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So, goodbye, 2011.

Querido 2011: Te vas. ¿Qué pena, no? En realidad no lo sé. Has sido tan terriblemente raro... Empezamos con el propósito de no cumplir ningún propósito de Nochevieja, y el único propósito de Nochevieja que tenía era que ganase el "y si..." de una vez. Y no lo cumplí. No cumplí el propósito de no cumplirlo, no sé si me entiendes. No era exactamente tal como lo había pensado, pero sí infinitamente (más trece por diecisiete) mejor. Te has parecido muchísimo a mí, has sido totalmente bipolar. Hemos llorado (bastante) pero hemos reído (más). Hemos fingido que quien no siente nada nos decía te quiero en un idioma extraño y hemos sido felices por ello, hemos llorado en teatros sin motivo alguno, y hemos dejado de hacerlo cuando los motivos sobraban. Hemos saltado a lo imposible, a lo que nos asusta, hemos volado, conocido, descubierto, imaginado, soñado, cantado (¡¡!!), hemos perdido el miedo...  Algo tienes, no sé el qué, que hace que me dé penita despedirte. Tal vez sea esa...

Y que nadie más exista porque existimos tú y yo.

Recordar, recordar a todas horas, porque no puedo hacer otra cosa. Pero no importa, porque no es el recordar triste, melancólico e insoportable de siempre. Es un recordar que arranca sonrisas, que incumple todas las reglas de los "recordar". Recordar árboles de Navidad que esconden palabras bonitas que esconden realidades más bonitas aún. Recordar paseos interminables, paseos con olor a rosas, frambuesa, vainilla y un poco de chocolate, aunque el chocolate sólo lo sintamos nosotros. Recordar que se puede subir al cielo también en escaleras mecánicas. Recordar calles llenas de gente. Tan, tan llenas, que un beso es capaz de vaciarlas. Recordar abrazos. Abrazos en silencio que gritan te quieros. Porque te quiero. Hoy te quiero como si no hubiera un mañana, aunque mañana te quiera más que hoy.

Te quiero trece veces por diecisiete razones.

Te quiero. Cuando me abrazas, cuando me acaricias, cuando me miras, cuando me besas, cuando me rozas, cuando me dices que me quieres, cuando te ríes, cuando me haces sonreír, cuando vienes, cuando te tienes que ir, cuando nos despedimos, cuando nos reencontramos, cuando da igual cuánta gente haya alrededor, porque es como si sólo estuviésemos tú y yo. Y te quiero otra vez. Por tus abrazos, por tus caricias, por tus ojos,  por tu mirada, por tu boca, por tus labios, por tus besos, por tus manos, por tu voz, por tu "but you got me now" después de mi "all I want for Christmas is you", por tu risa, por nuestras canciones, por los lugares, frases o tonterías que hemos hecho nuestras, por hacer que todo desaparezca si estás tú, por hacer que todo desaparezca aunque sólo estés a medias ("sólo" en mi mente, "sólo" en mi corazón), porque llevaba toda la vida buscándote, y porque eres el mejor regalo que me podían hacer. Te quiero siempre, a tod...

15 días, Navidad, y recuerdos.

"-¡Natalia abre que hace frío! –gritaba Javi. Alicia le miró un poco incomodada por la situación. -¿Por qué nos ha encerrado? –preguntó ella. -No va a abrirnos hasta que no te diga lo mucho que me gustas. -¿Y qué vas a hacer? –le miró sin atreverse a respirar. -Pues supongo que decirte que me gustas muchísimo, que te quiero, y que para mí fue como un regalo de Navidad encontrarte en San Ginés. -Entonces dímelo. Se mordió el labio con suavidad mirándola fijamente. -Alicia, me gustas. Me gustas muchísimo y desde hace bastante tiempo. Creo que te quiero. No, no lo creo: lo sé. No esperaba encontrarte allí el día de Navidad, aunque lo deseaba con todas mis fuerzas. Quería verte, quería que alguna casualidad me diera una excusa para decirte esto: te quiero, te quiero mucho, te quiero más de lo que pensaba que podía querer". Lo que tiene buscar entre papeles escritos hace años. Dos años. Conversaciones bonitas al frío de una terraza en plen...

Ocho seises del once.

El tiempo pasa como siempre, implacable, sin nadie que le suplique que pare un momento, que tanta velocidad arrastra algunos recuerdos. Recuerdos que se van, y los que no, se quedan empañados por el humo de algún cigarro que consume los días, los meses, los años. En realidad casi todo está olvidado... Pero hay veces que una voz, repasa muy bajito las operaciones de un cuadernillo Rubio de verano, o corrige faltas de ortografía, o enseña a su nieta lo que es desafinar cuando ella toca la flauta. Otras veces aparece el recuerdo de una foto en sepia, y alguien pregunta "¿dónde está?". El del medio, el de la batería. Pero esa batería está muda, ya nadie la toca, ya no es lo mismo. Tiempo entre tinieblas, tiempo que corre, que vuela, tiempo entre humareda, tiempo que se va y no vuelve.  Y yo me sigo preguntando, como cada año, cómo se puede echar de menos algo que apenas recuerdas. Y es que no lo recuerdo pero está. Está en las canciones, en cada nota, en cada roce de una ...

Conformarse.

Nuestro día. Siempre había sido nuestro día, y todos vemos como poquito a poco desaparece. Además, no podemos hacer nada. Si se va, se va, si desaparece, desaparece, si no te gusta, te aguantas. Porque no puedes hacer nada. Podrás hablar todo lo que quieras, podrás dar tus razones, pero las decisiones dependen de alguien que no ve EL DÍA como lo ves tú, porque no sienten lo que llevas sintiendo desde que tenías cinco años y ya dabas la lata con campanas, hombres que pasaron por esta tierra. No es sólo un día de fiesta, sino nuestra fiesta. Es el día que las campanas repican vibrantes, y se escucha cómo lo hacen en cada rincón. Es el día de demostrar un poco de orgullo, el día de celebrarlo. Es, es, es... No. Era. Pero no pasa nada, que nadie se preocupe. A conformarse. Es lo que toca, ¿no? Por lo visto, a veces la madurez consiste en eso, en el conformismo, callarse, aguantarse. Yo sólo tengo una cosa que decir, en ese caso: viva la inmadurez, señores.

La línea 13.

