magia.

Magia. Será así. Tu magia, evaporando las lágrimas de ayer para que llueva la felicidad de hoy. Tu nombre pintado de Luna y estrellas. Tu voz tumbando Lunas decrecientes para hacerlas sonreír. Tus ojos rozando los pétalos de mi alma. Magia, tiene que ser así. Amor.  La magia del amor. Y a mí, toda la suerte del mundo se me queda corta para contar lo que tengo sólo por tenerte a ti.

Hoy, la niña más pequeña del mundo.

Hoy, hace nueve años, fue la noche más triste. Hoy, hace nueve años, comenzó la historia de los cigarros que se consumen con el tiempo y cuyo humo empaña recuerdos de por sí escasos. Hoy, hace nueve años, tu vida, esa canción cuyo ritmo marcaste a golpe de baquetas y respiraciones difíciles, se apagó. Hoy, hace nueve años, me convertí en la niña más pequeña del mundo, frente a un siempre y un nunca demasiado grandes para ella. Hoy, hace nueve años, la niña más pequeña del mundo se quedó sola llorándole a la almohada canciones de incomprensión, desilusión y desconsuelo; llorándole canciones a quien le había dejado sola. Hoy, te echo de menos, y hoy vuelvo a ser la niña más pequeña del mundo, vuelvo a llorarle canciones a la almohada. Hoy pretendo no sólo llorarte canciones, pretendo hacértelas llegar. Hoy, no tengo prisa por ello, porque, para bien o para mal, todavía me queda mucho siempre por delante. 06.11.03 "Qué falta le haría otro ángel al cielo"  sí a mí aquí me ...

Away.

Sueños. De escapadas. "Llévame contigo. Cuando quieras. A donde quieras. Ahora. A donde sea. Los dos". Tú, yo, nadie más, nada más. Tú, yo, un puñado de sueños, de planes, de ganas, de "te quieros". Sin mapas ni destinos. Respirando tu respiración, besando tus besos, abrazando tus abrazos. Felicidad, ojos verdes, tu felicidad, mi felicidad. Nuestra felicidad, amor. Soñando nuestros sueños.

El verde esperanza del azul del cielo.

¿Has visto el cielo? ¿Las nubes? Es gris. Otoño gris de nubes grises y días un poco grises también. Pero fíjate mejor. ¿Qué pasa con esos trocitos de cielo azul? Tal vez sean pequeños, pero son del azul más brillante. Como zafiros que se salvan del polvo gris. Qué mas dará lo grandes o pequeños que sean tus trocitos azules, si son azules, si brillan azul cielo. Si brillan como tu sonrisa, la sonrisa que me vuelve loca. Si brillan frías como mañanas de diciembre, como el cielo de mis pupilas y la esperanza de las tuyas.

Piano.

Ese, no otro. Que suene a la madera de la que está hecho, a la tarima que lo sostiene, a las voces que  inundan ese aire cada mañana, cada mediodía, cada noche.   No suena a piano blanco, a notas limpias y puras. Suena a una tarde de pasar por allí. Suena a ti. Suena a canciones que, sin querer, le recuerdan al corazón lo que sentía en ese momento. Sonaba a querer, a querer poder, a no saber si querer y a no saber si querer poder. Suena a mí ese mismo día. Suena a risas que hace demasiado que no se escuchan. Suena, por un lado, a nostalgia, a querer que amanezca nublado sin saber si luego brillará el sol o no, a ratos de césped, a cinco. Suena, por otro lado, a un corazón encogido, a un cruce de caminos todos difíciles, a ojos que pretenden no decir nada y sin querer lo dicen todo distraídos en buscar la canción de otro camino. Por último, suena a " sé feliz ". Suena como si dijese " pude ser el principio, pero la historia la compones tú y el final puede no llegar si tú...

I need to hold your hand.

Suaves, cariñosas, dulces, tuyas. Tus manos. Viajeras en mi piel, presas de las mías. Arrancando notas a un viejo piano envuelto en aire inglés, apunto de arrancarme lágrimas, arrancándome el pánico escénico y arrancándome una canción. Arrancándome sentimientos, desgarrando el aire con caricias. Tus manos, enlazadas con las mías. Y que nunca, nunca se suelten, por favor. Y que nunca, nunca lo harán.

Me gusta. No me gusta.

No me gusta el hielo en las aceras, el tiempo inestable y el viento demasiado fuerte. No me gustan las agujas, los alfileres y las espinas que pinchan. No me gustan las arañas, las avispas y las abejas. No me gustan las mentiras, los ojos que lloran y la desesperación. No me gusta no entender nada, darle vueltas a folios en blanco y querer ver más detrás de cristales transparentes. No me gustan las noches sin Luna, los días de Sol que quema y los días sin ti. No me gustan las lágrimas de tristeza, los " adiós " sin futuros " holas " y los olvidos. No me gustan los arrepentimientos, los pasados convertidos en lastres y las sonrisas que se convierten en llanto. No me gusta que me digan qué tengo que hacer, cómo lo tengo que hacer y cómo tengo que estar. No me gusta que una canción se quede a medias. Me gustan los cielos azules, las nubes blancas que parecen algodón de azúcar y las noches de tormenta. Me gustan los sitios donde se ven muchas estrellas, la Luna llena...

Dos puntos, cierro paréntesis.

Incluso cuando los días caen por si solos, cuando la alegría hay que recomponerla a cachos como un puzzle roto. Cuando llueve pero la fuente inagotable de sonrisas está un poco seca. Incluso ahí, estás tú. Tú, haciendo que la distancia no se mida en kilómetros, si no en los milímetros que separan tus labios de los míos antes de un beso. Tú, consiguiendo que la palabra "cercanía" no se traduzca de manera literal. Tú, encajando uno a uno los trocitos de una sonrisa. De mi sonrisa. "Dibujé tu sonrisa junto a la mía, me dormí con tu abrigo en el sofá" 20 de enero, La oreja de Van Gogh .

We say "hello" cause we said "good bye".

Qué mal suena. " Despedida ". Suena a adiós , a no verse, a echar de menos. Sin embargo, entre tus besos, tus miradas, tus abrazos y tus brazos las despedidas tienen otra melodía, que las hace sonar diferentes. Suena a notas delicadas, a hasta pronto , a que pase el tiempo que pase, habrá un reencuentro. Habrá un día en el que volvamos a perdernos en nuestros ojos y encontrarnos en nuestros besos. Habrá un día en el que volvamos a estar en nuestro sitio favorito del mundo, allá dónde estemos, envueltos en un abrazo. Habrá un día en el que esa otra melodía cobre sentido, y convierta los " good bye " en delicados " au revoir ". Recuérdalo, las despedidas son parte imprescindible de los reencuentros, son parte imprescindible de la magia que envuelve cualquier estación de tren o autobús. Tú y yo no tenemos despedidas sin reencuentros, tú y yo tenemos melodías y magia.

"Lover" en inglés y danés.

Historias que se escriben con la tinta de los labios en el papiro de la piel. Verde y azul. Y bocas que soplan a la vez, el mismo deseo, sin decírselo. Promesas que reemplazan promesas que hablaban de miedo y ahora hablan de felicidad. Felicidad reflejada en una tercera arruga en las comisuras de unos labios que sonríen. Felicidad reflejada en el brillo de unos ojos verdes al reír. Rozando el azul del cielo y el blanco de las nubes con los dedos. Más promesas. Promesas de no rozar sólo las nubes, no sólo el Sol. Promesas de nieve de fuego. De " ¿de qué me sirve que sea otra persona a la que vea todos los días, si no eres tú? ". Promesas de sueños, luz, unión.

Little roller coaster.

Rápida, veloz. Tu sonrisa aparece y desaparece como un rayo, y llueven tus ojos. Pero llora bajito, sin hacer ruido, por favor, que nadie te oiga. Sube y baja, ríete de vez en cuando, gira una y otra vez, como una montaña rusa dentro de ti, que hace contigo lo que quiere. Y sin frenos. Socorro. Pero nunca te chocas, no te estrellas contra el suelo, no te hundes nunca. Sólo zozobras un poquito pero continuamente en lágrimas silenciosas. Y pides que, por favor, alguien lo pare. Que lo pare y nunca más se vuelva a poner en marcha.

Sweet fire.

Las caricias de los labios, los besos de la piel. Tú y yo, y la seguridad de la felicidad más brillante. Tú y yo, y nadie más y nada más. Tú y yo solos, en el universo entero. Tú y yo, con las estrellas entre nuestros dedos. Tú y yo, como el fuego más dulce. Las sonrisas de nuestros ojos. Los "te quiero" de nuestra mirada.

Bella.

-Ah, me olvidaba decirte que... -Dilo. -Que tengo unas ganas de hacerte el amor que no te puedes imaginar. Pero esto no se lo diré a nadie, sobre todo a ti. Deberían torturarme para obligarme a decirlo. -¿A decir qué? -Que quiero hacer el amor contigo, no una, sino cientos de veces. Pero a ti no te lo diré nunca, sólo si estuviera loco te diría que haría el amor contigo aquí, delante de tu casa, toda la vida.  *** -¡Buenos días, princesa! He soñado toda la noche contigo. Íbamos al cine y tú llevabas ese vestido rosa que me gusta tanto. ¡Sólo pienso en ti, princesa, pienso siempre en ti! Y ahora... -¡Mamá! Papá me lleva en carretilla, pero lo hace fatal, me hace morir de risa. Vamos los primeros, ¿cuántos puntos tenemos hoy, papá? *** Bellísima. Sobre todo contigo, sobre todo abrazada a ti, la vida es bella, realmente bella.

Punto y seguido.

El mundo es grande, y dice demasiado.  Dice que es imposible, dice cuándo las cosas no valen la pena y cuándo una causa está perdida.  Dice que toda frase tiene un punto final y reniega de los puntos y seguido. Dice que las locuras empiezan escribiendo su fracaso. Supongo, entonces, que estaré loca, y mis locuras conmigo.  No existe distancia que esté demasiado lejos si tengo un abrazo para ti. Esta historia está plagada de puntos y seguido que cosen cada "antes" con su "después". Hemos dejado los "tús" y los "yos" atrás, en el "antes" enamorado de ese "después" a partir del cual sólo escribimos "nosotros". Y que sea una locura si lo es, porque es la locura más bonita del mundo. Además, ahora el mundo, de hecho, es nuestro si queremos.

Those crazy little things.