Increíble, increíble multiplicado por trece. En un abrir y cerrar de ojos se ha pasado pero con un poco de tranquilidad y menos amagos de lágrimas en los ojos es más fácil repasar un poco de todo... Cómo los ojos saben decir "te quiero", cómo se puede besar sólo con la mirada. Cómo Madrid sabe guardar algún secreto, cómo cualquier lugar puede ser mi lugar favorito con un abrazo de por medio. Cómo frases de película suenan más bonitas fuera de las películas. Cómo ahora las canciones no le cantan a medio mundo, sino a ti y a mí. Y ya está. Además, el recuerdo de un par de manos queriéndose, escondidas debajo de algún mantel. También sé leer los labios que dicen que me quieren, y me he convencido de que no hay reencuentros sin despedidas. Y es que todo esto ha sido un poquito así como increíble. Increíble multiplicado por trece. Increíble elevado a trece.

Parece que va a llover.

Mediodía. Hace tiempo. Llueve. Salías a la calle y abriste el paraguas. Diste un par de pasos y le viste, varios metros más adelante, andando sólo y sin paraguas. Una voz parecida a la tuya gritó su nombre y mientras él se giraba tú le preguntaste a tu cerebro porqué hacía esas cosas. En fin, ya era un poco tarde para retroceder. Señalaste el paraguas, él se había parado para esperarte, y, un poco más cerca, dijiste: -Te vas a mojar. Habías llegado a su lado, empezasteis los dos a andar. -No me importa, me gusta mojarme.  Sonríes mientras seguíais andando. Silencio. Y entonces, al doblar la esquina, porque sí, cogiste el paraguas para cerrarlo. Te miró y, esbozando un intento se sonrisa, dijo: -Te vas a mojar. Te reíste. -No importa, me gusta mojarme. Hoy vuelve a llover. Siempre te ha gustado la lluvia. Es como si el agua al mojarte arrastrara las penas, o algo así. Ahora, una gota de cada millón te empapa de un recuerdo que cala poquito a poco. Pero las novecientas n...

Valor para volar.

Relájate. Respira. Al pensarlo fríamente, te das cuenta de que el origen de todo podría estar en ti, en lo que te pasa, en lo que sientes a cada segundo. Así que busca ahí una solución. Piensa en lo que tienes y olvídate de lo que no. Olvídate de lo que te impide tenerlo, porque es lo que menos importa. Si llegado este punto vas a dar media vuelta, a rendirte por un par de piedras que encuentres en el camino, si te vas a dejar llevar en esas ocasiones en las que una parte de ti susurra "imposible", si vas a hacer eso, es que eres una maldita cobarde y entonces nunca nada valdrá la pena. Decidiste saltar y ahora puedes elegir entre dejarte caer en picado o volar. Volar alto, volar lejos, volar. Volar y tocar las nubes, volar y bañarte en la luz de sol. Hace falta valor para eso. Prueba a buscar debajo de esos pedruscos que tenías en el camino. Prueba e inténtalo, hazlo por esa voz dentro de ti que grita que "vale la pena". "Desde aquella noche he sabido qu...

Días raros, así como hoy, así como ayer.

Estás convencida de que, de un momento a otro, estallarás. Y por un lado crees que mejor así, que llorar un buen rato con tranquilidad puede ponerle solución a todo. Pero, como si se tratase de un primer beso, necesitas un lugar, un momento, un estar a solas. Y un motivo. No se puede llorar sin motivo y ya no sabes si lo tienes o no, si quieres llorar sólo por llorar, si hay algo, si es un día tonto. Tal vez sea un continuo "pros y contras". O simplemente necesidad. Necesidad de pedir un abrazo y que te lo den. Pero no puedes, así que todo deriva en la necesidad de llorar... ¿De verdad? ¿No será porque sí, por nada y por todo a la vez?  Deberías dejar de pensarlo, a veces, llorar sin razón es lo mejor que puedes hacer.

Miedo

Muy, muy, muy, muy, muy raro. Rarísimo. Ese tipo de miedo que nunca pensaste que podrías llegar a sentir. Es sólo a ratos, pero... a ratos insoportables. No es lo de siempre. Ojala fuera lo de siempre, esto te asusta de verdad. Porque pensabas que eran cosas tuyas, pero por lo visto no. Y si le das un par de vueltas más, vuelves a asustarte. Otra vuelta, y más miedo. El miedo es libre y te está empezando a esclavizar. Fallan un poco las fuerzas y... más miedo, otra vez.

Maybe

Quizás sólo sea un mal día. Quizás se cure mañana. Quizás es culpa mía, quizás es sólo por ser. Quizás las canciones dicen lo que quiero escuchar sólo porque necesito que me den la razón. Quizás abrazo la almohada tan fuerte sólo porque no tengo nada más que abrazar. Quizás es que los días pasan demasiado despacio, que parece que no avanzan las páginas de los calendarios. Quizás es este otoño tan raro. Quizás es que hace mucho que no llueve. Quizás ha sido una mala noche, o quizás no sea nada y le doy demasiadas vueltas. ¿Pero vueltas a qué? Como no sea al aire...  Quizás, siempre quizás, porque no estoy segura.  Que últimamente, lo único que sé es que soy experta en echar de menos. Mucho de menos.

Paredes de cristal.

Soñar... No es una noche de verano, de esas mágicas, pero es de noche, y toca soñar. Soñar con paredes de cristal que sólo pretenden engañar. Sí, puedes ver, pero nunca llegarás a lo que hay detrás. Acaricias el cristal... cristales de un par de centímetros de grosor, o de cientos de pares de kilómetros, qué más dará, si para el caso es lo mismo. Pero ojalá los kilómetros se rompieran con la misma facilidad que el cristal. Ojalá fueran igual de transparentes. Ojalá existiesen las caricias a distancia, los abrazos a distancia.  Ojalá pudiera romperlo con tanta facilidad como el despertador rompe los sueños.

Casualidad

-Espera... necesitaba decirte una cosa. Te quiero. -No puede ser. -¿Qué? ¿Por qué? ¿No me crees? -Es que yo también te quiero a ti... Y es demasiada casualidad. -Es que en el fondo, esto del amor es pura casualidad. Así que bienvenida a esta casualidad. A mi casualidad, a nuestra casualidad. A la casualidad más bonita de todas. -Te quiero. -Y yo a ti. -Te quiero. -Lo has dicho hace cinco segundos ya... -Pero no es lo mismo, porque ahora te quiero más que antes.

This show won't go on.

Siempre habías pensado que "la última vez de algo" se disfruta más si no sabes que es la última. Pues por lista, y por ahorrarte el mal trago de saber que este año sería el último año, alguien ha decidido por ti que los focos se pueden apagar un poco antes, que no tiene sentido mantener el telón levantado o fotocopiar las palabras de un personaje al que ya no vas a dar vida. Y piensas en todo aquello. En los nervios de la noche anterior, en los nervios de los cinco minutos previos, en el giro de 180 grados. En sentirte por una vez, un poco segura de ti misma.  Tal vez no sean tus palabras, tal vez no gritas lo que tú sientes, tal vez sólo sean personajes que viven en páginas de papel, tal vez, pero ¿y qué?, si te hacen sentir tantas cosas, si eres tan feliz... Si es casi como un vicio. Perdón, era un vicio. Porque el telón baja, las luces se apagan, los aplausos los ahoga una voz que repite que se acabó. Que aquí termina la obra. Que el autor ha escrito "FIN...