Pequeño. Chiquitito. Y tan lleno de todo. Es curioso como algo tan pequeñito, tan aparentemente tan insignificante, consigue tantas cosas. Algo chiquitito que hace que lluevan grandes recuerdos, algo chiquitito que enhebra grandes historias, algo chiquitito que pinta grandes sonrisas. Algo pequeño que escribe grandes cuentos de hadas, algo pequeño que canta grandes canciones que hablan de amor, algo pequeño que traza grandes besos aunque sean también pequeños.  Algo tan pequeño que te dibujó en la cara la más grande de las ilusiones, algo tan pequeño que le dio a tu corazón el impulso para dar el latido más fuerte. Algo tan chiquitito que le dio a tu boca el valor para decir las palabras más grandes. Algo tan aparentemente insignificante que lo significa todo.

Ti voglio bene.

Tú.  Tu voz al teléfono entrecortada y mi voz que se quiere entrecortar. Yo. Mis ojos azules que echan de menos el verde de los tuyos. Nosotros.  Nuestro diecisiete y nuestras rosas y nuestro beso. ¿Sabes? Te quiero. Te quiero mucho. A ti, que me lo das todo con sólo una mirada. De pronto, te digo que te quiero y mi mente pide "¡bésame!". Bésame. Pronto. Y abrázame. Fuerte y dulce. Te necesito. Te quiero. Lo primero por lo segundo.  Tú. Yo. Nosotros.

Ego sum.

La del veintisiete de diciembre (fun, fun, fun). La del peluche de Minnie. La que lloraba en la guardería, la que lloró el primer día de colegio. La amiga de la de los calcetines blancos. La que escribía cartas a los cinco años. La que hizo de una carta rota la raíz del miedo a decir lo que sentía. La que estaba enamorada de Peter Pan y le invitaba a su cumpleaños en sueños. La que quería un perro. La que quería ser veterinaria de los delfines del zoo. La que aprendió a leer enseguida. La que devoraba libros sobre animales. La que creía en las hadas y los cuentos sobre princesas. La que se creía una princesa con vestido. La que sentía pánico por Maléfica. La que voló a París para ver a Dumbo, Aladdín, Mickey y Bella. La que volvió de París con un dálmata de peluche bajo el brazo. La que escribía cuentos y soñaba con escribir un libro. La de la falda de cuadros granate y el jersey verde. La que se enamoró de la Alhambra. La de los ojos ¿azules, ver...

Feuilles d'automne.

El día se despierta soleado, y el viento ya empieza a revolver todas las hojas del suelo. Y tus propias hojas también, como una marea que sube y que baja, meciéndote a su merced, sin cuidado ni un poquito de piedad. Vuelas un poco, apenas rozando el suelo, para que el aire te impulse, subas, llegues a las copas de los árboles y, súbitamente, te estrelles contra el asfalto. Y ya desde el suelo, cuando no hay viento que te levante para volverte a hacer caer, llueve. Llueve. Por fin, llueve. Por fin la lluvia vuelve, por fin el agua cae del cielo, por fin las nubes lloran un poquito para que tú no llores más. " Deja que te moje la lluvia, deja que se lleve tus penas ". Es ella, ha vuelto contigo. La lluvia, el olor a otoño, a hierba mojada. Y tú, pequeña hoja de árbol caída al suelo, te empapas de agua, te refrescas y no hay lágrimas. Deja de llover y el sol está escondido, pero está la Luna brillando por él, y él brillando en los ojos de ella.

Lluvia de ideas.

Miedo. Pasado. Cadenas. Lastres. Arrepentimientos. Telones bajados. Luces apagadas. Si las sonrisas del pasado estuvieran destinadas a ser las lágrimas del futuro, entonces nada valdría la pena y todo estaría abocado a convertirse en un cuchillo que nos vaya a herir. Sabemos que no es así, pero es más fácil creerlo y culpar a ese algo invisible que hace que ocurra. Miedo. Futuro. Desconocido. Por descubrir. Nuevo. Soledad. Multitud. Demasiadas luces encendidas. Crecer. Crecer es bueno si sabemos de vez en cuando volvernos un poco niños aunque sea un ratito, pero volvernos un poco niños aunque sea un ratito es fatal si no sabemos cuándo dejar de serlo. Y si nos da miedo mirar hacia adelante. . . Tal vez sólo haya que ser un poco niño otra vez y recuperar el entusiasmo y la curiosidad por las cosas nuevas. Sueños. Amistad. Despertar. Realidad. Frustración. Comienzo, ganas, intriga, ilusión. Te despiertas y se evaporan. A veces despertarte en mitad de un sueño supone casi una s...

Speeches of silence.

Te quiero. Pero a veces, para decir las cosas más bonitas se nos quedan cortas las palabras, y es cuando tenemos que echar mano de los besos, de las caricias, y de esos ojos que tienes que me vuelven loca, que son como mi aire, porque los necesito. Como a ti, que te necesito para respirar, y te necesito para ser feliz. I need you, cause I love you.

Nightmare.

¿Qué? No, no puede ser. Miedo, y angustia, y pánico. "Por favor, no, por favor, hazlo por mí". Más miedo, alguna lágrima y correr. Correr, correr más; rápido, sin pensar, y llorando. Y más tarde, la voz de un hada madrina suena en tu cabeza y te dice "no lo dejes nunca". Nunca. Y todo pánico, todo miedo, se transforma en la angustia de no llegar a tiempo, de bajar unas escaleras que nunca terminan, de una espiral eterna que te retiene y te aleja del abrazo que necesitas como el aire.  Y apenas a dos pasos de ese aire despiertas, con esa inconsciencia que no te deja distinguir una pesadilla de la vida real. Tranquila, respira, todo es mentira. Todo. Salvo ese abrazo tan necesitado. Ya pasó. Tranquila. Sólo hacen falta las palabras adecuadas, que actúan como abrazo igual. Y esas palabras siempre llegan. Siempre, porque nunca dejarás que se vayan, porque no podrías vivir sin ellas.