Aterrizaje de emergencia.

El avión se agitó levemente, y ellos se abrazaron más fuerte todavía. -¿Qué harías si esto se estrellase ahora? –preguntó él. -No sé… –respondió ella, pensando. -Yo te abrazaría muy fuerte –dijo el chico, besándola en la frente. Se quedaron así un rato, muy abrazados, conscientes de que el avión a cada momento que pasaba estaba más cerca del suelo, y ellos de su despedida. De nuevo, fue él quien rompió el silencio. -Antes de que el avión toque tierra, prométeme una cosa. -¿El qué? –dijo ella mirándole a los ojos. -Prométeme que nunca me vas a olvidar. A ella se le encogió el alma, y un par de lágrimas amenazaron con brotar de sus ojos, pero consiguió frenarlas. -Te lo prometo –respondió con la fuerza que consiguió reunir. -Yo tampoco voy a olvidarte –prometió el chico, volviéndola a abrazar. Ella no sabía qué hacer. Quería darle las gracias, por esa promesa, y por todo lo demás, pero creyó más oportuno quedarse callada. Apenas diez segundos...

Érase una vez...

No va de un país muy lejano, no fue hace mucho tiempo y nadie ha sido feliz comiendo perdices. Pero es que, sinceramente, para mí ya está todo bastante lejos, el tiempo sólo sabe hacerme esperar y prefiero una tortilla de patata antes que las dichosas perdices. Eso sí, al margen de todo eso, las historias de princesas, príncipes, castillos y cosas bonitas, siempre me han llamado, no sé si cómo signo de inmadurez o de esperanza. Así que, por favor, no me hables tú de creer o no creer en cuentos de hadas, porque prácticamente he vivido a base de ellos, a base de pensar que al final los malos pagan y los buenos terminan felices (y reventados de perdices). Ah, claro, y falta el hada madrina, ese maravilloso personaje que lo arregla todo con un poco de magia. Ahora resulta que yo también quiero de esas famosísimas perdices, pero en este cuento faltan un par de personajes principales... 

"No me importaría que fuera para siempre".

Tal vez, sólo tal vez, los planes descabellados, sin sentido, los de arriesgar, los de tener todas las de perder, los de cruzar un precipicio por la cuerda floja sean los mejores, los que valen la pena. Como las miradas que se cruzan en el aire, a kilómetros de distancia, como mirar la luna y pensar "es la misma luna que se ve allí". Como esas tonterías. Como esas cosas tontas, estúpidas, geniales, que te hacen sonreír de manera tonta, estúpida, genial. Y sabes que esto, lo que pasa ahora, no vale para siempre, que pueden pasar mil cosas porque la vida es una (maldita) peonza, para bien o para mal. Pero es que si te lo propusieran, aceptarías sin pensar el plan descabellado de mirarle siempre, siempre siempre.

Como fuegos artificiales...

Es... increíble. Es raro, es especial, es distinto, es mejor. Es. Con pros y contras, como todo. Pero yo hoy pagaría por volver a ayer, daría la mitad de lo que tengo por tenerte delante, la otra mitad por poder decir "te quiero" yo primero, y ofrecería absolutamente todo simplemente por tenerte a ti. Porque mis manos me dicen que echan de menos las tuyas, mi boca que se moría por la tuya y luego estoy yo, que te echo de menos a ti, a tus manos, a tu boca y a tus abrazos. Que aunque soñar sea peligroso, es lo más bonito que existe, y de pronto, recuerdo esa frase que escribí un día, esa que decía que "los sueños sueños son para quien no se atreve a luchar por ellos". Sé que no es real, no del todo, ni de lejos, pero es más de lo que podría pedir, pero es que ahora mismo todo me da un poco igual. De vez en cuando, alguna canción traiciona a las sonrisas y se escapa alguna lágrima fugaz, gajes del oficio de echar de menos. De todas formas, quiero dedicarme a pintar s...

Conclusiones

Noche de verano, cómo no, noche de verano. No tiene nada de especial, pero no te deja dormir. Y empiezas a pensar en mil cosas, en lo de siempre, y algunas nuevas. Te ha costado darte cuenta de que todo es más fácil, o al menos se lleva mejor, a base de sonrisas, y aunque suene muy a peli Disney, a base de sueños, y de creer que se pueden cumplir. Porque es posible que no exista la persona perfecta, pero sabes que las que más se le parecen son esas que llevan una sonrisa dibujada en la cara, y hoy te apetece rozar la perfección. Hoy querrías salir a la calle y gritar que alguien le eche sirope de chocolate al mundo, porque tú, un día de estos, te lo comes. 

Aquellas pequeñas cosas

Ese tipo de cosas que sabes que van a terminar pasando, pero que no te da la gana creerte. "No tiene porqué, no pasará". Claro, genial, muy inteligente, como si unos cuantos kilómetros y un par de meses de ausencia pudieran borrar prácticamente dos años de ti. Pero parecía que la cosa iba bien, ¿no? Las canciones habían empezado a hablar de personas distintas, de "fuiste", de pasado. Ahora, de repente, el aire huele diferente, huele como siempre, y los saludos duran dos milésimas de segundo más para empaparte de ese olor. Olor que vuelve como un golpe de ola, como un vendaval, sin avisar. No es exactamente como antes, por supuesto que no, sabías que era imposible que todo fuese como si no hubiera pasado nada. Pero es, y punto. O al menos, pretende serlo. Y no quieres, no te gusta. Ahora las canciones cuentan historias de gente que quiere olvidar... y no puede. ¿Por qué nunca pueden? Tú quieres poder. Aunque en el fondo no sabes si es mejor o peor, quieres poder. ...

Hasta el límite...

Tardes de verano nubladas. Muchas nubes, no hay cielo azul, pero todo eso da igual. Te sientes un poco distinta, un poco mejor, como si quisieras aprovecharlo todo, hasta el límite. Apurar cada segundo a base de sonrisas. Apurar, como las olas, hasta el último impulso para llegar a la orilla. Apurar cada gota de lluvia para que arrastre todo lo malo. Apurar cada rayo de sol como si el de hoy fuera el último atardecer, y cada rayito de luna como si mañana por la mañana se fuese a extinguir. Apurar cada soplo del viento como si fuese un abrazo. Querrías inmortalizar hasta el aire que respiras, que respiraste, que  respirabais . Congelarías cada instante de felicidad, cada amago de carcajada, cada mirada que diga "gracias". Hoy quieres aprovecharlo todo hasta el límite... y el límite lo has puesto en el cielo.