El brillo de tus besos.

-Es increíble: lo mucho que nos queremos, lo bonito que es todo, lo bien que estamos, la de cosas que me haces sentir incluso a pesar de la distancia... -dices. Te beso, y respondo: -¿De qué distancia hablas? Y sonríes. Cómo me gustan esos momentos. En los que no hay nada, absolutamente nada, entre nosotros. En los que sé que un leve roce entre mis labios y los tuyos basta para que el tiempo lejos de ti se haga menos, para que estés a mi lado sin estar. Y ya lo estás siempre. Me gustan cuando te brillan los ojos, como las estrellas más bonitas del cielo, cuando te brillan verde esperanza. Cuando te brillan "te quiero", o cuando te brillaron "no me olvides".  Así, tus labios y tus ojos son esas perfectas tijeras que recortan a besos y brillos ese trozo de tierra a pesar del cual, tú siempre estás aquí y yo siempre estoy allí.

Brave words.

Imagen
Palabras, que se escurren entre los dedos como el agua, que vuelan por el viento como hojas de árbol, que acarician la piel como los rayos del sol. Palabras como espejos del alma, del corazón, de la mirada.  Palabras vergonzosas que se esconden detrás de un roce de manos, como una caricia entre dos pétalos de rosa; palabras tímidas ocultas tras el brillo de unos ojos, como una estrella que brilla entre mil; palabras valientes que saltan de unos labios buscando el beso del aire. Palabras que por fin vuelan del corazón de quien ama a los oídos del amado, transparentes como el cristal, temblantes como la superficie de un lago. Palabras que no saben si volverían a tener el valor de volar, palabras que parecía que nunca lo harían.  Pudieron ser palabras vergonzosas, pudieron ser palabras tímidas,  pero nunca llegaron a cobardes. Porque sobre todo, fueron palabras valientes.

Gracias, y lo siento.

No sé cómo lo haces, y te prometo que a cada segundo le doy gracias al cielo porque lo hagas, porque tengas esa paciencia inquebrantable. Gracias, y lo siento, porque sólo por lo mucho que te quiero y lo mucho que me quieres eres el receptor directo de todo lo que me pase, bueno o malo, tengas la culpa o no, y nunca la tienes. Gracias, y lo siento, porque no es justo y lo sé. Te quiero, muchísimo, y sé que cuando leas lo que escribo me vas a responder un "pero si no pasa nada, boba". Porque eres un cielo, un sol, mi Sol y porque cada día contigo es como un ramo de diecisiete rosas. Una vez más: gracias, lo siento, y, sobre todo, te quiero.

Vamos a por el catorce.

Tú y yo, que ya nos hemos enfrentado a brujas, cazadores, momias, esqueletos, inundaciones imaginarias, historias, cuentos, amores y desamores, risas, lágrimas, deberes, pinturas de colores, muñecas, locuras, tonterías, pérdidas, encuentros, montañas de apuntes, fiestas, tacones, canciones. . .  Tú y yo, con nuestro "13", nuestro veintisiete de diciembre, nuestras cosas, nuestra vida. Tú y yo, siempre las dos, siempre juntas, durante trece años. Ahora nos toca cambiar, empezar el año número catorce de una manera distinta, menos juntas, tal vez, más en el aire. Pero mis alas tienen de tus plumas, y algunas de mis plumas están en tus alas. Así vamos a volar este año, y los que vengan: gracias a lo que nos hemos dado, y gracias a lo que nos queda por darnos.  TW.

¿Sabes?

¿Sabes? Te quiero.  Como cada pájaro a esa ráfaga de aire que le ayuda a volar hacia adelante. Te quiero y quiero tus ráfagas de aire para seguir volando hacia adelante, de manera que ninguna tormenta me lleve siquiera a mirar atrás. Es más, quiero dejar de ser pájaro y ser aire también para surcar el azul del cielo sin tener que posarme de nuevo en el suelo. Te quiero y quiero el verde de tus ojos, las caricias de tus labios y los besos de tus manos. Te quiero y quiero perderme en tu mirada y encontrarme en tu boca, en tus abrazos. ¿Sabes? Te quiero.

Trece veces "presente", diecisiete veces "futuro".

Luces, colores, cielo, estrellas, pólvora. "¿Ves los fuegos artificiales? Pues eso pasa en mi interior cuando me besas". Más abrazos.  Lágrimas, temblores, frío, nervios; y abrazos, besos, "te quieros", amor. Tu tranquilidad, como siempre. Tú, que me envuelves; tus caricias, que me elevan al cielo; tu voz, que me calma; tus ojos, que me dan el aire con el que respirar. Tú, tú, mi vida. Nuestros trece presentes y diecisiete futuros.  Te quiero.

Aquí, conmigo.