Creo que me gustas.

Me gustas más que el chocolate, más que los espaguetis, más que los Minis, más que cantar, más que las estrellas, más que la lluvia, más que París. Me gustas más que tumbarme en el césped al sol, más que reír, más que las frases bonitas, más que el azul del cielo. Me gustas más que el color rosa, más que los paseos a la orilla del mar, más que cualquier libro. Me gustas más que Madrid, más que el Retiro y más que el Palacio de Cristal. Me gustas más que las pelis Disney, que el número trece, que el chocolate caliente de San Ginés. Sí, definitivamente, creo que me gustas.

Sonríe... y mil cosas más.

Y lo piensas. Mil veces, dos mil. Un millón. Por fin, por una vez, has sido sincera contigo y con los demás. O por lo menos con quien tenías que serlo, y eso basta. ¿Por qué ahora, por qué no antes? ¿Por qué él sí y los demás no? Tal vez simplemente por sinceridad, porque creías que iba a valer la pena, o tal vez simplemente porque las cosas pasan por algo y si no te sinceraste antes es porque no tenías que hacerlo. Sea por lo que sea, no importa. Porque ahora te sientes genial. No tienes muy claro si debes o no debes sentirte así de bien, pero da igual. Estás como estás y punto. Sonríes de vez en cuando y no te das cuenta. Te dedicas a repetir mentalmente frases, palabras, momentos, gestos... Eh, que está sonando la música. Sonríe, recuerda, sonríe, canta, sonríe, quiere(le).

Será un mal día... supongo.

No te quejes, porque hacía mucho que no te pasaba, tal vez demasiado. Puede que sea el sol, que evapora las ganas de todo, puede que una buena ducha de realidad o simplemente, es que hoy ya tocaba. Sabes que no debes pensar en mañana, que mañana ya llegará, ya le harás frente... mañana. Pero hoy aburre y ayer ya está vivido. Mientras tanto, una canción te grita al oído cómo te sientes. Mal, mal, mal. Muy mal. Pero no exactamente fuera de lugar. Más bien exactamente en tu lugar, por primera vez desde hace un par de meses. Es así y punto. Ahora, pasado el golpe,cuando lo único que puedes hacer es esperar a que deje de doler, repítete a ti misma: "Bienvenida al mundo real, princesa".

Verano.

Verano, cómo no, verano. Pero verano de los raros. Calor, lluvia, sol, recuerdos. Primero el calor confunde al corazón, lo aturde. La lluvia empieza a llevarse trocitos de historias, de palabras, de momentos, sin borrarlos de la memoria, pero restándoles importancia. Y luego los rayos del sol terminan de derretir las inseguridades, dándote 353 motivos más trece para firmar un final y escribir un principio. Sabes que te toca volver a lo de siempre, a echar de menos, a soñar que aparece de repente, a que no sea verdad, a idealizar, a imaginar... y luego te preguntas porqué las palabras te salen solas cuando estás más lejos. 

Musique (9.7.11)

Es genial, increíblemente genial, te encanta. No es lo mismo, no es lo de siempre, no hay más voces, sólo la tuya. Tampoco es la misma persona la que arranca la melodía del piano pero da igual. Porque sólo importáis las notas y tú, si acaso, algunas palabras. Eres consciente de que te vas olvidando de todo, poco a poco, al ritmo de una canción. Podría acabarse el mundo y no pasaría nada. Te das cuenta de la increíble sensación que te produce algo tan sencillo como cantar y te reprochas esa tontería que te impide hacerlo más a menudo. "Al cantar me puedo olvidar de todos los malos momentos, convertir en virtud defectos" .  Un poco más tarde, de nuevo, la melodía de siempre. La recordabas a toda velocidad, acelerada, como tu vida últimamente, y piensas en ti hace apenas un año. El piano te hace recordar mil cosas en tiempo récord... Pero tienes la sensación de que podrías vivir siempre si sonase de fondo alguna canción de esas que esconden dentro trocitos de ti. En ...

Distancia, tiempo. Confusión. (7.7.11)

Porque nunca nada sale como piensas. Si te matan las dudas te crees (porque siempre has sido un poco idiota) que unos cuántos kilómetros  y algunos días le pondrán remedio. Empezabas a dejar de echar en falta la manos que acariciaban las teclas del piano, de forma d ulce y caliente como un beso , y de repente, en el momento más inesperado, las necesitas. Y los ojos verdes, los de siempre, también. Pero pasa rápido. De pronto, quieres otra cosa, buscas un abrazo para perderte o simplemente para sentirte un poco mejor. De vuelta a la partida de ajedrez que parecía que el rey de las negras tenía perdida, algo cambia de nuevo. Otra voz, otros ojos, otras manos, y no sabes si jugarán en su favor o en su contra. Por una vez, te planteas la posibilidad de que, tal vez, sea mejor pensar antes de sentir, pero, aun sabiendo que es verdad, prefieres seguir queriendo "a tu manera": no importa quién, cómo, dónde, tampoco si él también es tan idiota como tú o si, sencillamente, es imposib...

C'est fini.

Como cada veintipocos de junio, toca chillar VACACIONES, VACACIONES, VERANO, VERANOOOO!, toca ser felices, pensar en piscina, playa, sol, toca olvidarse de los apuntes, toca disfrutar como si no hubiese un mañana. Pero a algunos (como a mí) nos toca también ponernos un poquito ñoños, pensar en lo chachi que ha sido este año, que salvo deseos de muerte casuales por algún examen y cosas de esas, el curso no ha estado mal. Y ahora nos da penita terminar, y echamos la vista atrás y recordamos muchas, muchas cosas geniales que nos han pasado, y terminamos con un “este año ha sido el mejor de todos”. Ha sido distinto, con gente nueva en clase, gente a quien no conocía, y gente que ya no seguía en el colegio. Está la gente de siempre, con la que llevo en clase desde que tenía 4 añitos, los que conocía de vista… Pues ahora puedo decir que los conozco a todos. Además este año ha sido distinto para mí, por esta gente a la que conoces pero no sabes si puedes llegar a considerar amigos de los...

Este adiós puede no maquillar un hasta luego.

Ironías de la vida, justo ahora empiezo a acordarme de esa noche del verano pasado en la que, desvelada, cogí un papel, un boli y empecé a escribirte esa carta que nunca podrías ver. Me abrí a mí misma mi corazón, poniendo palabras a eso que sabía sentir tan bien, después de tanto tiempo. Te contaba todo, cada momento que recordaba cerca de ti, cada abrazo, cada palabra que me hiciese feliz, cada detalle que me recordase a ti. Se me encoge el corazón cuando pienso que te quería y me doy cuenta de que pongo el verbo en pasado. Supongo que esto es un adiós, no definitivo, pero un adiós de “por si acaso”. Porque lo veo venir, y en el fondo no quiero, estaba bien quererte, y sigue estándolo. De hecho, ahora eso me dolería un poco menos, pero es que soy masoquista. Hace sólo un par de días, acordándome de aquel “¿te puedo dar un abrazo?” que solté sin pensar, acordándome del abrazo que me diste cuando tendría que haber sido al revés, todo el vagón del tren se inundó con tu olor, co...

Distancia más tiempo, tiempo más distancia.

Lo vas viendo, se acerca, como cada año, como todos los años. Aunque este, tal vez, sea un poco distinto. Sabes que vas a estar muy lejos, mucho tiempo, más que nunca. Te hace ilusión, mucha ilusión, pero te da un miedo terrible. Quizá sea bueno, tal vez vengas con las ideas más claras, quizá todo lo que necesitas es tiempo y distancia, distancia y tiempo. Tal vez la clave esté en el ambiente, en la gente que te rodea y el aire que respiras, por eso tal vez cambiar todo eso te venga bien. Por otro lado, te conoces lo suficiente como para saber que no, que no te aclararás, que por muchos kilómetros que pongas de por medio, por mucho tiempo que pase, todo va a dar igual. Por eso existe la posibilidad de que tal vez, sólo tal vez, y quizás, no sirva de nada juntar distancia con tiempo y tiempo con distancia... además, cada vez estás más segura de que ese Bécquer que empezó a escribirte tu propia “Leyenda de los Ojos Verdes” se está cansando de ti, de tu inseguridad y de tu tontería, y pr...

Sin luz.

"-Idiota. -¿Qué? -Que eres idiota. -¿Por qué? -Porque sólo una idiota como tú se dedicaría a desenterrar recuerdos casi olvidados sólo porque el día no le ha dado un motivo para comerse la cabeza". Lo peor es que no necesitas que nadie te lo diga, porque te lo dices tú misma, porque ya lo sabes, que es lo de siempre. Que si no es una cosa es la otra, si no es un nombre es el de más allá y sino, te lo inventas. En el fondo, cuando estás sola, muy a oscuras y nadie puede oírte, te dices alguna que otra verdad y reconoces que parte de esto es culpa tuya. Cuando se enciende la luz, se apaga la sinceridad; cuando la soledad se esfuma, las confesiones se van con ella.

Vueltas...

Raro. Increíblemente raro. Lo echabas de menos. Es de ese tipo de cosas que no haces a menudo, que pasan cada mucho tiempo (un par de años), pero que, cuando pasan, son increíbles. Introducción: un par de días de nervios y paranoias, y el día en cuestión, ataque de histeria. Supones que será cosa del propio encanto, que sin esos malos tragos previos no sería lo mismo. Último minuto, y el corazón a mil. Y llega el momento, en el que todo desaparece. Buscas caras, pero afortunadamente está lo bastante oscuro como para que sólo puedas distinguir dos o tres. Sales y das un giro de 180 grados. Piensas y sientes como otra persona... gritas, gritas lo que te gustaría gritar al bajar del escenario. Habías hecho un mundo de esto, querías que llegara, y ahora piensas que ha pasado demasiado rápido. Que podrías haber esperado unos días más, con esos nervios, esas ganas. Piensas que podrías estar eternamente ahí encima, repitiendo de memoria frases de gente que no eres tú con una vi...

Especialmente complicado.

Quizás... Tal vez... Ideas, nombres, caras, voces, van y vienen. Además, por si fuera poco, físicos, químicos, matemáticos y filósofos se empeñan en tener la fórmula de la felicidad, cada uno a su manera, y ninguno acierta. Qué cosas. A veces ajustar un poco los elementos de ambos lados de la reacción sirve para algo. Pero no es justo. Si él no pone de su parte, tus intentos se quedan en eso, en intentos: en motores que no reciben el voltaje suficiente para arrancar, estructuras gramaticales a las que le faltan verbos, campanas de Gauss que deciden no repicar y teorías filosóficas que quieren tener sentido pero no. Aún así, para que no lo tengas tan fácil, hay días diferentes. Su sonrisa, sus manos, su voz, su olor. Sus tonterías, esas que te hacen reír como nada, cuando a veces ni tienen gracia. Sus... llámalo abrazos, esos que dejan fuera de tu burbuja imaginaria todo lo malo. De pronto y porque sí, vuelve a ser un día más o menos parecido a esos que pretendían se...

En fin...

En principio es normal, se supone. Las hormonas bailan en tu cuerpo como quieren, pero tú eso no lo notas. En tu mente bailan nombres. Es extraño, pero empezaste a tenerlo claro desde el día que escribiste cierta frase con rotuladores de colores y la pusiste dónde puedes leerla todos los días. " Algo ha cambiado. Alguien ha debido mover las fichas del tablero, de manera que los caballos y alfiles empiezan a ser más importantes que el rey ". Pero el rey de las negras sigue teniendo ese algo, esa sonrisa que apenas muestra, ese olor adictivo, esos ojos, ese tacto... esa manera de abrazar. Las blancas avanzan, decididas, con fuerza, ellas también bailan. Hasta los peones se creen importantes. Puedes decir que la partida está perdida y, en el fondo, no sabes quién prefieres que gane. Te sigue matando el "y si", te matan las ganas de reír, de sentir otra vez todo eso que se siente al principio... y todo eso, alrededor del rey de las fichas negras, no vas a volve...

Diecisiete

No sé cómo se me dará esto... tú mejor que yo sabes que mi inspiración se reduce a escasas personas (que últimamente... en fin, aumentan), pero voy a hacer un pequeño esfuerzo, que sé que te hará ilusión. Parece un día cualquiera. 6:30am. Miras por la ventana y el cielo parece el de siempre, con el mismo sol, las nubes iguales que las de ayer... para el resto del mundo el 5 de mayo no se diferencia en nada de 4 ó el 6. Pues peor para ellos. Te levantas, con ilusión. 7:32am. Música mañanera para animarte en el tren y mucho buen humor. 7:48am. Llegas a tu destino un par de minutos antes de la hora y a menos diez empieza la impaciencia... Por fin. Saludos rápidos, alguna risa y emoción. Jamás se te había hecho tan largo eso de colocar diecisiete velitas en una tarta y encendenlas todas, pero debe ser por las ganas que tienes. 8:00am. Subís las escaleras despacio, con cuidado, preguntándoos en susurros si tenéis que gritar, ó cantar, ó qué. Pero en realidad todo da un poco igua...

Como una enredadera... crece y se enreda.