Es increíble, eres increíble. Incluso cuando ni yo puedo conmigo, cuando todo da vueltas y nada está en su sitio, cuando sé que voy a empezar a delirar, incluso cuando yo me abandonaría, tú estás aquí. Abrazándome por la espalda al irme a dormir, cuidándome toda la noche de cualquier mal sueño, espantando cualquier miedo. Estás aquí, con tantos kilómetros de por medio, estás aquí, y quien no quiera entenderlo que no lo haga, porque tú estás conmigo, aquí, en cualquier parte, siempre. Eres tú el que me levanta, o el que me sirve de apoyo para no caer. Eres las estrellas que se ven incluso cuando el cielo está nublado; eres el cielo mismo. Eres el Sol, mi Sol, siempre brillando allá donde esté.  Eres esos ojos verdes que con tranquilidad, paciencia y cariño me quieren, me cuidan, me besan y abrazan. Siempre. Siempre, aquí, conmigo.

Me adoras.

De repente, lo piensas. Me adora. Tu cabeza lo grita. Me adora, me adora.  Te dices que lo sabías, claro que lo sabías, cómo no ibas a saberlo. Pero suena tan fuerte, me adora , tan conciso, me adora , tan perfecto, me adora , tan feliz, ME ADORA.  Y te lo repites ( me adora, me adora, me adora ), mil veces, sin sentirte egocéntrica, sin  sentirte mal por ello, porque lo sabes, porque es así, y porque te hace feliz. Me adora, me adora, me adora.  Y le adoras, y tanto que le adoras, mucho, mucho, muchísimo. Demasiado no, porque nunca es demasiado.  Te adoro, me adoras.  Y así las comisuras de mis labios bordan una sonrisa que quiere coserse con la tuya. 

A slice of seventeen.

Me acuerdo de los nervios, de las ganas, de las prisas. Me acuerdo de haber cogido el tren a Sol, y el Metro hasta Retiro, de correr por los pasillos de las estaciones con el corazón acelerado, y de subir las escaleras sin apenas poder respirar. Cuando llegué arriba, miré alrededor, porque no sabía por dónde podías venir, y miraba el reloj, cogiendo aire poco a poco, recuperando el pulso. Y entonces apareciste, doblando la esquina, acelerándome la respiración, el pulso, las piernas y la mente, mientras el resto del mundo se ralentizaba. Eché a correr y echaste a correr, como en una carrera eterna, hasta encontrarnos abrazados, en silencio, respirando muy fuerte y muy rápido para recuperar el aliento frente a la Puerta de Alcalá. "Hola, hola" dijiste, mientras yo te abrazaba, te sentía, te respiraba. Paseamos, cogidos de la mano como si no pasara nada. "¿Y si te cojo y te tiro a la fuente?" bromeaste, y te pedí que no lo hicieras, que había espinas alrededor y...

Some days, some nights.

Hay días, y días. Hay días que sonríen y otros que quieren hacer llorar, aunque no existan motivos. Se los inventan, sólo porque llevas mucho tiempo sin tenerlos. Y, de repente y sin razón, los ojos se empapan, y una lágrima resignada te cruza la mejilla, pidiéndole a las demás que no la sigan, que no vale la pena. Hay días de llamadas de teléfono que invitan a la tranquilidad y los cielos estrellados. Y hay días que se vengan por haber querido llorar sin motivo, y entonces te dan uno. Pero sacas fuerzas incluso del aire para no hacerlo, aunque sientas que los oídos te van a estallar y tus ojos sean bombas de relojería llenas de agua. Y luego, hay noches que arreglan todos esos días. Hay noches de verbos en plural y en futuro, hay noches de tranquilidad con nombre y apellidos, hay noches de ojos verdes que abrazan a distancia con sólo cerrar los ojos. Hay amor, y noches que le ponen alas a esos días que se han estrellado contra el suelo. "Hay noches estrelladas y días que ...

Summer starlight.

Noche de verano, noche estrellada. Noche de mirar al cielo y sorprenderse, noche de compararlo con una alfombra negra manchada de purpurina plateada. En la vida había visto tantas estrellas brillando, parpadeando a la vez. Y de repente, un soplo de aire fresco me hace buscar algo que me pueda arropar, y me lleva a un sueño soñado despierta. De repente, ese soplo de aire me lleva a ti, abrazándome y mirando ese cielo manchado de purpurina conmigo. Me abrazas, muy, muy fuerte, y muy, muy dulce; igual que el algodón de azúcar. "Te quiero", dices; y "te quiero" contesto. Y nos besamos, bajo un cielo manchado de purpurina que parece sonreír y sonríe al beso. "Te quiero" dicen tus ojos; y "te quiero" contestan mis labios. Te quiero, repito.

Dream, dream, dream.

Soñar. Todos soñamos, todos queremos soñar. Soñar cosas bonitas, soñar futuros, soñar cuentos. Y cuando nos despertamos, seguimos soñando despiertos, imaginamos. Imaginamos abrazos, imaginamos sonrisas, imaginamos sueños. Soñamos ilusiones, nos imaginamos ilusiones. Y soñamos e imaginamos a esa persona especial que nos ilusione, que nos llene la vida de la magia de la ilusión. Y tú. . . no es que sólo me ilusiones, no es que sólo me hagas soñar. Es que me haces soñar, y luego, cuando me despierto, los sueños siguen siendo reales, siguen estando vivos. Vivos como un beso. 

Hay días que ríen.

Hay de todo: días buenos, malos, tristes, que lloran, que llueven, soleados, que brillan, y días que sonríen y hacen sonreír. Así, sin motivo alguno, porque sí. Hay días en los que no ocurre nada pero puedes ver todo lo que pasa los demás días, de lo increíblemente perfecto que es todo, en cualquier sentido. Y qué sensación más increíblemente perfecta. Hay días en los que ni el calor puede evaporar la alegría, ni el cansancio dormir la felicidad. Hay días que no pueden sino mejorar, y además lo hacen. No a lo grande, sino por pequeñeces que se antojan grandiosas y geniales. Hay días en los que sabes que eres feliz, y por ello lo eres aún más, y te niegas a abandonar esa felicidad. Nunca, nunca, nunca. Hay días que se cierran con un "dos puntos, cierro paréntesis :)".