Durante el día, esporádicamente sueñas despierta, pero en tus sueños él no tiene ni cara ni nombre, porque así es más fácil, así no hay que pensar en ello. Pero entonces, la música se rinde, el piano se rinde a sus manos, a sus caricias. Y con ella, tú. Por un momento pones cara nombre y apellidos al príncipe que rema en las barquitas del Retiro, el que te dice que te quiere de vez en cuando, al que abrazas sin preocuparte de más que lo que dure ese abrazo. Pero la canción acaba, se evapora como el agua del lago del Retiro de Madrid. Aunque no importa, porque las palabras de un poeta argentino ahora también cantan... Te pilla cantándole un te quiero. Recuerdas cuando gritabas por dentro que nadie le quería como tú... Como yo . Y parece que vuelve todo a lo de siempre... Pero de pronto, y tras mucho esperar... Por fin. Breve conversación que cierra con una sonrisa. Y, de nuevo, bienvenida a este gran lío. Malditos todos, por haceros querer.

Si no lo sé ni yo...

Otra vez la bipolaridad del mundo, y la tuya. Te permitías desvaríos varios de vez en cuando, y no pensaste que cuando vienen así, tantos, tan de golpe, y bajando la guardia, alguno llegaría un poco más lejos... El verdadero problema está cuando no sabes ni siquiera qué desvarío exactamente es un poco más distinto... más intenso o más apagado. Pero es que todos parecen iguales. De vez en cuando, te parece tenerlo un poco claro, pero no te lo crees ni tú, y en un intento de calmar la marea de pensamientos que crece, decides que sólo son amores platónicos, de esos imposibles. Pero claro, eso sería el camino fácil, por eso alguien tiene que demostrarte que de platónicos nada... Y vuelta a empezar. Y ahora las calles de Madrid, esas que siempre has adorado, cambian de sentido... no sabes a quién te recordarán la próxima vez que pasees por ellas, y te da un poco de miedo descubrirlo. Yo lo adoro Tú lo adoras. Yo te adoro... creo.

Ayer y hoy y la bipolaridad del mundo.

Acto I Viaje a las nubes en primera clase. Te sientes como la gente importante, las princesas que ven las obras de teatro desde los palcos. O mejor aún, te sientes como si fueses la protagonista de alguna obra dramática bonita. Con el simple roce de su mano y tu mano, con el simple roce de sus labios y el aire, o tu pelo... Un intento de abrazo, su olor y demasiadas sensaciones juntas. Momento sublime de la obra. Acto II  Como si esto no pareciera un sueño de por sí (un sueño que sabes de sobra que es mentira pero que te hace volar porque eres un poco tonta...), la noche viene amable, trayendo del baúl de los sueños el más dulce que podrías imaginar. Él aprieta tu mano fuerte, tú no quieres que afloje ni un poquito, y los dos os dejáis convencer un instante. Acto III Y al día siguiente descubres que el viaje a las nubes incluía billete de ida y vuelta. Pero es que bajas a la tierra con tanta fuerza que acabas en el subsuelo... Te quedas sin ganas de aire, ni de sol, ...

Metáforas.

Iría detrás de ti como si tú fueras un flautista y yo una rata tonta de Hamelín que adora tu música. Llueve y me sienta mal, como si los domingos y yo nos llevasemos la contraria continuamente. Te echo de menos, como si llevase años sin verte. Te adoro, como si fueses único. Me desvivo por un maldito paseo de cinco minutos como si no hubiese un mañana. Me pierdo en tus ojos, como si fuera a encontrar algo en ellos. Y sigo callándome como si algún día tú fueras a decir algo.

Más...

Te juro que no lo hago aposta, que, por masoca que suene, me gustas, me gusta quererte. Puedo mirarte y darme cuenta de lo aparentemente normal que eres. Silencio. Pensativo. Como cualquier otra persona pero tú. Los defectos me salen solos, con tanta facilidad como el cariño. Pienso en ti, en cosas que jamás pensé que pensaría y cuando estoy apunto de sonreír sin venir a cuento, te mueves un poquito, dejándome la sensación de que podías leerme la mente, y tu mano queda a pocos centímetros de mí...  Nunca me había fijado (teniendo tus ojos...). Nunca lo había tenido demasiado en cuenta, pero es la mano que quiero coger, que quiero acariciar, que quiero que me acaricie. Ahora que no puedo perderme en tus ojos, me pierdo en tus manos, metafóricamente, claro. Me repito cuando digo que cuánto más te miro más poco fuera de lo normal me pareces (a excepción de tus ojos), pero que cuánto más te miro más me gustas, más me encantas, más te quiero, más especial eres, más p...

Atrévete, salta.

La primera vez que lo pensaste aún nadie te lo había dicho, y ahora tampoco. Tiempo después tu cabeza ha vuelto a sacar el tema solita. ¿Y si...? Acabaste harta de los "y si", pero, para qué negarlo, te mata la curiosidad, y sabes de sobra que no vas a perder nada porque tampoco tienes nada. Tal vez sea el miedo. Si todo saliese bien, estaría genial. Pero si no... preferirías el consuelo que te da la duda. De todas formas, no te preocupes. Según el Artículo 1 de la Constitución de los cobardes, "cualquier excusa es buena para no hacer algo que te da miedo si resulta que estás en la situación indicada, en el momento ideal". Eso sí, luego no te repitas que tú también quieres...

2000 motivos para jugar al azar.

Cualquier momento es bueno para acordarme de ti.  Cualquier soplo de aire es apto para traerme tu olor.  Cualquier silencio es perfecto para escuchar tu música.  Cualquier palabra es preciosa si la dices tú.  Cualquier mirada es bonita si viene de tus ojos.  Cualquier motivo es suficiente para que seas tú y no otro. Cualquier excusa es buena para quererte un poquito. Te quiero por dos mil.

Típico lunes inesperado.

Un día de esos que tiene todas las papeletas para ser el peor de la semana, en el que se acumula todo el cansancio y el mal humor. un día de esos que, además, parece que el resto del mundo está de acuerdo para hacer que nada ni nadie haga el mínimo esfuerzo para que mejore. Pero hay dos personas que, para variar, tienen que llevarle la contraria al mundo, y hoy se lo agradeces. Uno es un cielo, y hoy en el cielo brilla el sol, preguntándote si te pasa algo. Otro, dulce como en chocolate, te abraza disfrazando un motivo inexistente. Y el típico lunes mortal da un vuelco... Para ser el típico lunes que nadie se espera. 

Domingos por la mañana que no saben ser normales.

Una promesa de una llamada a la mañana siguiente. ¿Y cuándo? No sé, tú llama. Pí-pí-píiiiiiiii... Cuelgas, pero no sueltas el móvil. La música suena más bajo de lo normal, pero aún así, no te deja pensar con claridad. Y la mano con la que sujetas el móvil vibra. El móvil vibra. Es él. Eres el ejemplo vivo de la imbecilidad, por eso te quedas leyendo su nombre en la pantallita y tardas un poco más en contestar. Pero cuando lo haces respiras más o menos normal, es él, no hay duda, y escuchar su voz es... tranquilizador, aunque el pulso se te acelere ligeramente. Promete que estará ahí, promesa no cumplida exactamente, pero que sabe compensar con dos besos que huelen a él. Y después, cinco minutos que pasan en su mayoría en silencio, un silencio terrible, incómodo, pero que saboreas hasta que se disuelve en un par de palabras. Al final, como todo, como la lluvia, el arcoiris o los días estupendos, llegáis a vuestro destino. Fin.

Luz, sol, lluvia, chocolate.

Cielos encapotados por un par de nubes, y un par de caricias en un par de mejillas encendidas. Caricias suaves, calientes, que apenas duran un par de segundos, por sorpresa. Y luego, gotitas de lluvia, de esas que apenas mojan, pero llueve y es suficiente para sonreír. Y luego un par de besos en el mismo par de mejillas, pero de un par de labios de distinto dueño que el par de manos que acarician. Y más tarde, más lluvia y paraguas cerrados. Él va a estar solo, añades que tú estarás sola y él lo niega "No, estoy yo". Canciones susurradas con voz rota fingida. "Eres luz, eres mi sol...". Más tarde, y otra casualidad, y parece una visión. Y otro par de besos en el mismo par de mejillas por el mismo par de labios de antes. Pero ahora, además, el olor de la lluvia se mezcla con su olor a chocolate, aunque sólo dura un instante. Un instante de locura, que raya un poquito más el limón y enreda las letras de la palabra AMOR. Un par de instantes de locura, nada más.

Carnaval, y te quiero.

Máscaras, vestidos, disfraces, alas de mariposa, o de hada, o de ángel. Es el día de ser quien quieras, de hacer lo que quieras, porque no eres una chica normal. Puedes elegir si eres un hada, una actriz de cine, una cavernícola, Caperucita roja... Puedes ser lo que siempre quisiste, puedes ser princesa. Eso sí, el resto del mundo también elige lo que quiere ser. Y, por lo visto, el único príncipe que quieres no tiene precisamente esa idea en mente, y además, cree que destiñe. Inspiras un momento, y sabe a chocolate. Te propones ponerte el mundo por montera, pero te echas atrás en el último momento. Qué pasa... Y se acaba el día. Adiós a los vestidos, los disfraces, las máscaras. Adiós al "todo vale", a ser lo que quieres ser. Adiós a ser princesa. Adiós, mi príncipe.

A chocolate.

Eterno, suave. Te trae directamente aquí. Vale, me declaro totalmente adicta a ti. A tus ojos, tu sonrisa, tus palabras, tu música, tu inconfundible manera de andar, tu presencia, tu pelo, tus manos, el roce de tus manos, tu voz... Y tu olor. Huele a chocolate, o a lo que sea: a ti. Lo que daría por tener permiso para olerlo a todas horas. Que se me vuelva a ir la cabeza... Y si tengo que morder una manzana envenenada, que huela a ti, y así morir un poquito más loca (porque de todos es sabido que tú no irías a despertarme). Hoy, me declaro totalmente adicta a tu olor. Para Sandra. Espero que entiendas que no soy "totalmente adicta a tu olor", pero tú sabes de lo que hablo, tú me entiendes.

Un rayito de sol entre nubes de tormenta. Arcoiris. Y azul.

Eres un cielo, tal vez por eso te quiero tanto. Eres un cielo cuando llueve, porque me encanta la lluvia, me encanta cerrar el paraguas con una sonrisa, acordándome de ti, para dejar que la lluvia me empape. Eres un cielo cuando está nublado. Eres un cielo los días de tormenta, cuando me siento a ver como cae el agua, fuerte, haciendo ruido, cuando los rayos y relámpagos iluminan las noches haciendo que parezca que es de día, cuando los trueno ensordecen las ciudades. Eres un cielo los días soleados. Azul, despejado, brillante, perfecto, espléndido. Invitas a salir a la calle, a sonreír, a disfrutar, a absorber los rayos del sol. Eres un cielo con arcoiris, de colores, esperando a ser descubierto por un niño pequeño. "¡Mira mamá! ¡El arcoiris!". El aroiris que abarca todo lo que puedes ver. El arcoiris, la sonrisa del cielo, y la mía. Eres un cielo, aunque no quieras, aunque yo no pueda verlo. Eres un cielo, eres mi cielo, tal vez por eso te qu...

Vente / ¿Hoy vienes?

Sigues sin saber si pedía, afirmaba o preguntaba, tu respuesta ha sido la misma para las tres opciones. Sí. Voy si lo preguntas, voy si lo afirmas y, sobre todo, voy si me lo pides. Irías al fin del mundo si se le ocurriera afirmarlo/preguntártelo/pedírtelo. "Ven hoy". Suena tan bien que parece de mentira, ¿no?. Y después treinta segundos en los que cada uno está con la cabeza en otra parte, no del todo uno en frente del otro, no del todo a su lado, y totalmente en silencio. Treinta segundos eternos que pasan muy rápido Teóricamente. Porque todas y cada una de tus neuronas están centradas en la persona que tienes delante, y la persona que tienes delante no se da cuenta. Te ríes, él no sabe de qué, y te ríes más. De repente, los treinta segundos terminan, y se llevan todas las afirmaciones, las preguntas, y las peticiones. Y  manos que rozan manos sin querer pero muriéndose de ganas por hacerlo. Días que terminan con dudas sin resolver y con sonrisas ...

Probando... probando... ¿Se me escucha?

La de veces que te lo gritaría. Todas las veces en las que parece que le hablo a una pared. También las veces que tengo la sensación de que te estoy hablando pero que, por lo visto, mi voz no tiene el volumen suficiente. Cuando pasas de largo, cuando soy invisible. Te estoy hablando. ¡Te estoy hablando, A TI, en voz alta, y quiero que me escuches! Escúchame cuando te digo cosas que no importan, escúchame cuando tenga algo que decirte. Escúchame cuando no me hagas olvidar las palabras. Porque me haces sentir como si me hubieran desconectado la voz. Y me llevas a preguntarme si me prestarás la misma atención el día que me dé por morder la manzana, de jugármelo todo, de contarte algo importante de verdad. ¿Si te digo que te quiero muy bajito también vas a ignorarme así?

Feliz día de los idiotas.