Verano.

Una vez más, verano; como cada agosto, verano; como cada año, verano. Tarde de verano, tarde de asfixiante verano. Tarde en la que los rayos del sol son casi puñales ardientes. Tarde de pensar en el verano, de saber que es verano, de saber qué es verano. De saber qué era y de saber qué es ahora. Verano. Podía significar un cambio, grande y vertiginoso, como una montaña rusa que aterroriza y luego calma para aterrorizar después. Para dañar con tanto terror.  Podía significar esperar, estado de espera, " stand by ", descanso, paciencia, temor, celos a las olas del mar pero también felicidad porque, después de todo, la vida está en pause y el corazón pidió vacaciones porque decía que no aguantaba más mentiras. Significó de nuevo un cambio, grande y vertiginoso, como una montaña rusa que aterrorizaba, más si cabe, para luego calmar, y volver a aterrorizar. Y dañar, con suavidad, de esa manera que el invierno, con caricias de pétalos de rosa sabe curar con infinito cuid...

Eight seventeens.

Ojos verdes, ojos azules.  Una canción, o varias, que arranquen sonrisas de labios que se regalan caricias como besos. Un cielo de estrellas que cose tus brazos a los míos, que se regalan amor como abrazos. Un mantel que encuentra nuestras manos entrelazadas, que se regalan rosas como caricias. Y así, le arrancamos viento y besos al tiempo, cosemos días y felicidad, y encontramos vida, sonrisas, abrazos, caricias y rosas.  Te quiero, ojos verdes. Te quiero.

Hablándole a la Luna un rato.

¿Cuánto hace ya? ¿Tres años, cuatro? Desde la última vez que me asomé a una ventana abierta a las noches de verano madrileñas, pidiéndole a la Luna que le mandara un "te quiero" mío. Cómo cambia todo. De hecho, casi parece que no es la misma Luna. Desde luego los "te quiero" no lo son, y yo misma creo que tampoco. Ni él. La Luna y yo nos permitimos esta noche el lujo de echar la vista atrás y comparar. Ni si quiera sé si a aquello que pudiese llegar a sentir hace tres, cuatro años, se le puede llamar amor, ni si puedo decir que le quería. Imagino que quería aquello que me había imaginado de él, quería a una persona dulce, que me cuidaba y me quería. O, simplemente, quería a una persona que estuviera a años luz de esa realidad desconocida. Nunca lloré por él, ni por su estupidez, ni por la mía; simplemente dolió, pero en realidad, un par de corcheas, una clave de Sol y una sonrisa ligeramente arrogante adornada con ojos verdes se llevó el dolor sin esfuerzo. Y...

Useless promises.

-¿Puedes prometerme una cosa? -Claro, ¿cual? -Prométeme... un pato con cabeza de cocodrilo. Y me lo prometiste, aunque no vaya a servir para nada nunca, porque será de esas promesas de las que nunca haga falta echar mano. Nuestro particular "pato con cabeza de cocodrilo", tu "prométeme que no me vas a olvidar" de hace un año, nuestras promesas en silencio de besos, nuestras manos debajo de un mantel. Te quiero, te quiero, te quiero. Y gracias, gracias, gracias.  Por prometérmelo, por quererme, por ti, por cada beso, caricia o abrazo, por todo tu amor, por cada manera de demostrarlo, por cada "siempre", por cada diecisiete, cada reencuentro y cada despedida. Por cada canción, sitio o frase que hayamos hecho nuestro. Te quiero, te quiero, te quiero. Y gracias, gracias, gracias.

Siempre, siempre viento.

A veces, hace falta estar a varios miles de kilómetros de altura, recordando aquella otra ocasión a varios miles de kilómetros de altura en la que no querías que el vuelo terminara, para darte cuenta que a veces, simplemente el hecho de volar, por muy alto que sea, por muy realizados que veamos nuestros sueños, no basta: Porque todos los aviones acaban aterrizando, todos los pájaros vuelven a posarse en una rama, y todas las hojas de los árboles terminan por dar con el suelo. Sin embargo, el viento siempre, siempre sopla; el viento siempre, siempre vuela. Como una brisa suave, como una caricia tierna, como una palabra dulce. O como una ventisca salvaje, como un huracán apasionado. Pero siempre, siempre soplando; siempre, siempre volando. Por ello te propongo hoy no ser uno de esos aviones que después de volar termina aterrizando, ni uno de esos pájaros que vuelve a posarse en una rama. Tampoco quiero que seamos una hoja de árbol de esas que terminan dando con el suelo otra vez. ...

Madrugada de un 17.

Esta noche recuerdo muchas cosas. Recuerdo despedidas y reencuentros.  Recuerdo hace apenas un día menos de un año; una noche de despedidas con  M&M'S , risas, amigos y las lágrimas que sabían que  íbamos  a tardar en vernos, abrazos de amigos y promesas de no olvidarse.  Recuerdo hace apenas un par de días menos de un año; un día de más despedidas y más lágrimas, estas con la posible certeza de no volver a vernos, abrazos que te susurran " don't cry " mientras también lloran, y trayectos en autobús que sientan como una agonía, mientras dejas una cuidad atrás. Recuerdo, de ese mismo día, un trayecto en avión en el que mezclamos risas, " prométeme que no me vas a olvidar " y la capacidad de aguantar las ganas de llorar. Y, una vez más, otra despedida. Por último, recuerdo una mañana, hace apenas siete meses; una mañana de nervios, carreras por los pasillos del Metro de Retiro, de recuperar el aliento, de volver a correr, de abrazos, de paseos, de ...