Despiertas, y parece un día normal. El modo aleatorio del iPod decide que suene una canción de letra triste, que describe exactamente cómo te sientes, pero que te anima cada vez que la escuchas. Nada indica que sea un día diferente, pero en el aire está escrito que es catorce de febrero. ¿Feliz día de los enamorados? No, perdón, enamorados CORRESPONDIDOS, feliz día de las parejas. ¿Qué pasa con el resto? ¿Qué pasa con los que gritan "Feliz San Valentín" en silencio cuando se cruzan un segundo con cierta persona que les hace volar sin darse cuenta? Que no haría falta que te regalara nada, que con que estuviese a tu lado tendrías de sobra. Bromas repiten que si no te gusta este día es porque no tienes con quién compartirlo. ¿En serio? ¿De verdad? ¿Me lo juras? ¿Me prometes que estoy sola? ¿Seguro que no estoy con quien más quiero en el mundo, feliz, compartiendo una pizza con forma de corazón? No me había dado cuenta, ¿sabes? En fin, feliz día de los Idiotas, de parte de...

Antes.

Sabes que no habrá rosas, ni bombones, ni corazones, ni detalles, ni nada de nada. Ah, no, espera, sí, haberlos los habrá. No podrás dar dos pasos sin que una pareja feliz, enamorada, se te cruce en el camino, compartiendo sus rosas, sus bombones, sus corazones, sus detalles. Y tus detalles se los ha guardado alguien bajo llave, y no parece tener intención de devolverlos. Una noche, unas pocas horas, te separan del día. Podría pasar de todo. A saber si se va igual que viene, dejando un mal sabor. A saber si es un día más y ya está. A saber qué es lo que prefieres que pase...

Ganas de...

Llorar, gritar, estallar. De dormir, soñar, olvidar. De creer, querer, sentir. De ver, oír, tocar. De viajar, volar, encontrar. De tener ganas de reír. Ganas de gente. De recordar. De dejarme llevar. De música. Ganas de llorar, gritarle "te quiero", estallar de rabia. De dormir, soñar con él, olvidar lo que le odio a veces. De creer (de que me crea), quererle (que me quiera), sentirnos. De verle, de oírle... tocarle, tocarnos. Ganas de él. De recuerdos de esos bonitos. De su música. "Estas ganas de nada, menos de ti".

Contracorriente.

Hoy te pido, por favor, que en contra de todo lo que tengas en mente, en contra de todas tus ideas, de todo lo que te pidan tu cuerpo y tus labios, hoy te pido que me quieras un poquito, sólo para variar la rutina. Quiéreme un momento para hacerlo inolvidable. Quiéreme un ratito en el que se pare el tiempo. Quiéreme un instante y córtame la respiración. Quiéreme todo el tiempo que quieras. Que tus manos me rocen, que me mires a los ojos al hablarme. Que mis dedos escriban "te quiero" en la suela de tus zapatillas. Pero recuerda... todo eso, sólo para variar la rutina.

Dulce y caliente como un beso.

Un día de esos normales, en los que acabas cansada de no hacer nada, en los que dices en voz alta lo que no querías reconocer. Días impregnados de olor a frambuesa, a chocolate, y a esa otra cosa que no sabes lo que es pero que te encanta, y se llama "él". Y esa otra cosa que no sabes lo que es pero que te encanta hace cantar al piano. Fuerte, rápido. Precioso. Y además esa canción... Y durante unos minutos no eres dueña de ti, la música te arrastra. Su música te arrastra, te lleva, se lleva las dudas. Y sólo estáis los tres: la música, él y tú. Cada uno a vuestra manera os dejáis envolver, seducir... Y a escondidas, sin que él se entere, tú piensas lo bonito que es querer en clave de sol.

Para después despertar.

Podría jurarte que conozco una versión de ti mejor, pero que aún así me quedo contigo, y no me creerías. Podría jurarte que tu otra versión me quiere a veces un poquito, aunque no lo sepa del todo, pero que aún así me quedo contigo, y no me creerías. Podría jurarte que cuando sueño contigo despierto queriéndote una pizquita más, y no me creerías. Puedes jurarme que no crees en el amor, pero tranquilo, porque yo no te creería. Puedes jurarme que no necesitas a nadie, que sólo puedes con todo, y no te creería. Podría jurarte que cada mañana que despierto después de haber soñado contigo te busco en mi atrapasueños pero no te encuentro. Y no me creerías. Podría jurarte que te quiero... y después despertar.

Cuento de un abrazo.

Érase una vez una chica un poco cobarde. Un día, le sirvieron en bandeja el poder dar un abrazo, sin motivo, al príncipe azul que desteñía sus sueños en secreto. Pero se dejó llevar por la cobardía. ¿Abrazo? ¿Sólo eso? Qué importa que sólo sea eso, cuando eso es más de lo que tienes. Otro día, lágrimas brillantes intentaron empapar los ojos verdes del príncipe. Y la chica empezó a temblar. Se ordenó a sí misma no echarse atrás, no otra vez. Interrumpiendo la huida del príncipe, pidiendo permiso, saboreando el "gracias" susurrado en su oído. Repitiéndose lo poco que vale la pena ser cobarde.

Historias de cosas que pasan.

Apagas la música un instante, y empiezas a pensar. Han pasado tantas cosas desde que él forma parte de tus sueños que ya ni recuerdas cómo empezó todo. Sin que te dieras cuenta estaba siempre ahí, de una manera o de otra, con un nombre, como una referencia... pero nunca sabías quién era. Y un día le pusiste cara, cuerpo, nombre, apellidos y personalidad a tres personas a las que nunca recordabas. Y de golpe son la misma. Y de golpe empieza algo nuevo, mejor a todo lo anterior. Sueños con leyendas de ojos verdes, sueños con banda sonora, con risas, con abrazos, aunque no son más que sueños. Y de golpe te paras a pensar qué cosas pasan, alguien que llevaba ahí tanto tiempo escondido y ahora... quién lo iba a decir. Lo peor es que sabes que él no va a hacer nada, simplemente está metido en tu cabeza inconscientemente, sin saberlo, sin tener ni idea, y si no vas tú y arriesgas a todo o nada te vas a quedar con nada de verdad. Todo o nada a cambio de nada... y aún no sabes que ha...

¿Qué quedará...?

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Después de haber ido dejando trocitos de ti por cada sitio que pasabas. Después de que se escapen pedazos de tu alma con cada respiración. Después de olvidarte rastrojos de sonrisas en obras de teatro en las que nunca se cierra el telón. Después de regalarle la mitad de tu mente y la otra mitad de tu corazón a un sentimiento con nombre y apellidos. Después de ceder, prometerte que será la última vez que lo hagas y romper esa promesa. Después de perder la cabeza varias veces. Después de hacerte daño voluntariamente. Después de ofrecerle al cielo toda tu luz, a los pájaros toda tu voz. Después de darte cuenta de que te quedaste sin nada, ¿qué quedará?