A lo mejor.

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A lo mejor, te quiero. De hecho, creo que te quiero. Te quiero, mucho, fuerte, dulce, suave.  Fuerte y dulce como el algodón de azúcar, como un abrazo después de meses sin vernos, como una miradas de esas que hablan, gritan y besan.  Suave, como las caricias que recorren mis mejillas, como los abrazos que llenamos de ternura, como un beso de esos que tenemos durante mucho tiempo guardados. A lo mejor te quiero, y a lo mejor te necesito como necesita la Luna al Sol para brillar; de hecho, creo que te necesito así. Y nunca me había parecido más bonito el significado de creer que cuando crees algo con todas tus fuerzas, cuando crees de esa manera que te hace sentir capaz de mover montañas y devorar kilómetros. Cuando crees, quieres y necesitas de esa manera.  Por eso: creo que te quiero, y por eso mismo creo que te necesito.

Fire.

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Que se extiende, se propaga como una plaga, que corre y vuela como una ventisca. Así es el fuego que tendría que incendiar las noches. Que arda la noche, que arda el asfalto, el calor. Que ardan las nubes y que arda también el cielo.  Que el fuego devore cada milímetro del mundo, que ardan las suposiciones, que alumbran los temores, las malas caras, las lágrimas, y que ardan también esos temores, malas caras y lágrimas. Que los recuerdos dejen de ser lastres para ser simplemente nuestra vida, que no nos arrepintamos de nada que nos ha hecho felices, que ardan las cadenas que nos anclan al pasado, nos privan del presente y obstaculizan el futuro. Que ardan todos esta noche.

Perderse.

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Pasa a veces, nos pasa a todos. Perdemos los nervios, la cabeza, nos perdemos a nosotros mismos. Tú no te pierdas, déjame que te ayude a no perderte. Estoy ahí, a tu lado, a sólo unos pocos kilómetros que no significan nada. Estoy dándote la mano, muy fuerte, para evitar que te pierdas, y si lo haces, nos perdemos juntos. Piérdete en mis ojos y encuéntrate en mis besos, que yo podría vivir perdiéndome en tus ojos y encontrándome en tus besos. Pero juntos, siempre juntos, amor. Y cada vez que sientas que pierdes los nervios, que pierdes la cabeza, que te pierdes sin mí, frena. Porque te estoy abrazando, con un beso de buenas noches y un te quiero. 

Noches de recuerdos y futuros.

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De la mano o abrazados, qué más da. Nos reímos, nos besamos, nos queremos, hablamos. Miramos al cielo, miramos las estrellas, y me intentas enseñar alguna constelación. ¿Qué me importarán a mí las constelaciones, si tus ojos son las estrellas más bonitas del universo? Más abrazos, más besos, más risas. Tranquilidad y un silencio que sólo rompen el agua al pasar, y nuestras voces, que se quieren y se lo dicen. Esas voces también recuerdan; recuerdan hace apenas un año, lo que no pasó entonces y pasó después, un diecisiete que huele a rosas. Pero las voces también miran hacia adelante y se dicen que quieren seguir siempre juntas porque, repiten, se quieren. Se vuelven a abrazar, muy fuerte; se besan, con amor.  Corren, se ríen, saboreando un poco de locura. Se quieren un poco más que hace apenas un par de segundos, pero menos que un par de segundos después. Noches de estrellas, voces, y "te quieros".

Rayando mi Sol.

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Desde el 28 de junio de 2011: el chico de la cruz, el de "tómate un Ibuprofeno por si acaso", el que lo pasó fatal con el punting , el de los bolis de tinta negra, el de Green Day , el de las baquetas de M&M'S , el de la habitación grande, el que mezclaba los zumos, al que se le olvidaban los tickets de la comida, el del piano, el que cuando le dije " ¿me puedes dar un abrazo? " me lo dio, el que me ha cuidado todas las (numerosas) veces que me he puesto mala, el que se llevó el pánico escénico y empezó a hacer que todos los jueves fueran " Jueves ", el del número trece. Desde el 17 de diciembre de 2011: el de los ojos verdes, el Sol de su Luna, el de la Rosaleda, el de los besos que vacían calles, el de Puebla de Sanabria, el de las cartas debajo del árbol de Navidad, el de las cartas sorpresa en San Valentín, el de las sorpresas que celebran seis meses de amor y un año de amistad, el de los toques de buenas noches, el de los " te quiero, te...

Time goes by.

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Casi, casi, ha pasado un año desde que con un poco de locura y otro poco de no saber lo que estaba haciendo, cogí un avión con una maleta para tres semanas. Hace casi un año alguien llamó a la puerta de mi habitación cuando yo me sentía un poco sola, un poco perdida. Y ese alguien, con C de corazón, con C de cielo, con  C de cariño, se quedó, para las tres semanas que seguían. Se quedó, con la R, las dos A y la S que la acompañaron. Que recorrieron juntas las calles de Oxford,  riéndose , cuidándose, queriéndose mucho. Prometiéndose no olvidarse.  Hace casi un año nos contagió la locura danesa de una rubia, la ternura de una chica altísima que andaba sólo con calcetines y las bromas suecas de un "torero" de ojos azules. Hace casi un año del acento sevillano y del acento londinense de dos hermanas mayores. Del piano blanco de un escaparate y del piano que se llevó el miedo escénico. Hace casi un año de pedir billetes de autobús al city center . Hace un año del ' this...

Ojalá me equivoque.

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Ojalá no viera las cosas tan claras, tan fatalmente claras, tan claras como nunca pensé que podrían verse. Ojalá explotase todo de una vez, ojalá explote ya. Ojalá este límite no dé infinito, y ojalá todos vieran las cosas con la misma claridad con que las veo yo. Ojalá la sal del mar deshiciese las vendas que ciegan los ojos, y ojalá el viento de algún acantilado de las pudiera llevar. Ojalá optases por ser feliz no sólo a ratos. Ojalá explote de una maldita vez, porque al final acabaré explotando yo.

Lo que yo quiero.

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Lo que yo quiero es que cada mañana me despierte tu " buenos días, princesa ", que me abras las botellas de agua porque yo no puedo, que me prepares sorpresas y yo te odie porque me avisas con tres semanas de antelación, dejándome intrigada.  Lo que yo quiero es tu tranquilidad, mirarte así como dices que yo te miro, y que me mires así como tú me miras. Lo que yo quiero es la esperanza de tus ojos, el amor de tus manos, las caricias de tus besos. Lo que yo quiero es saber que no puedo vivir sin ti, pero sin tener que demostrarme lo contrario nunca, porque nunca haga falta. -No puedo vivir sin ti. -Sí puedes. -Sí, pero no quiero. Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven - Albert Espinosa.

Antes de arrancar el último post-it.

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Ya huele: huele a mar, a sol, a arena, a cielo azul, calor, cloro, piscina. Huele a Retiro, Feria del Libro, Gran Vía y frapucchino . Vestidos, camisetas de tirantes y pantalones cortos. Sandía. Despertadores apagados, pelis por la noche. Viajes, trenes. Tú, yo. Fotos rayando el sol, fotos de rosas. Rosaleda. Listas de cosas que quieres hacer, de las que cumplirás la mitad, esa mitad que disfrutarás al máximo. Helados de chocolate y abrazos. Horchata y besos. Verano, y ganas infinitas. Tú, y te quiero.

Tranquilidad.

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Que viene, y se va, y no parece que quiera volver. Un poco de nervios, un poco de verlo todo negro y una llamada de teléfono. Una llamada que sienta como un abrazo, como un beso. Un poco de confianza en mí misma, de parte de quien confía más en mí que yo. Y de repente todo cambia, los nubarrones se apartan y brilla un poco el Sol, cada vez más, a cada palabra más. No hay negro, hay azul, cielo azul, y verde, ojos verdes. Tranquilidad del color de tus ojos, y con el sonido de tu voz. Tu tranquilidad. Tú.

Les choristes.

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Los míos, los de mi corazón. Los de los ensayos de locura, los de las bromas, los chistes, las risas. Los de blanco y negro, los de la carpeta en la mano izquierda. Los de las cenas escandalosas. Los que "viven en costera", los que "aman los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón". Los que ponen voz al oboe de Gabriel. Mis acordes cotidianos. Los que cantan hasta quedarse sin voz. Los de los conciertos de Navidad, los de los conciertos de fin de curso. Los que quieren que Juan Carlos se lo saque (el diapasón), nos dé un Si y nos ponga a tono. Los que vienen a recoger su imagen, pero son mejores que todas sus imágenes. Los mismos que hacen que quien escribe esto ahora se emocione, igual que se emocionó ayer. Los que llenan de alegría cada jueves, cada miércoles, de dos a tres de la tarde. Esos, los que regalan música, porque "la música es así, fiel y sincera de por vida". A esos, gracias, muchas, muchas gracias.  Thank you for ...

Límite igual a 3... 2... 1...

Y entonces, explota. Porque es inviable, insostenible, inaguantable, imposible, incontenible. No da más de sí y explota, así de simple. Explota, como hace todo aquello que se tensa demasiado. Y explotará, tenlo por seguro, que explotará y te salpicará a ti, sobre todo a ti, por ser la mecha que lo ha ido encendiendo todo.  Explotará, y yo estaré allí para secar las lágrimas de quien tenga que llorar, y para que termines de tener claro que sí, es por ti. Tú, que has llenado esta olla a presión. Tú, que pretendes controlarlo todo. Espero que todo escape de tu control algún día, que tu olla llegue a ese límite sin vuelta atrás, y encuentres tu nombre en estas palabras.  Lo único que lamentaré en ese momento, será que las cenizas no sólo te mancharán a ti.

City.

Ganas, impaciencia. De Madrid, Sol, Retiro, Feria del libro, Gran Vía, Recoletos, Cibeles, Puerta de Alcalá, Templo de Debod, Plaza de Oriente, San Ginés, Plaza Mayor, Arenal, Atocha. Acabar agotada y querer más. Más Metrópolis iluminado por las noches, más azoteas, más luces. Músicos en la calle, encanto. Vistas bonitas, de contrastes, de ciudad. Césped, rosas, asfalto, tejados. Coches. Lady Madrid. Princesa. De Madrid al cielo. Y del cielo a cualquier lugar.